Encontraron a dos de los cinco presos que asesinaron a una mujer

Impresionante despliegue policial en la isla Jordán de Cipolletti. Todas las rutas de la región están custodiadas. Cayeron Carlos Sosa, de 18 años, y Wálter Troncoso, de 21.

Las Policías de Neuquén y Río Negro desplegaron un espectacular operativo para dar con los fugados de Cutral Co. «Es cuestión de tiempo, no tuvieron ayuda ni medios para salir de la zona», dicen los policías.
NEUQUEN, CUTRAL CO Y CIPOLLETTI (AN, ACC y AC) – Dos de los cinco presos que se habían fugado de la comisaría 14 de Cutral Co y que en un raid de locura asesinaron a una mujer de 49 años fueron encontrados ayer por la policía. Los evadidos estaban en la ciudad de la que se habían fugado y los investigadores anoche no podían determinar si nunca salieron o regresaron tras cometer el crimen.

El de ayer fue un día de búsqueda intensa para las policías de Río Negro y Neuquén. El centro estuvo en Cipolletti, en la Isla Jordán. Pero en todas las rutas de la región, especialmente en la 22 y 237, había patrullas que buscaban a los evadidos y prevenían a los viajeros para que no levanten desconocidos en el camino.

Los recapturados son Carlos Sosa de 18 años y Wálter Troncoso, de 21. Al primero lo atraparon cuando se movilizaba en un vehículo junto a otros sujetos y al segundo en una vivienda del barrio Peñi Trapún. En tanto, resultó infructuoso el rastrillaje realizado en las zonas ribereñas de Neuquén y Cipolletti, donde se cree se ocultó el resto de los fugados.

Sosa fue hallado en un Fiat Duna, en cercanías del barrio General Manuel Belgrano, más conocido como las 450 Viviendas. El delincuente permanecía alojado en la comisaría 14 y a disposición de la justicia, tras su presunta participación en un robo a mano armada ocurrido el lunes pasado a una panadería céntrica de Cutral Co junto a dos individuos más. Ahora lo habrían trasladado hasta una dependencia de Neuquén.

Troncoso fue encontrado en una vivienda del populoso barrio Peñi Trapún, también en la tarde de ayer. Los investigadores están ahora tras los pasos del resto de los fugados: Esteban Fabián Navarrete, de 32 años; Jorge Javier Sampoñia, de 21 años y Roberto Valdebenito, de 28 años.

Los investigadores mantienen la hipótesis de que los evadidos, aunque probablemente no todos, participaron del brutal crimen de la oficinista Noema Acuña. «Por el momento es la más firme de las hipótesis que manejamos. Es más, se trata de la única línea que estamos trabajando», confió un alto jefe policial que comanda la investigación.

La maniobra de huida habría sido cronometrada para llevarse a cabo en el mismo momento en que la mayor parte de los efectivos estaba abocado al operativo de seguridad por el acto central del aniversario de la ciudad.

La comisaría tiene espacio destinado a unos 9 internos como máximo y permanecían 25 hasta el momento de la fuga. Las deficientes medidas de seguridad contribuyeron a que la maniobra fuera exitosa.

Sosa y Valdebenito mantendrían una estrecha amistad, mientras que Troncoso sería más cercano a Navarrete. Del restante, Sampoñia solo se conoció que permanecía tras las rejas por su presunta participación en la muerte de un sereno del corralón municipal de Plaza Huincul, ocurrida a principios de este año.

El titular del Juzgado de Instrucción Nº 2, Mario Tomassi que sigue la causa iniciada por evasión, dispuso la realización de los allanamientos que permitieron dar con al menos dos evadidos.

La policía rionegrina colaboró para la búsqueda con 150 efectivos, incluyendo una sección del grupo Bora, unos 20 patrulleros y 15 camionetas, 10 motos, divisiones de Bomberos y de Prefectura Naval y hasta una improvisada caballería con personal de civil.

