“Entre amargura, vidrios rotos y camiones verdes”



Caminé por mi querido Bariloche, tristemente, entre amargura, vidrios rotos y camiones verdes. Mi capacidad sólo alcanzó para llegar a la más triste de las conclusiones: no aprendimos nada, no entendimos nada. Nos perdimos quién sabe dónde… o sí, sabemos. Nos perdimos cuando dejamos de abrazar a nuestros hijos en una noche de tormenta, cuando no le dimos la mano para cruzar la calle, cuando no le contamos un cuento antes de ir a dormir, cuando no compartimos la nieve caer y el silencio que aturdía, cuando no buscamos con ellos figuras en las nubes de día y la cruz del sur de noche, cuando dejamos que fueran y volvieran del colegio solos, cuando no nos hicimos un tiempo de ternura para unir con ellos la “M” con la “A” o dibujar corazones, cuando no fuimos al llamado de la maestra, cuando un golpe fue mejor que una charla, cuando permitimos que trajera de la escuela un lápiz que no era propio, cuando de adolescentes no estuvimos ahí para escuchar primero y aconsejar después, cuando escuchamos que era lo mismo “la señorita” que “la vieja ésa” o el policía que “la gorra”, cuando decir “por favor” y “gracias” desapareció del vocabulario, cuando de golpe el compartir la mesa dejó de ser un ritual. Y así la vorágine nos fue llevando. Nos llevó tan lejos que nos olvidamos del rol que “debíamos cumplir” primero como padres, pilar fundamental de toda sociedad organizada, y luego como ciudadanos, porque lo que estuvo mal antes está mal ahora y estará mal mañana; los valores y las pautas no cambian conforme pasa el tiempo: somos nosotros los que vamos permitiendo y mirando para otro lado… es más cómodo. Hoy, que se mezcla todo, que todo y nada “da lo mismo”, no sabemos cómo hacer para arreglar tamaño desorden, porque la mayoría también se referencia con la postura de la comodidad, de mirar para otro lado, de hacer como que… pero no. Y así entre todos se fue gestando una división, un odio: de aquel que no tiene nada contra el otro que tiene mucho y viceversa. Y en medio de ello también fuimos dejando que funcionarios, la Justicia y señores acomodados, los que también alguna vez fueron hijos y luego padres, o sea, el primer eslabón de una cadena supuestamente organizada hasta convertirse en tejido, lo que llamamos sociedad, nos saqueen de educación, de salud, de seguridad, de dignidad. Fuimos dejando que esos señores manden con otros señores que “todos” vemos o comentamos drogas de todos los colores y formatos a nuestros barrios, vaciando y quemando el cerebro de los más jóvenes. Humildemente, creo que ahí nos terminamos de perder, ellos y nosotros; ellos que proveen, ellos que consumen, ellos que permiten, ellos que también violentan los sueños y los proyectos de por lo menos dos generaciones… y nosotros, que nos convertimos en espectadores, que también decimos “eso no se hace” pero en otro momento también lo hacemos, también nos justificamos por necesidad. Rosa Gutiérrez DNI 21.390.235 Bariloche

Rosa Gutiérrez DNI 21.390.235 Bariloche


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