“En la vereda, una carta de amor”
La reacción de Celeste Podio ante el repentino encuentro con el mensaje.
¿Por qué un hombre que camina mirando al piso y que pasa al lado tuyo deja de ser un simple individuo de mirada preocupada y absorta y pasa a significarte algo? ¿Por qué un papel doblado en la vereda llama tu atención y lo juntás, lo leés y te llena de sentido la existencia, también motorizando una búsqueda? “Creía que mi padre era Dios”, del genio Paul Auster, es uno de mis libros favoritos. Me lo regaló papá allá en el 2007 y desde entonces no me ha pertenecido solamente a mí sino que ha correspondido fugazmente a muchas de mis personas queridas. Y no solo a ellas, esta obra de tapa naranja también ha sido leída por desconocidos, como la vecina de mi amiga Miriam que una vez la tomó prestada de la mesita de luz mientras le cuidaba su casa. Sin duda este objeto tiene magia por las historias que contiene –con las cuales es inevitable no sentirse identificada– y porque ha conectado algunas de las mías. Justamente, la mañana de ese sábado de diciembre Pablo trajo de vuelta “Creía que mi padre era Dios” y el encuentro –mates lavados mediante– nos llevó a una linda charla sobre la trascendencia que les damos a ciertos objetos, como para mí este libro o aquel anillo y para él la radio de su abuelo que quiere hacer funcionar. Y hablando de esas cosas, lo que pasó después no fue casualidad; esa tarde salí de casa y al cruzar la calle Salta vi en el suelo un papel dobladito que no dudé en levantar. Pensé “una lista de compras”, pero no. Al abrirlo empezaba a decir: “19 de noviembre de 2015. Mi amor: hola. No suelo hacer esto con frecuencia, pero nunca viene mal escribir algo de lo que siento por la persona que amo…”. Me sentí avergonzada por haber examinado toda la carta de amor, pero de otra manera no hubiera descubierto el nombre de su remitente y en consecuencia tampoco estaría escribiendo en este preciso momento. Seguí caminando y me tomé el colectivo envuelta en un halo de esplendor (¡así me sentía!) y motivada por contar este gran hallazgo. Llegué al barrio y nadie de mi familia pidió leer la carta sino que empezaron a presumir: “¿habrá tirado la carta?, ¿la habrá perdido?, ¿habrá sido entregada?, ¿habrán terminado?, ¿seguirán juntos?”, y a pesar de su ironía fue papá el que terminó acertando. Cómo siguió esto: encontré a Agostina en Facebook e inmediatamente le escribí; yo no había imaginado ni querido este desenlace pero rotundamente me pidió que rompiera su carta. Y bueno, aunque este va siendo el final del escrito, no dejo de pensar en cómo ella seguirá su camino luego de esta eventualidad. Me pregunto cuál es la esencia de la conexión entre esto, “Creía que mi padre era Dios” y mi propia historia y la verdad es que no la descubrí. Me gusta ver cómo juegan los azares y los destinos, y tanto esto como regalar a Paul Auster tienen alguna significación para mí. Me suelen suceder cosas reveladoras caminando por las calles de Neuquén y en esto “me encuentro”. Todo pasa por algo, eso dice la gente por ahí. Celeste Podio DNI 31.166.125 Neuquén
Celeste Podio DNI 31.166.125 Neuquén
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