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Aquella noche de Copa, la imagen fue todo.

Cuando de la boca de Jorge Benítez, entonces DT de Boca, surgió el chorro de saliva que impactó en el rostro de Adolfo Bautista, jugador de las 'Chivas', su final como entrenador 'xeneize' había llegado a su fin. Pero no fue sólo su final. También lo fue para Boca, en una temporada que se imaginó de gloria -la del malogrado 'Xentenario'- y que se vive como una pesadilla.

La mala actitud de Benítez funcionó como el punto de fuga por el cual escaparon los gravísimos errores cometidos por la dirigencia de Boca durante toda la temporada. Tras la eliminación escandalosa de la Libertadores ante 'Chivas', el 14 de junio pasado, Mauricio Macri, presidente del club, justificó el despido/renuncia de Benítez diciendo que la agresión del ex DT a Bautista era una "oscura mancha" al prestigio internacional ganado por Boca durante los últimos años, los de su presidencia.

Sin embargo, han pasado catorce días desde la eliminación y no hubo ni una palabra de autocrítica de parte de la dirigencia boquense. Para ellos todo fue culpa de Benítez y su inacción frente a las actitudes de sus jugadores. Pero nada se dijo sobre las decisiones tomadas sobre la política deportiva, que llevaron al club a protagonizar su peor campaña como visitante en una temporada: 12 derrotas en 17 partidos; y la peor temporada de torneos cortos: 48 puntos.

Las decisiones que tomaron los dirigentes y las que tomó Benítez, pero que ellos avalaron también pulverizaron el prestigio del club.

Porque es inaceptable que Boca esté terminado el Clausura en el puesto 15 y jugando con apenas cinco profesionales en la cancha y tres sentados en el banco -uno de ellos lesionado y sin chances de jugar- para cumplir con el reglamento de los ocho profesionales obligatorios.

El desprecio por el torneo local lo llevó a quedar fuera de la Copa Libertadores, este año y el que viene, porque no le dan los puntos. Y esto también fue responsabilidad de la dirigencia, no sólo de Benítez. Una dirigencia que nunca asumió su responsabilidad de dirigir seriamente la transición tras la ida de Carlos Bianchi.

Está claro entonces, que no todo fue la escupida de Benítez.

Juan Mocciaro

jmocciaro@rionegro.com.ar


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