En qué estado está la música ciudadana

Entrevista a Julio Pane, uno de los los mayores exponentes del fueye en la historia del tango



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ESPECIAL: El tango hoy

El bandoneonista Julio Pane, uno de los mayores exponentes del fueye en la historia del tango, afirmó hoy que el género se distingue de otras estéticas “por constituir una expresión libertaria sin ataduras a la coreografía de la danza”.

Pane, de 64 años, dueño de un estilo virtuoso pero reñido con los malabares, que asume en su música el letargo y rezongo de Aníbal Troilo y lo combina con la fuerza revulsiva de Astor Piazzolla, sostuvo que “la evolución desde la Guardia Vieja hasta Astor, en pocos años, implica una maravillosa revolución”.

“Cuando el bandoneón llegó al tango, el tango no era así. Hay un antes y un después del bandoneón. Al principio no había método: los primeros músicos se pasaban todo de oído y, en ciento y pico de años, llegamos a Piazzolla. Es sorprendente semejante revolución”, afirmó en diálogo con Télam.

Pane, que ofrece conciertos sólo cuatro o cinco veces por año, se presentará este sábado 3 desde las 22, acompañado por su trío, en el VII Festival de Tango que organiza el Centro Cultural Torquato Tasso (Defensa 1575) y que se extenderá hasta el 30 de diciembre.

El bandoneonista, que tocará junto con el pianista Nicolás Ledesma y el contrabajista Enrique Guerra, compartirá el escenario del Tasso con el violinista Pablo Agri y su quinteto, a quien Pane considera “excepcional” y parte de “otra revolución” que está experimentando el género.

Pane, cuyo nombre estuvo asociado a figuras de la jerarquía de Horacio Salgán, el propio Piazzolla, Enrique Francini, Armando Pontier, Atilio Stampone, Héctor Stamponi y Leopoldo Federico, dialogó con Télam sobre el mapa actual de la música que cultiva desde que heredó la vocación de su padre (Francisco) y su tío (Vicente), ambos bandoneonistas.

-En el VII Festival de Tango se encontrarán músicos de diferentes recorridos: algunos consagrados como usted o Rodolfo Mederos; otros jóvenes pero consolidados como Pablo Mainetti o Diego Schissi; y también otros en ascenso como el trío Quasimodo; ¿necesita el tango de esta clase de cruces con mayor frecuencia?

-Estos encuentros le hacen bien al tango, porque hay muchos músicos jóvenes con inquietudes, como los dos casos que nombrás de Mainetti y Schissi, por más que tengan acercamientos diferentes al tango.

Lo veo como algo positivo y revolucionario, pero será el tiempo el que decantará este momento, como todos, y nos dirá si estamos en una transición hacia algo mayor.

-Mainetti sostiene que el tango ha generado nuevos músicos y nuevos letristas, pero que carece de los eslabones industriales de la cadena: productores adecuados, espacios para tocar suficientes, periodistas especializados; ¿coincide con esa visión?

-Sí, creo que esa es la verdad. Nosotros, por ejemplo, con el trío tocamos dos o tres veces por año. Si no hay un festival de esta naturaleza o una oportunidad especial donde entendamos que podemos llevar nuestro mensaje, no tocamos. No hay muchas oportunidades.

Lo llamativo es que cuando esos encuentros se dan, el público responde a la convocatoria. El público está; los que no están son los lugares.

-El llamado tango “for export” sí tiene esos espacios; ¿cuál es su visión de ese fenómeno?

– El tango, en cualquiera de sus formas, tiene que ser tocado por gente muy profesional. Por gente idónea. No puede estar hecho por diletantes. En ese punto, no hay un riesgo, porque desde el punto de vista mecánico, técnico, creo que está bien cubierto. Hay calidad.

Es verdad que el tango for export muestra quizá un momento del tango que pasó, una fotografía, pero para el turista no es algo arqueológico porque no tiene herramientas para verlo de esa manera.

-¿Por qué razón le parece que el tango funciona en países y culturas tan diferentes, inclusive en otros idiomas?

-Ese es el gran misterio y es muy difícil de explicar. Por un lado creo que se debe a su carácter cosmopolita y ciudadano. Todo hombre que creció dentro de una urbe comprende al tango o el jazz y los distingue rápidamente de las músicas de las afueras, más bucólicas. Y eso tiene que ver con que el tango sea entendido en Tokio, Madrid o Londres.

-¿La plasticidad que le brinda el fraseo contribuye a esa aceptación tan extendida?

-Sin dudas porque, como decía, el tango no está atado a una coreografía, que la decide el bailarín en cada momento y puede variar. Porque un mismo tango en una milonga puede ser tocado y bailado de cien formas diferentes. Esa libertad de expresión es lo que caracteriza al tango de manera única.

Al principio, cuando de la Guardia Vieja se pasó a Julio De Caro y su sexteto; luego la orquesta… cada cambio motivó peleas. No se sabía qué podía pasar con el oído, con el gusto. Cada uno tenía su opinión. Cada tanto, se producía un choque.

Ahora se ha aceptado la evolución. Y todos estamos influidos por Piazzolla, pero también por los músicos de los `40 como Argentino Galván o Aníbal Troilo; que a su vez no pueden ser comprendidos sin Eduardo Arolas.

La historia nos enseñará cuál es el aporte que habrá hecho el tango de este tiempo.

Por Mariano Suárez

Télam


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