Entre la euforia y la depresión, un ganador



Entre los observadores, era posible apreciar ayer las evaluaciones más dispares sobre el acuerdo sellado en Madrid entre Machinea y la plana mayor de la multinacional Repsol.

“Nunca se vieron tantos millones juntos”, dijo un lector de “Río Negro” mientras pasaba revista a los desembolsos e inversiones prometidos por la petrolera a cambio de la prórroga por 10 años de la concesión del yacimiento Loma de La Lata.

“Ya se gastaron las “joyas de la abuela” y ahora van a rifar el “chanchito” de los nietos”, clamó un miembro de la oposición, convencido de que el acuerdo conlleva una grave cesión del patrimonio nacional.

Es cierto que este acuerdo ha venido como anillo al dedo para un gobierno nacional que trastabilla, jaqueado por su propia crisis política y la depresión económica que heredó y no atina a resolver.

Más allá de los mensajes cargados de buenas intenciones, acaso sea este acuerdo el único logro concreto que el presidente Fernando de la Rúa podrá exhibir de su colorida gira por España.

Para el ministro Machinea, quien hasta el jueves se había mostrado bastante reticente a precipitar las negociaciones sobre el yacimiento de gas más rico del país, el acuerdo es poco menos que un salvavidas. Los 300 millones que percibirá la Nación vienen a llenar parte del hueco que producirá su promesa de rebaja impositiva. Una promesa hecha a los empresarios con el dramatismo de quien ve peligrar su sillón.

Lamentablemente, en las actuales condiciones la Argentina no tiene todo el tiempo del mundo para elegir. Los españoles lo saben.

De este lado del Atlántico, Sobisch es el mayor ganador de esta coyuntura. Se podrá decir que su acuerdo original era más modesto que el actual para los intereses del país y la provincia. Se podrá dudar de que el actual lo sea realmente. Pero es inocultable que el gobernador salió fortalecido, política y económicamente.

Héctor Mauriño


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Entre la euforia y la depresión, un ganador