"Esas cosas milagrosas" 

El director de teatro argentino, Jorge Lavelli, vive en París desde los 27 años. Sobrevivió haciendo de todo. En los "70, "algunas penas" ya habían pasado y su genio creativo y atrevido, lo llevó a ser uno de los referentes más osados, dentro de la ópera francesa. Sus puestas en escena son montadas en el mundo entero, y cada vez que puede, trabaja en la Argentina, donde considera que sin tanta ayuda del Estado, los grupos logran hacer cosas hasta milagrosas.



PARIS (especial).- Con una de las primeras becas que otorgó el Fondo Nacional de las Artes en la disciplina Teatro, llego a principio de los 60 a París el director de teatro, Jorge Lavelli. La beca era por seis meses, que se ampliaron a un año. Luego siguió estudiando en la Universidad del Teatro de las Naciones, que se creó en ese momento, y eso lo retuvo más tiempo. "Sobreviví, haciendo diferentes cosas, como escribir para emisiones de radio de lengua española", recuerda. Jorge Lavelli pasó de "sobrevivir" en los "60, a vivir como uno de los referentes más fuertes y polémicos dentro de la ópera francesa en los "70. Pero antes, en el 63 le ofrecieron participar en el gran concurso de jóvenes compañías, institución que no existe más, y en la que obtuvo el gran premio por "El matrimonio", de Witold Gombrowicz.

En ese momento su intención no era quedarse en París pero fueron apareciendo trabajos en Europa; todo se encaminó de otra manera y empezó en Francia y otros países. Desde entonces, reside aquí. Otra cosa que marcó su vida profesional fue cuando Jean Vilar, al retirarse del teatro, para quedarse como director del Festival de Avignón, lo eligió como su sucesor para continuar su trabajo. A esto se sumó la inauguración del Teatro de la Ville, con una pieza de Shakespeare.

Ya era director de un teatro parisino, al que bautizó Théâtre National de la Colline. Con este baustismo comenzó una actividad que duró diez años. Fue uno de los cinco teatros nacionales, y tuvo la característica de orientar y concentrar su actividad en el aspecto creativo de la literatura dramática contemporánea y, particularmente, de la dramaturgia de la postguerra. Su dirección terminó en 1996, y desde entonces continúa como director independiente, "con más libertad de elección. Como ahora, por ejemplo que trabajo bastante con el Teatro General San Martín de Buenos Aires", dice.

- ¿Qué buscaba cuando se vino a París?

- Buscaba la manera de informarme, de ver cómo se practicaba el teatro en el extranjero. No estaba muy seguro del país que quería; fue París porque coincidió con el Festival de Naciones. En él confluía una cantidad impresionante de teatros europeos y que no se conocían porque las guerras y postguerras hicieron que esa actividad cultural no se practicara. El descubrimiento de ese festival y el atractivo de una ciudad mítica, me llevaron a decidirme por París.

- ¿Hasta dónde llega su libertad en cada trabajo?

- En una relación de búsqueda especulativa, sin objetivos, podría ser diferente, pero en un trabajo profesional en el que se puede elegir una obra y aceptar o no, realizarla en las mejores condiciones posibles, no existen límites a la libertad.

- ¿Todo tiempo es bueno para la dramaturgia?

- Aunque en algunos años ha quedado en la sombra, el aporte de los grandes dramaturgos es fabuloso y seguirá nutriendo a la dramaturgia y a la literatura dramática. Nada es despreciable y todos hicieron su contribución al teatro que es un espacio tan libre como la novela. El teatro tiene una relación inmediata con su tiempo, siempre está modificándose y transformándose de acuerdo a la realidad. Es una actividad artística en la cual siempre hay un descubrimiento personal.

- ¿Qué nuevo "descubrimiento" tiene en mente?

- Estoy con la idea de llevar una obra de Calderón de la Barca que me dará la posibilidad de entrar en el mundo de un autor absolutamente extraordinario, para quien, justamente, la libertad quería decir mucho. Un autor que no termina de sorprenderme por su imaginación, su reflexión sobre el mundo y el hombre. Me fascina esa fantasmagoría que inventa con relación al teatro de su tiempo, a los medios que utiliza. Es un teatro de gran libertad pero poco conocido por gran parte de Europa. Hacer su teatro también es la libertad.

- ¿Y el teatro que ve hoy en día?

- El teatro se hace con relación a la situación, a los medios que se utiliza. No se hace en el absoluto.

La última obra que monté esta temporada es de Copi, y que no había sido publicada; la escribió en argentino y es una pieza recuperada. Con ese humor sarcástico de Copi, esta tragedia que sucede en la Pampa húmeda, es un recorrido de búsqueda de una familia en la que algunos integrantes terminan en Buenos Aires, otros en el norte. Hay una relación entre la música, los personajes y la muerte, de donde se desprende un cierto mensaje optimista.

- ¿Qué opinión tiene del teatro actual en Argentina?

- De la Argentina conozco sobre todo Buenos Aires, a la que considero muy musical y muy teatral, donde la renovación artística va muy rápido y no tiene esa especie de dependencia de los años 50, esa especie de relación humilde dependiente de la corriente europea. Ahora va tomando otro carácter, tiene personalidad. He visto esa tendencia en Brasil, donde quedé sorprendido con algunos espectáculos en San Pablo. Existe en estos países una forma de libertad mucho mas grande y una interesante manera de mezclar los géneros. Hay un interés de abordar al teatro no sólo por el texto escrito, sino con una identidad que nace a través de la utilización de medios artísticos paralelos.

-Y para ello la libertad...

- Sí, porque esa libertad puede que logre en laArgentina, lo que había generado el teatro independiente de los años 30 hasta los 50 y 60: una búsqueda diferente, tal vez, al servicio de aspiraciones e ideales que se tenían por aquellos años, pero que tiene relación con la evolución cultural, social y política. En Europa todo depende de la infraestructura política (si el Estado no da dinero, pareciera que nada se puede hacer). Yo creo que en esos países donde el Estado aporta muy poco, la imaginación, la voluntad y la inteligencia de la gente permiten que se hagan cosas casi milagrosas. Y el aporte universitario, claro, tan importante en todos los países, pero por sobre todo en Argentina.

Oscar Sarhan 


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