“En Río Negro, ¿son todos compañeros?”





La palabra “compañero” fue incorporada a la mística peronista cuando el coronel Juan Perón se desempeñaba en la Secretaría de Trabajo y Previsión, refiriéndose a los trabajadores. Desde aquellos tiempos fundacionales del peronismo hasta hoy el término ganó en amplitud para designar a todo el que milita o simpatiza con el Partido Justicialista. Debemos recordar que dicha palabra, con una gran impronta de solidaridad, ingresa a la lengua española en el siglo X y proviene del latín “compania”, de cum: con y panis: pan, es decir, reunión en la que se comparte el pan, que es lo que hacían los compañeros. Su origen debemos buscarlo en el gesto de Jesús al partir el pan con sus discípulos y tiene una connotación superior por esa pertenencia a otros términos similares como “camaradas”, “correligionarios” y otros. Compañero es aquel que comparte habitualmente el pan y compartir el pan, en el pensamiento de Perón, es compartir la vida, la camaradería, los desafíos, pero en especial las ideas y la forma de pensar, instalando instintivamente en quien la use un sentimiento de fraternidad y de pertenencia a una causa común y trascendente. Hay entonces compañeros de clase, compañeros de trabajo, compañeros de armas y compañeros trabajadores, porque dicho término, a decir verdad, ya era usado por los gremialistas y también por los socialistas. Pero el acierto de Perón fue implicarle una caracterización donde ser compañero, aparte de compartir, significa estar del mismo lado, lo que supo alimentar toda una mística propia y distintiva de la militancia peronista, dejando de serlo aquellos que “sacaban los pies del plato”. Sin embargo, desde aquellos tiempos iniciales ha pasado mucha agua debajo de los puentes de la historia y en especial del peronismo y la palabra “compañero”, como otros símbolos partidarios, no sólo ha sido vaciada de su concepto original sino, lo que es peor, utilizada a tontas y a locas para beneficio propio de algunos aprovechados. En la actualidad política rionegrina hay un palmario ejemplo de ello. Sólo se llama a los compañeros cuando se los precisa para hacer presencia en actos sectoriales donde, no cabe la menor duda, se les arenga que los únicos compañeros son ellos y no quienes están en otro proyecto, desvirtuando el verdadero sentido de la palabra. Un compañero practica la doctrina, vive las “veinte verdades” que hoy parecen arrojadas al desván de los trastos viejos, trata de manera fraterna a sus conmilitones y en especial no desprestigia a quienes piensan en forma diferente. Un compañero trabaja para la unidad del conjunto y no para los intereses personales de ningún caudillo de cotillón. Un compañero no se arroga para sí la “verdad absoluta” ni se echa sobre su persona un “peronismo” mayor que los demás. Compañero es –y volvemos al comienzo– quien comparte. Predicadores, como decía Perón, de unas ideas de grandeza para los destinos de la patria. Y no, lamentablemente, quienes inescrupulosamente utilizan a los demás para cumplir sus ambiciones mezquinas de llegar a los cargos públicos, perpetuarse en ellos y enriquecerse con sus familias y amigos. En Río Negro, ¿son todos compañeros? Hemos visto a muchos que se sirvieron a sí mismos y luego terminaron ignominiosamente sospechados de corrupción o bien en el ostracismo del olvido y del repudio de sus pueblos. Son dirigentes con pies de barro que se aprovechan, diciendo “compañeros”, de la voluntad de muchos peronistas que aún tienen del justicialismo una idea de limpia grandeza, a quienes engañan y defraudan recurrentemente. Esos pícaros, como decía Perón, son los “tibios” que no merecen otra cosa que ser vomitados. Aquí, en nuestro distrito doméstico, hay otras preguntas: ¿cuáles son los auténticos peronistas? Si son todos militantes, ¿por qué hay actos separados para unos y otros? ¿Qué los separa? Las respuestas están a la vista: desaciertos, rencillas, peleas gallináceas, apetencias personales y hasta escenas de gritos y de pugilato. ¿Cómo podremos discernir quiénes son los buenos y quiénes los malos compañeros acá, en Río Negro? Jorge Castañeda, DNI 8.569.045 Valcheta


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