ENTREVISTA BETINA GONZALEZ: La literatura, un arte nada menor

Cuatro años atrás padecía el anonimato y pertenecía a esa masa aturdida por el frenesí estresante que sacude diariamente a Buenos Aires. Sentía que el deseo de toda su vida comenzaba a diluirse. Hasta que obtuvo una beca en la Universidad de El Paso, Austin-Texas, y no lo dudó: partió en busca de su destino, alejándose de Villa Ballester y de una realidad cotidiana que no le parecía para nada atractiva. «Vivir afuera me permitió laburar con mi barrio, algo que antes ni me hubiese planteado. La lejanía me generó la inquietud de pensar una historia que tiene que ver con lo marginal y lo barrial», cuenta Betina González, de 34 años y autora de «Arte menor» (Alfaguara), última ganadora del Premio Clarín de Novela, obra que presentará el próximo sábado en la 33ª Feria del Libro.

-¿Cómo nace tu interés por la literatura?

-De chica había bastante ruido en mi casa y necesitaba momentos de reclusión. Ahí empecé a leer, aunque no había muchos libros en mi casa.

-¿Qué leías?

-Mis primeras lecturas fueron las vidas de los santos. Las leía de morbo: el martirio, las llagas que les salían, la cruz que cargaban… La parte truculenta me encantaba. Cuando agoté eso empecé a leer de todo, hasta hoy… Dostoievski, Flaubert, Machado de Assis, Salinger, Carver, Nabokov, Mishima, Kawabata. De adolescente, además de Borges, me fasciné con «Los siete locos», de Roberto Arlt.

-¿Cuándo comenzaste a escribir?

-A los 8 ó 9 años escribí poemas, que eran muy malos, vergonzosos si los viera ahora. Pero ya quería ser escritora. En la adolescencia leí a Borges y fue un click.

-En «Arte menor», la protagonista dice que retomará «Rayuela» cuando sea más grande, ¿te pasó lo mismo?

-Sí. A Borges no lo entendía pero me gustaba. Sabía que lo que no entendía estaba bueno. Más grande corroboré que eso es literatura. No porque Verne no lo fuera. Pude disfrutar un texto desde otro lugar. Borges me daba cosas filosóficas que hasta entonces no tenía. Y bueno… en mi adolescencia era medio freak.

-¿Por qué?

-No salía, era gordita, de las que no tenían mucho éxito. Escuela de mujeres… Creo que me salvó que a los 15 años fui a un taller literario un tiempo y conocí hombres.

-La novela insiste sobre la realidad y lo que deja una persona tras su muerte, ¿cuál es tu teoría?

-Cuando te morís no sabés qué pasa después. La única forma de trascendencia que tenés es en la memoria de los demás y en las obras que dejás. Hay un paralelo. Las dos están sujetas a interpretación. Uno no tiene control sobre lo que opinen de su obra como tampoco del recuerdo que los demás tengan de vos.

 

JUAN IGNACIO PEREYRA


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