Engañaba con la sotana y se llevaba las limosnas

Los neuquinos advirtieron la trampa del cura trucho cuando intentaron ubicarlo y no lo conocían en ninguna iglesia





NEUQUEN . – Si hay médicos, abogados, diputados y hasta jueces falsificados, ¿por qué no iba a aparecer un cura «trucho»? Pues bien, en esta ciudad acaba de integrarse a la lista de profesionales y actividades falsas, un sacerdote.

Misas, bautismos, casamientos, responsos, nada queda fuera de los servicios que ofrece Pablo Bordorano, un curita simpático que munido de todos los elementos que la legislación católica exige a sus representantes terrenales, impartió los sacramentos en diversos barrios de la ciudad. Resultó tan convincente al transmitir el mensaje de Dios, que generosamente los creyentes le abrieron las puertas de los hogares. Y querían que volviera.

En cualquier vivienda ofició las misas, distribuyó la hostia y pronunció sus sermones. Confesó, aconsejó y claro, como todo cura, recibió alguna monedita que los fieles aportaron al momento de la colecta.

Lo curioso fue que pasó una o dos veces y no volvió. Los fieles comenzaron a preguntar por él, pero nadie sabía dónde ni cuándo encontrarlo. Y con esa inquietud llegaron a la iglesia catedral de avenida Argentina.

Si bien hay varios sacerdotes que desarrollan su labor aquí, particularmente en los barrios, todos son reconocidos, pero no figura en la nómina Bordorano.

«No sabemos si realmente se llama como dice, es muy probable que no. Pero sí pudimos comprobar que se hace pasar como sacerdote y da misas en algunas viviendas», dijo el canciller del obispado de Neuquén, Alejandro Sánchez.

Ante la pregunta concreta admitió, sin eufemismos, que se trata de un «cura trucho».

Sánchez dijo que atendió a personas que buscaban al misterioso cura y que un sacerdote de un barrio, por lo menos, también dio cuenta del insólito caso.

No tienen, naturalmente, registrado como sacerdote a Bordorano y todo permite suponer que se trata de alguien que adopta tal condición con el exclusivo objetivo de obtener dinero aprovechando la ingenuidad de los creyentes. Por lo pronto lo que hizo el obispado fue emitir un comunicado haciendo conocer el episodio y advirtiendo sobre la maniobra. «No tenemos ningún dato de él, sólo sabemos que se trataría de un hombre de mediana edad. La gente que vino a preguntar no dio muchos datos porque, al darse cuenta que están ante un falso cura, se cuidan de dar su identidad y menos su domicilio», dijo Sánchez.

Es la primera vez que se denuncia un caso como éste en la ciudad, aunque no es el primero en la región. (Ver aparte). Sánchez es neuquino y no recuerda antecedentes. Para Sánchez la maniobra tampoco tendría otro fin que el de obtener dinero. «No creo que pueda ser mucha, por lo que conocemos habitualmente», dijo. Aunque comentó que podría tratarse de una persona que por alguna cuestión personal, problema psicológico por ejemplo, adopta una actitud semejante.

Si bien en esta región la artimaña no se conocía, en el resto del país y en el mundo, hay ya una larga historia de curas «truchos». No hay una explicación para entender por qué apelan a la figura de curas para engañar a la gente, pero según Sánchez además de los sacramentos clásicos que ofician los sacerdotes, en los últimos tiempos las denominadas «misas de sanación», han posibilitado una relación distinta entre religiosos y la gente.

En cuanto a la habilidad de los impostores para improvisar un oficio religioso o pronunciar un sermón, es la misma que demuestran para mentir con la venta de una producto falso o vestirse de una manera extraña.

Bordorano usaba sotana y en un pequeño maletín transportaba hostias y candelabros. Las «misas» las habría oficiado en las dos primeras semanas de agosto.

También pasó en Cipolletti

Una tarde de setiembre de 1990, Santiago Calderón Perroni, un falso cura que hizo de las suyas en Cipolletti, se calzó la sotana y dio misa con el entonces Obispo rionegrino Miguel Hesayne.

Las andanzas del cura «trucho», que también se hizo pasar por médico, salieron a la luz a raíz de una investigación de «Río Negro» que puso al descubierto una increíble serie de maniobras. Calderón Perroni llegó a recetar más de 5.000 pastillas de Artane haciéndose pasar por psicólogo en el hospital de Cipolletti. Los medicamentos iban a parar a manos de jóvenes drogadictos integrados a una oscura red que el «padre» Santiago se encargó de tejer durante mucho tiempo, haciendo gala de increíble capacidad multifacética. Al ser descubierto consiguió escapar presumiblemente a Chile, su país de origen.


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