En la Patagonia, 1º de enero

Escritos y documentos, año tras año van mostrando personajes, hechos y geografía del sur argentino que le pusieron historia al primer día del calendario anual. No son muchos los flamantes registros, pero quedan incorporados a los ya aportados en otros años.

Si bien la historia patagónica puede mostrar hechos llamativos en lo que después sería la República Argentina, por ejemplo, la primera celebración religiosa católica, el primer cadalso y abandono humano en sus costas marítimas allá por 1520 con Magallanes protagonista, el extenso escenario geográfico al sur de los ríos Barrancas y Colorado ha merecido el recuerdo escrito y documental del primer día del año, en algunos casos sin proponérselo sus actores como algo trascendente. Cuando creíamos casi agotado el tema y como complemento de los artículos publicados en «Río Negro» el 31/12/97, 30/12/99, 2/1/01 y 2/1/02, va esta nueva entrega de varios 1º de enero en el pasado patagónico.

Guillermo Eloy Cox, nacido en Chile pero de padre galés, estudió medicina y fue padre de más de diez hijos. Por 1862/1863 se metió a explorador y eligió el paso cordillerano cercano al Nahuel Huapi para introducirse en esta parte de la cordillera y llegar navegando hasta el Atlántico, propósito incumplido. El alto Limay le dijo que no con naufragio de resonancia a pesar del bien preparado viaje que inició en Puerto Montt acompañado por el francés Enrique Langlier, Vicente Gómez como mayordomo y algo más de diez peones.

Producto de aquella exploración que comprendió parte de las actuales provincias de Río Negro y del Neuquén fue su interesante libro «Viaje en las Regiones Septentrionales de la Patagonia», algo más que el escrito de un narrador y buen observador de los lugares que recorría, donde topografía y seres humanos forman el enclave de su recorrido minucioso.

En la zona de Puerto Blest, donde instalaron campamento para construir la nave, encontró testimonios del padre Meléndez y el doctor Fonck y lo recordó así: «1º de enero de 1863. Saludamos la aurora de este primer día del presente año con bastante buen humor, porque el termómetro de nuestro buen humor era allí el tiempo… Nos veíamos, pues, obligados a encerrarnos en nuestra casita de tela y tocar constantemente la guitarra… Como estábamos en el primer día del año, a falta de otras diversiones, y no teniendo en la vecindad ninguna bella a quién ofrecer, como es la moda, nuestra fotografía, fuimos Langlier y yo a sentarnos al vivaque de la gente». Y agregaba Cox en su relato: «Uno de los peones que había trabajado mucho tiempo como maderero refería muchas cosas muy interesantes de los Peuquenes o genios de la montaña».

Cuenta el comandante Manuel Prado que el alférez Jacinto F. Espinosa del renombrado 2 de Caballería estaba a cargo con una veintena de soldados del fortín Nogueira a orillas del Limay, entre Fuerte Roca y el Collon Cura, cercanías de Chocón.

Madre, hermanos y hasta la novia en Buenos Aires, lo encontró el último día de diciembre «de 1882» rendido ante el esfuerzo estéril de inventar una fiesta digna del primero de año, se acostó diciendo: «¡En fin! Ya que no encuentro yo nada en mi catre, vamos a ver qué se le ocurre a Dios para obsequiarme mañana». Pero al amanecer del 1º de enero del aquel año, el cabo cuarto le anunciaba que iban a «estar de fiesta». El centinela había escuchado «ruido de unas pisadas en el pedregal… y visto unos bultos detrás del cerro».

Casi de inmediato la rudimentaria guarnición era atacada «por una partida de cincuenta a sesenta indios». Parece que se equivocaron en cuanto al número de uniformados del fortín y «emprendieron la fuga robándose seis mulas flacas que hallaron a mano». Espinosa con diez soldados los persiguieron y mataron a tres de los atacantes pero durante la ausencia del fortín otros aborígenes «le habían llevado catorce mulas y una tropilla del capitán Bustos, y como no tenía ya animales en qué moverse, dio cuenta al coronel Godoy, por nota, de lo ocurrido».

No le quedaba otra alternativa que el chasque al galope para comunicar la imprevista «fiesta» de aquel primer día de 1882 en fortín Nogueira.

En la Conferencia de Hamburgo de 1879 se había recomendado la instalación de observatorios meteorológicos y magnéticos al sur del Cabo de Hornos y ello fue objetivo para la República Argentina. Por 1900 el gobierno nacional recibió pedidos de apoyo de entidades geográficas y tras la instalación del puesto de observación por parte de la Armada Nacional en las islas Año Nuevo, se comenzaron a entregar datos meteorológicos a partir del 1º de enero de 1902. El marino Horacio Ballvé tuvo la jefatura de instalación y operación del grupo científico.

Hablaba bien inglés, castellano e italiano, su lengua materna. Llegó al país desde Estados Unidos y se convirtió en el primer sacerdote católico que actuó en territorio chubutense. Un documento episcopal da cuenta de que «en el folio 89 del libro de títulos de la secretaría del arzobispado 1856-1927, se consigna que el señor presbítero Francisco Vivaldi fue nombrado capellán del Chubut el 1º de enero de 1884», ungido para el cargo por el entonces arzobispo doctor Federico Aneiros, facultándoselo para ejercer los ritos propios de la Iglesia romana y llevar los «Registros de esponsales como los curas vicarios, asimismo los de bautismo, matrimonios y defunciones, pudiendo exigir los derechos que marca el arancel».

De Vivaldi se tienen noticias de que bautizó a la esposa del cacique Inacayal y a varias de sus hijas, a un hijo del también cacique Chiquichano y a su nieta, como asimismo a esposa e hija del cacique Foyel y de que se constituyó en defensor de los tehuelches que por entonces habitaban en el Chubut, fundando la colonia Santa María de los Indios en cuarenta mil hectáreas que le destinara el gobierno nacional en «Paso de los Indios», río Chubut, concesión que se hizo «bajo la cláusula expresa de que el señor Vivaldi fundara en ella una misión católica con el objetivo de reducir y atraer a la vida civilizada las familias indígenas de acuerdo con el artículo 100 de la ley de Colonización», comprometiéndose el canónigo Vivaldi a entregar gratuitamente a cada familia un lote de cien hectáreas como mínimo, semillas y útiles de labranza, según el contrato aprobado por decreto nacional del 31 de diciembre de 1889.

Héctor Pérez Morando

Periodista

Bibliografía principal: Pigafetta, A. «Primer viaje», trad. 1941. Prado, M. «Conquista», 1892. Cox, G. E. «Viaje», 1863. «Historia Marítima Argentina», varios. Aramayo Alzerreca, C. «Historia de la Antártida», 1949. Pérez Morando, H. Varios. Copello, S.L. «El primer capellán», 1944 y otros.


Si bien la historia patagónica puede mostrar hechos llamativos en lo que después sería la República Argentina, por ejemplo, la primera celebración religiosa católica, el primer cadalso y abandono humano en sus costas marítimas allá por 1520 con Magallanes protagonista, el extenso escenario geográfico al sur de los ríos Barrancas y Colorado ha merecido el recuerdo escrito y documental del primer día del año, en algunos casos sin proponérselo sus actores como algo trascendente. Cuando creíamos casi agotado el tema y como complemento de los artículos publicados en "Río Negro" el 31/12/97, 30/12/99, 2/1/01 y 2/1/02, va esta nueva entrega de varios 1º de enero en el pasado patagónico.

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