En un búnker, los alimentos del futuro

Un centenar de científicos de 40 países buscan el "supermaíz" y el "supertrigo"



CIUDAD DE MEXICO – Un “búnker” de gruesas paredes de hormigón de unos 40 centímetros de espesor, a prueba de terremotos, bombas atómicas y cataclismos diversos, resguarda en Texcoco, periferia oriente de la Ciudad de México, las reservas de alimentos del futuro.

Como extraído de un relato de Ray Bradbury -autor de “Farenheit 451” y “Crónicas Marcianas”- este lugar forma parte de un complejo de investigación donde un centenar de científicos de 40 países se ocupa de crear el “supermaíz” y el “supertrigo” para enfrentar los riesgos de hambruna en el mundo.

El búnker, situado en medio de vastos campos verdes y dorados, aloja unas 60 toneladas de maíz y trigo que permitirían alimentar a millones de seres humanos en caso de una catástrofe mayor.

En realidad esa cantidad no sería suficiente para dotar de comida a tantas personas, pero sí serviría para comenzar de nuevo el cultivo de dos de los tres granos que más se consumen en el mundo, el maíz y el trigo (el otro es el arroz).

En este “refugio de germoplasma”, se atesoran en un par de bóvedas, la primera a -2 grados centígrados y la segunda a -18 grados, 120 mil variedades de trigo y 20 mil de maíz capaces de mantenerse útiles durante un período de 20 a 50 años.

El maíz está dentro de ánforas colocadas sobre estantes, en tonalidades diversas que van del blanco absoluto al verde esmeralda, del rojo vino al amarillo y el rosa.

Creado con el patrocinio de la Fundación Rockefeller, de la Unión Europea (UE) y de gobiernos diversos, principalmente de países pobres, el Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y Trigo (CIMMYT) es una suerte de “superlaboratorio del futuro”.

Con un presupuesto de 30,7 millones de dólares, el 94 por ciento del cual proviene de instituciones públicas y el 6 por ciento de donativos privados y con recaudaciones reducidas a la mitad en los últimos tiempos, el CIMMYT logró este año un trigo tolerante a la sequía y un maíz resistente a la maleza, la llamada “Striga”, que en Africa ha devastado los cultivos.

Los avances alcanzados en este centro han llamado la atención mundial de tal manera que le valieron el Premio Nobel al científico norteamericano Norman Borlaug, que está radicado en México desde 1943 y a sus 78 años aún trabaja en este lugar, después de haber impulsado la “Revolución Verde” en la India. Ahora Borlaug, que trabaja en una nueva “Revolución Verde” mediante el uso de la biotecnología y señala que el rechazo que ha generado la manipulación genética de las plantas para hacerlas resistentes a plagas, sequías e inundaciones es similar a la que se produjo cuando él introdujo en la India en los años 60 variedades altamente rentables de trigo enano mexicano.

“La mayoría de los políticos piensan que los alimentos vienen de los supermercados”, señala en forma irónica el australiano Timothy G. Reeves, director del CIMMYT, quien revela que el 80% del trigo cultivado en los países pobres procede de semillas obtenidas en este centro.

Por ahora, el CIMMYT no realiza “cultivos transgénicos”, pero uno de sus científicos, el italiano Alessandro Pellegrineschi, señala que es necesario utilizar esta tecnología para “ir más rápido en la solución a problemas como la sequía, la salinidad, las enfermedades y los insecticidas”.

El CIMMYT busca aliviar el problema del hambre en el mundo, que mata cada día a 40 mil personas y afecta a más de mil millones, la sexta parte de la población total del planeta, que sobrevive con menos de 1 dólar al día. (ANSA)


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