Error de cálculo y cambio de rumbo para el 2018

Recordar las palabras del Presidente de la Nación Mauricio Macri durante la campaña electoral de 2015, cuando afirmaba “bajar la inflación será lo más sencillo que tenga que hacer cuando sea Presidente”, puede resultar hasta simpático. Se trata sin embargo del mayor error de cálculo de la gestión Macri, habiendo transcurrido ya, dos años al frente del gobierno.

Los anuncios económicos de esta semana, no hacen más que confirmar el estrepitoso fracaso de la política antiinflacionaria llevada adelante durante los últimos 24 meses.

No se trata de un juicio de valor, sino lisa y llanamente de una descripción de los datos que muestra la propia estadística oficial. Para el año 2016, la meta de inflación establecida por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), conducido en ese entonces por Alfonso Prat Gay, fue de entre el 20% y el 25%. El resultado al final del año, devaluación mediante, fue una inflación del 41%, 16 puntos por sobre la banda superior y récord en los últimos 14 años. Para el año 2017, bajo la conducción de Federico Sturzenegger, el objetivo se fijó en 17%. Todas las proyecciones, tanto públicas como privadas, concuerdan en que el año terminará con una inflación cercana al 24%. Son 7 puntos por encima de la pauta inflacionaria del BCRA.

En total, el error de cálculo de la autoridad monetaria (y del gobierno), es de un 23% en dos años. La conferencia de prensa del último jueves, implica un nuevo error del 5%, con la salvedad de que en este caso, la corrección se realiza ex ante, lo que implica que la expectativa de todos los agentes económicos empujará al alza la inflación del año que viene. No es muy difícil imaginar que en una discusión paritaria o al momento de renegociar un contrato de alquiler, la corrección anunciada esta semana, será el argumento esgrimido por una de las partes al momento de sentarse a la mesa de discusión.

Las conclusiones que surgen del anuncio son múltiples, pero es necesario observarlas a través del lente de los datos que arrojan las principales variables macroeconómicas.

Círculo vicioso

Para entender lo anunciado durante la última semana del año, es necesario comprender la dinámica de las cuatro variables principales, que configuran el marco de la economía nacional.

La primera de ellas es el gasto público. Señalado por una gran parte de los especialistas en materia económica como la raíz de todos los males, el crecimiento del gasto fue explosivo durante la gestión anterior, pasando del 28,7% del Producto Bruto (PBI) al 42,2% entre 2007 y 2015, según datos de la OCDE. Fue y es, una de las grandes críticas al gobierno K. Se esperaba de la actual gestión, un cambio en la matriz del gasto, pero en lugar de ello, el gradualismo implicó una tibia reducción en 2016 (41,8% del PBI), y un fuerte incremento en 2017, a tono con las necesidades del año electoral.

En efecto, el gasto primario total (aquel que incluye el pago de intereses) se incrementó un 29% en los primeros once meses del año, según el Ministerio de Hacienda de la Nación. Nada que se parezca a un fuerte ajuste. En el mismo lapso, los ingresos crecieron solo el 22,6%.

Como resultado, el rojo fiscal, la segunda variable determinante, se mantiene por demás elevado. El déficit primario, entre enero y noviembre asciende a $153.000 millones, un 111% más que en igual periodo del año pasado. El déficit financiero, aquel que considera el pago de intereses, se eleva hasta los $387.000 millones en el mismo lapso, un 69% más que el año pasado. Este dato, permite entender que tras dos años en que el faltante de recursos se saldó mediante la colocación de deuda, los intereses comienzan a preocupar.

Esta es precisamente la tercera variable. En lo que va de la gestión Macri, la deuda pública creció un 35%, por un total de u$s 90.000 millones. La deuda pública total asciende hoy a u$s 344.000 millones.

Los intereses son la cuarta parte de la rueda, y ya son una pesada carga. En los primeros once meses de 2017, significaron $234.000 millones, un 49% más que en 2016. Computando el pago de intereses, el déficit asciende al 6% del PBI.

