Enron sacude el capitalismo mundial

Por Emmanuel Defouloy

El escándalo Enron, ese gigante estadounidense de la energía que llegó hasta la quiebra en su desesperado intento por disimular sus pérdidas, produjo una crisis de confianza cuya onda de choque no ha acabado de extinguirse, sin que se puedan extraer aún lecciones claras.

Transparencia financiera, independencia de los administradores, control de los dirigentes empresariales, información de los asalariados: ninguno de esos mecanismos tantas veces citados en discursos empresariales funcionó realmente en el caso Enron. Tres meses después de la quiebra, la duda continúa planeando sobre la independencia de los grandes gabinetes de auditoría, la fiabilidad de la información financiera, la ética de los expertos contables, la realidad del poder de las autoridades de control o el trabajo de los analistas y la prensa financiera.

El gabinete Arthur Andersen, sospechoso de haber ocultado la argucias financieras de Enron, ha sido oficialmente inculpado y podría ir a juicio. El gendarme de la Bolsa estadounidense ha abierto investigaciones sobre las prácticas contables de grupos como Global Crossing, Worldcom, Nvidia o Computer Associates. Hasta la solidez financiera del gigante General Electric ha sido cuestionada. Los coloquios consagrados a la ética empresarial se multiplican en Europa y los políticos meten baza y agitan la posibilidad de normas contables más estrictas, o sanciones más duras contra los presidentes de empresa.

Además de haber sido despedidos, los miles de empleados estadounidenses de Enron han perdido en el escándalo sus planes de ahorro. "Nos dirigimos hacia un desmantelamiento de esas compañías integradas" que son los cinco grandes gabinetes de auditoría internacionales, según el economista francés Elie Cohen.

Muchas voces piden que se refuercen el poder y la independencia de los consejos de administración o de los gendarmes bursátiles, para limitar el "capitalismo de compadres" que criticó el Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz. (AFP)


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