Enseñanzas

Por Redacción

Se quedó «sin energías» luego de haber escrito su nombre en la historia, abrazado a la única medalla dorada del fútbol argentino en un Juego Olímpico.

Así, durante una hora y diez minutos estuvo en el centro de la pantalla, en directo para todo el país. Y al día siguiente, en la tapa de todos los diarios. Desde ese sitio, al que todos le prestan atención, ejerció la docencia que nadie le exigió. Una vez más. Demostrando una búsqueda constante de la palabra exacta, elaborando afirmaciones desde una convicción de hierro. «Una persona para ser decente tiene que ofrecerle a la tarea la energía que reclama. El desgano presagia tempestades si uno no lo resuelve. Lo peor que uno puede hacer es ignorarlo. Cuando vi que el desgano estaba instalado, tomé la decisión», argumentó el ex conductor del seleccionado, Marcelo Bielsa. ¿Hay motivos para no creerle que se quedó «sin energía»?

La definición que utilizó -y se ocupó en buscarla- no deja demasiado espacio para la duda. Un día se levantó y percibió que ya no tenía las mismas ganas. Lógicamente, una persona como Bielsa debe haber madurado esta decisión durante un tiempo prudente. Quizás por eso festejó tanto el oro en Atenas y la victoria ante Perú por las Eliminatorias. Pudieron (o no) haber más problemas, inconvenientes o roces que los que se hicieron públicos con Julio Grondona, con los clubes europeos o quién fuera. ¿Qué cambia? «Si hay algo que no digo es lo que no quiero decir», aseguró el rosarino.

Está claro, algo le quitó las energías. No detalló si fue mirar videos de los rivales o discutir por la cesión de un jugador. Y en el predio de Ezeiza, el día de su renuncia, muchos periodistas coincidieron en una vieja frase: «Ahora que no está, lo vamos a valorar».

En un país escéptico como la Argentina. Donde la renuncia a un cargo suele llegar en medio de presiones o de situaciones límites. Donde los políticos se reciclan para perpetuarse en sus sillones. ¿Cómo no se va a dudar de alguien que exprese, con simpleza, que se cansó? En una entrevista radial, la 'Leona' Mercedes Margalot contó: «Cuando nos eliminó Holanda estábamos en la mesa todas destruidas y me sorprendió que Bielsa se acercó a nosotras. Le daba vergüenza y pidió permiso para sentarse. Nunca nos tuteó. Charló con nosotras y demostró una sensibilidad increíble. Por algo es tan amigo de (el entrenador) «Chachito» Vigil». Otro gran ejemplo de conducción.

Son conjeturas, algo que Bielsa aborrece. Pero quizás el hincha hubiese reaccionado de otra manera viendo la otra cara del entrenador. Esa que sólo reservaba para la intimidad. No tan distante e inmutable. Más natural y distendido. Así como bromeó y sonrió cada vez que el notero de CQC lo abordó en la conferencia de despedida. Pero no fue lo que más le importó.

Intentó popularizar valores casi utópicos: honestidad, respeto, amor al trabajo, superación. Les exigió a sus jugadores que se quedaran en la entrega de premios cuando los brasileños eran premiados en la Copa América. Se concentró en disfrutar del proceso, en dejar enseñanzas de vida. No se obsesionó con los resultados sin importarle los medios. Caer en que «se fue después de ganar» es apuntar a un razonamiento demasiado corto. En conferencia de prensa contestó siempre todas las preguntas.

Obligó a elevar el nivel de las discusiones y se encargó de que en el predio de la AFA no hubiese empresarios, negocios ni privilegios. Más allá de su estilo futbolístico (¿nace el Bielsismo?), probablemente el tiempo vaya moldeando los hechos y las enseñanzas naden en la superficie.

Juan Ignacio Pereyra (ABA)

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