El auto de la víctima, un Corsa color gris, que utilizaron los maleantes para la fuga, resultó hallado el viernes aproximadamente a las 15 en la calle Estado de Israel pasando la ruta nacional 22, cerca de la bifurcación hacia el costero barrio Labraña, en Cipolletti. Estaba sobre la banquina con el frente en dirección a la 22.

Se supo anoche que los peritajes realizados en el auto en un galpón interno de la subcomisaría 69 de Cipolletti arrojó datos importantes. Entre ellos, dos huellas dactilares, ambas con sangre, trascendió de manera extraoficial.

Los operativos en la zona cipoleña abarcaron también una parte del ejido de Fernández Oro, aunque la mayor presión de búsqueda se focalizó en Isla Jordán.

Ese amplio predio, donde hay un solar de esparcimiento pero también clubes, al igual que pequeñas parcelas productivas y puesteros que trabajan con caballos y ovejas, resultó literalmente barrido palmo a palmo por policías uniformados y de civil, con armas largas y cortas, intercomunicándose permanentemente.

Los policías trabajaban en grupos, y los de civil hacían inteligencia entre los puestos, haciéndose pasar por vecinos comunes. Las motos del tipo cross y los caballos llegaban a territorios inhóspitos e intransitables. Algunos efectivos se arrastraban entre los matorrales.

Una comisión trabajó en el paraje Rincón de Las Perlas, y dos patrullas se internaron en la vastedad de la margen sur, en el ejido cipoleño, subiendo y bajando el bardeo incluso con limitada cantidad de agua.

La policía también recorrió barrios periféricos «pesados» de Cipolletti.

«Vivía para cuidar a su madre enferma»

CUTRAL CO (ACC) – Noema Acuña repartía su tiempo entre el trabajo y el cuidado de su madre, con quien compartía un departamento en la planta baja del barrio San Martín -ex 500 Viviendas- de Cutral Co. Los que la conocían sostienen que era una muy buena persona y muy buena vecina.

Nada hacía suponer que la mañana del viernes, cuando estaba previsto que la ciudad viviera su fiesta de aniversario, el destino de Noema Acuña sería tronchado por la tragedia.

La mujer, de 49 años vivía con su madre en el barrio General San Martín, las ex 500 Viviendas. Hasta allí llegaron -según recuerdan algunos vecinos- ni bien se entregaron los departamentos hace más de 20 años atrás, para ocupar uno situado en la planta baja.

Antes de ello, la familia Acuña -Noema es una de las menores de varios hermanos- residía en Plaza Huincul, cuando la empresa YPF era estatal y beneficiaba a sus trabajadores con el otorgamiento de una vivienda.

El jefe de familia trabaja en la petrolera y por esta razón fue que le correspondió ocupar una de las «casitas rosadas», tal como se las identificaba a las viviendas con cuatro dormitorios.

Todo esto en el entonces Campamento Central, que pertenecía al yacimiento Huincul, ahora devenido en barriada e incorporado al ejido municipal.

La víctima del aberrante episodio se desempeñaba desde hacía muchos años como secretaria en la inmobiliaria y gestoría «Chatelain», ubicada justo a mitad de cuadra de la céntrica calle Tucumán, entre la avenida del Trabajo e Irigoyen.

El local está situado a una escasa cuadra y media del sitio donde ese viernes trágico se concretó el acto central por los 69 años de la fundación de la ciudad.

A diario, Noema cumplía con los trámites que demandaba su trabajo, por lo que era habitual verla en las entidades bancarias o las dependencias municipales, completando las diligencias.

Siempre bien arreglada, como la recuerdan quienes mantenían trato con ella, caminaba o se movilizaba a bordo de su vehículo, el mismo en el que al parecer encontró la muerte.

En los últimos años, la atención de su madre -de edad avanzada- le ocupaba bastante tiempo debido a que la señora debió ser intervenida quirúrgicamente de las caderas y permanece casi en reposo permanente.

Las serias dificultades para movilizarse, exigían que su hija la atendiera permanentemente, según relatan algunos allegados.

