ENTREVISTA A MIREIA GUBIANAS Y JORGE SUÁREZ. La gordura, en el centro de la reflexión

"Gorda", del dramaturgo estadounidense Neil Labute, se estrenó en enero pasado en el Paseo La Plaza reuniendo nuevamente -como en "El Método Grönholm"- a Gabriel Goity y Jorge Suárez, con Daniel Veronese en la dirección y, esta vez, la catalana Mireia Gubianas en el papel principal femenino, que asumiera en Barcelona en la temporada 2006-07. "Río Negro" habló sobre esta exitosa puesta con dos de sus protagonistas.

EDUARDO ROUILLET

La historia de «Gorda» aparenta simple y trillada. Un hombre (Gabriel Goity) se enamora de una mujer con sobrepeso (Mireia Gubianas) y sus amigos (María Socas y Jorge Suárez), lo acosan con burlas, risas e insultos…

Camarines de la sala Pablo Picasso poco antes de comenzar con el maquillaje. Mireia Gubianas, responde tranquila, sonriente. «Esta obra se está haciendo en diferentes países y en todas partes está golpeando. Eso nos da mucho para pensar. Quizá hay matices en la forma de recibirla o invita a reflexionar en unas cosas o en otras, pero que seguramente no se habían considerado antes. Y esto significa que la sociedad, en sí, no tiene resueltas algunas cuestiones».

– ¿Contribuye a ver que estamos errando el camino?

– Lo estamos errando y lo que es peor, también cerrando. Somos parte de una sociedad pero ésta, a la vez, es la suma de todos nosotros. Realmente, «Gorda» plantea la incomodidad ante lo diferente, el no aceptar lo que no es como nosotros, a la gente que no piensa como nosotros. Funcionando así, qué grave es esto y cuánto más fácil sería si nos entendiéramos mucho mejor, si aceptáramos más al otro y más a nosotros mismos para no estar tan pendientes del qué dirán. Para concebir estos personajes hay que entender en qué entorno se mueven. Y lo bueno de la obra es que tiene un punto realista en que a sus cuatro personajes, les ves, les entiendes y les odias por todas sus complejidades como personas. El autor sabe retratar muy bien los caracteres humanos, por eso, también mete tanto el dedo en la llaga; conoce mucho la condición humana… Y para poder construir estos cuatro seres, entenderlos y ver en qué contexto se mueven, hay que entender en qué entorno nos movemos en la sociedad. Son tan realistas las emociones que plantean los personajes, que por fuerza tienes que meterlos en el ámbito de la sociedad.

– El teatro nuevamente funciona aquí como un espejo.

– Es más, la construcción dramatúrgica de «Gorda» funciona a partir de esta ley. Es decir, va mostrando que la situación evoluciona, evoluciona, hasta que, de repente, es como si se te girara el espejo y te vieras a ti mismo, habiéndote reído de unos chistes, de una circunstancia para nada risibles, si se los analiza. Ahí es cuando aparece la invitación a la reflexión, cuando descubres hasta qué punto puede llegar una broma; hasta dónde puede llegar la no aceptación de otra persona; hasta qué punto pensamos cosas que no deberíamos, o nos reímos de ellas… No por mala fe, sino porque ni nos paramos a recapacitar cómo puede afectar nuestra risa.

– Somos víctimas y a veces, cómplices inconscientes de un culto universal a lo bello, a lo perfecto y a lo joven. Efímeramente bello, perfecto y joven…

-Sí, aunque lo paras a pensar y es muy extraño que le demos tanta bola a esto. Quiero decir que no conozco nadie que se encuentre cien por cien contento consigo mismo. El por qué, es un dato a tener en cuenta… Por otro lado, lo que más me sorprende es la gran contradicción de que si todos estamos así, por qué no nos ponemos de acuerdo y pasamos de esto. Por qué no pactamos entre todos que está bien que cada uno sea como sea. Aparte, ¿cuál es la gracia? Si todos fuéramos barbies, ¡sería tedioso! Si todos fuéramos perfectos… Para empezar, qué es perfecto? Pero, en el caso de que lo fuéramos, no nos gustaría. Seguramente, nos aburriríamos y nos agradaría la persona que tenga una peca en el brazo, porque los demás no la tienen. No nos damos cuenta que lo bonito es lo particular, lo diferente.

La actriz considera que cuando actúa «tengo la sensación de estar conectando con algo de mi misma que en cada personaje varía. Conectar con esa porción mía es como la honestidad de la comunicación. Estoy comunicando sentimientos que están en mí, que los genero a partir de situaciones que debo actuar. Yo me siento muy sincera cuando actúo. He hecho muchas cosas en la vida y ahora mismo estoy haciendo de actriz, pero nunca se sabe dónde uno puede acabar. Lo haré mientras me ofrezcan trabajos de tal. Pero, he hecho de profesora, de diseñadora gráfica, de cantante… Un poco he ido ejerciendo lo que me sale por hacer y lo que me gusta. Mientras haya proyectos que me interesen, los haré…»

«Me siento muy cómoda actuando. Casi siempre se valora la espontaneidad que tengo al hacerlo y quiero pensar que es porque lo hago honestamente. Es decir, ofrezco lo mejor que tengo de mí. Y esto me hacer sentir cien por ciento yo. También hay una parte de inconsciencia al actuar. El actor que piensa demasiado no está actuando… Más bien hay que estar abierto con todos los poros al compañero, a la situación que se atraviesa; y en esta apertura pueden fluir las cosas y salir la comunicación y la emoción para el público.»


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