El funcionamiento de las cuatro variables se ha convertido en un círculo vicioso, que se retroalimente peligrosamente. El incremento del gasto engrosa el déficit, y provoca la necesidad de incrementar la toma de deuda, lo cual agiganta el peso de los intereses. Un peligroso límite, ya atravesado en la historia reciente, está a la vuelta de la esquina. Es aquel en que el monto de los intereses se hace tan grande que requiere la toma de nueva deuda para refinanciar la deuda, haciendo que la génesis del círculo deje de ser el gasto y pase a ser el peso de los servicios financieros.

Nuevas metas

Desde el inicio de la gestión, el principal objetivo de política económica fue combatir la inflación. En la visión de quienes conducen la economía nacional, la inflación es un fenómeno únicamente monetario. Hasta el momento, los datos no hacen más que darle la espalda a esa premisa. La nueva meta inflacionaria de 15% para 2018 anunciada el jueves y el inmediato rebote en el tipo de cambio, no hacen más que dejar a la vista el fracaso de la utilización de la tasa de interés como única herramienta para evitar el crecimiento del nivel general de precios. Si el error de cálculo fue del 7% en 2017, con la nueva meta habría que esperar una inflación no menor al 20% para el 2018.

El círculo vicioso descripto anteriormente, no está ausente de la decisión que acaba de tomarse. Las altas tasas sostenidas por el BCRA para sus letras (Lebacs), generó un formidable negocio financiero secundario conocido como “bicicleta” o “carry trade”. Los capitales ingresaban en dólares desde el extranjero, se convertían a pesos para colocarse en Lebacs obteniendo una rentabilidad en pesos cercana al 30%, y gracias a la estabilidad del tipo de cambio durante los primeros once meses del año, volvían a dólares logrando una renta segura en dólares, difícil de conseguir en otras plazas del mundo. Esa operatoria acumula hasta el momento un stock de Lebac por $1,2 billones de pesos y representa intereses acumulados por más de $300.000 millones en dos años, los cuales se suman a los mencionados intereses devengados por la deuda pública.

Esa inercia es la que el gobierno intentó quebrar con los anuncios de este jueves. La idea del equipo económico es lograr tasas de interés más bajas que den aire a la inversión productiva, y permitan fortalecer el crecimiento.

El costo de los anuncios es elevado. En términos políticos, la conferencia conjunta entre la conducción del BCRA y del Ministerio de Hacienda, se traduce como el final de la proclamada independencia del BCRA respecto a la política económica del gobierno. Un ideal que hasta el día de hoy sostiene la teoría económica ortodoxa, pero que difícilmente se verifica en países que presentan las tensiones macroeconómicas que muestra Argentina. El Senador Pichetto lo señaló sin anestesia en la sesión del día miércoles cuando expresó “el Presidente del BCRA cree que está al frente del Bundes Bank”.

Lo sucedido en dicha sesión del Senado de la Nación, será otro costo político a pagar por la administración Macri. El Congreso aprobó el Presupuesto 2018 con una pauta inflacionaria del 10%, horas antes que el gobierno decidiera “relajar” esa pauta un 50%.

En términos económicos, significa que el gobierno ha decidido que el objetivo de bajar la inflación ya no será prioridad en 2018. El objetivo principal será el crecimiento económico. Un triunfo interno de Nicolás Dujovne por sobre Federico Sturzenegger.

Tácitamente, significa el anuncio de una devaluación del tipo de cambio. El mercado se encargó de trasladar de inmediato la expectativa de menores tasas al precio de la divisa. Los argentinos, expertos en “pass trough”, saben que tarde o temprano, ello significará más inflación.

“No pensamos que el cambio de las metas se traslade a precios. Deberían generar menores expectativas inflacionarias”.
Nicolás Dujovne,
ministro de Hacienda
de la Nación
Datos
50%
La corrección anunciada en las metas de inflación para el 2018. El objetivo pasó del 10% al 15% para el año que viene.
6%
El déficit fiscal en relación al PBI, incluyendo el pago de los intereses.
u$s 90.000
Los millones que creció la deuda pública en los últimos dos años.
Corresponsalía Cipolletti

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