En Lifune las tormentas no cesan

Los violentos son un puñado, pero se tornan incontrolables.



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Justo en la semana en que se anunció el plan “antiviolencia” se suspendió Maronese-Petrolero.

zonal

Yamil Regules

Los frentes de conflictos se suceden en Lifune. La cancha de Maronese fue ahora escenario de nuevos hechos vergonzosos y los dirigentes no le encuentran respuestas a esta escalada de violencia. Ya se ha dicho: aquí en la zona no hay factorías de barras ni negocios para sacarse los ojos, como sí ocurre en el fútbol grande. Lo que sí existe es connivencia y apatía para solucionar los problemas. De parte del Estado, de la dirigencia y de los órganos reguladores. En un puñado de semanas se suspendieron tres partidos: Patagonia-Sapere, Independiente-Centenario y Maronese-Petrolero. No se repiten los protagonistas pero sí las metodologías. Un pequeño grupo de inadaptados irrumpe en escena, golpea y se lleva todo por delante sin más motivaciones que el sentirse impune. En la cancha del Dino los barras del Naranja se negaron a pagar las entradas y tomaron por asalto el lugar. Lo hicieron cuando apenas corrían 6 minutos del cotejo, dos más de lo que duró el encuentro en La Chacra entre el Rojo y La Colonia, cuando tres o cuatro violentos atacaron a familias y jugadores visitantes (terminó con una terrible lesión en un ojo el futbolista...). “Aquí no hay negocio, ni siquiera tenemos para pagar la seguridad. No entendemos las motivaciones”, decía después de los hechos el presidente de Independiente Gastón Sobisch, uno de los que confesó sentir temor frente a un fenómeno que se mueve sin control. Su par de Petrolero, Lino Agnolaza, le dijo con énfasis a este cronista: “Acá no somos delincuentes. Nosotros le avisamos a la gente de Maronese el sábado que viajaría la hinchada, que tendrían que extremar las medidas”. –Pero entonces ¿temía que se produjesen hecho de violencia? –le preguntó “Río Negro”. –No, yo no dije eso, ¿usted cree que nosotros somos delincuentes? Nada que ver. Apenas fueron diez inadaptados los que produjeron los incidentes. Es más, un dirigente de Maronese fue el que tiró la primera trompada. Vamos a presentar un descargo señalando las irregularidades de ese estadio: el portón que separaba a las hinchadas no tenía candado, jugamos en un potrero y no había más de 8 policías. Ese peso le va a caer al presidente de Lifune (Luis Sánchez), quien además tendrá que retractarse por las acusaciones que realizó. Agnolaza se refiere a que Sánchez le dijo a este diario que en la cancha de Maronese hubo testigos que aseguraron ver a la barra de Petrolero bajar de un colectivo del club. “Eso es mentira. La hinchada se pagó su propio transporte, el plantel viajó a Neuquén en un minibús, porque el colectivo del club no tiene la verificación técnica”, justificó. Las verdades son tantas como los protagonistas. Abundan las excusas. Está claro que nada saldrá bien sin el respaldo del Estado. Lifune ya acusó ante la Justicia a los barras de Independiente y ahora –con filmaciones y testigos– irá por los de Petrolero. Sánchez aclaró que se reunirán con los miembros del Tribunal de Penas para que “los fallos también esté en consonancia con el horizonte que fijamos. Que cuando se individualiza a la hincha que ocasionó el desmán, que su equipo pierda los puntos”. También se instrumentará un listado para aplicar el derecho de admisión. Pero así y todo, la lucha suena utópica si no hay una decisión terminante en todos los niveles.


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