«Era una muy buena vecina y una muy buena persona», según la describió ayer ante la consulta de este diario, una de las vecinas de la barriada que llegó a instalarse en el complejo habitacional hace 22 años atrás, cuando ya Noema y su madre vivían en el lugar.

Sus familiares no encuentran ni explicación ni consuelo ante la tragedia que se les presentó de uno día para el otro. Al menos uno de los hermanos varones permanecía trabajando en la petrolera Rincón de los Sauces, desde donde viajó de inmediato después que le comunicaron lo ocurrido.

Hasta anoche se esperaba que se le terminaran de practicar los exámenes periciales al cuerpo para luego ser trasladado hasta esta ciudad, donde se procedería a su velatorio y posterior inhumación, según se estima.

«Cuesta admitir una tragedia como la ocurrida. Nadie merece perder la vida a manos de delincuente, pero cuanto ocurre con una persona a quien todos respetaban y querían, el hecho golpea más», añadió un vecino de la víctima.

La Comisaría 14, obsoleta y desbordada

Las críticas sobre la ubicación de la comisaría 14º y la Unidad de Detención Nº 21 recobran fuerza toda vez que se produce una fuga y que los evadidos logran trasponer los muros y recorrer sin límites, los techos vecinos para luego alcanzar la calle. Aunque una nueva alcaidía se edificó en el parque industrial, no fue concluída todavía por lo que no se puede producir el traslado.

Lo sucedido el viernes al mediodía causó más estupor entre los vecinos, debido a que se trató de una evasión en medio del gentío que participaba de los festejos centrales por el aniversario de la ciudad. Las condiciones de seguridad fueron una vez más vulneradas.

Según trascendió, la comisaría permite que sean alojados hasta un máximo de 9 detenidos, por un tiempo escaso pero la falta de espacio hace que permanezcan por más de lo debido.

Se supo que hasta el momento de la fuga, había 25 detenidos en el edificio.

La realización de la ceremonia central del aniversario y el consiguiente operativo de seguridad montado en el lugar y las inmediaciones donde se desarrolló el desfile, obligaron a reducir al mínimo la guardia.

El personal policial se encontraba abocado al operativo de tránsito y en los alrededores ante los insistentes rumores que corrieron los últimos días sobre presuntas manifestaciones de distintos sectores de desocupados, que aprovechando la presencia de autoridades provinciales se iban a congregar. Esto finalmente no ocurrió.

Exigen seguridad

CUTRAL CO (ACC) – Los integrantes de la asociación vecinal del Centro Norte están indignados. Y no es para menos, porque conocían y trataban casi a diario con la mujer que fue brutalmente asesinada y encontrada en Neuquén. Es que la sede barrial funciona al lado de la oficina donde trabajaba Noema Acuña.

La comisión vecinal del barrio Centro Norte concretará una reunión el lunes por la mañana, porque reclaman mayor seguridad. El mismo día en que se produjo el aberrante hecho aunque antes que se conociera, los vecinalistas había entregado un petitorio al vicegobernador Jorge Sapag por la inseguridad.

«Nosotros sabíamos que un día algo así iba a pasar y pasó. Desde hace rato decimos que saquen a la alcaidía porque se escapan los presos y andan por nuestras casas o negocios», dijo Oscar Almendra.

Hace veinte días atrás, ya habían gestionado una reunión con los ediles debido a los reiterados robos que sufre la zona y a quienes les plantearon la preocupación que los aquejaba y les insistieron en que debía mudarse la alcaidía.

El viernes, cuando se concretó el acto central del aniversario de la ciudad, le entregaron al vicegobernador Jorge Sapag un petitorio. Allí se les solicita un incremento del personal policial (para llegar a 100 efectivos); un aumento del parque automotor destinado a la vigilancia y prevención del delito; la creación de un Juzgado de Familia y la «urgente habilitación de la nueva alcaidía».

Mientras el vicegobernador recibía la nota, los presos se fugaban a escasos 150 metros de distancia.


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