Escuela de rock

Jack Black es un ser desagradable. Y pesar de esta particularidad, alguien capaz de sacar lo mejor o lo peor de cada persona. Porque, por sobre todas las cosas, perdón… ¿qué estoy diciendo? Es que cuando menciono a Jack Black, el actor, entiendo que ha conseguido una identificación tan inaudita con su personaje Dewey Finn que me dejo seducir por la idea de que uno no es sin el otro; inclusive, que Jack Black es realmente aquel profesor desquiciado que lidera una banda llamada “Escuela de Rock”. Y para cerrar la idea: porque, por sobre todas las cosas, Dewey es un maestro en el amplio sentido de la palabra en materia de sobrevivir a las propias frustraciones, a las luchas cotidianas que se interponen a los sueños. Presentemos a Dewey Finn. El hombre, un guitarrista bastante digno en el medio local de bandas de garaje, acaba de ser expulsado del grupo que él mismo fundó luego de un patético show en el que rebasó sus muy laxos límites de cordura. Para colmo, su mejor amigo y ex compañero en las viejas lides roqueras, influenciado por una pareja tan detestable como el mismísimo Dewey, acaba de solicitarle que pague cuanto antes su parte del alquiler del piso que comparten en Manhattan. Una confusión bien aprovechada por Dewey termina con el inquieto guitarrista dando clases en una exclusiva escuela privada de la Gran Manzana. Se trata de un curso compuesto por chicos adormecidos a causa de la disciplina del lugar y de la ceguera de unos padres represores. El resto es historia. A su modo, “Escuela de Rock” integra un círculo de películas inspiradoras hasta grados insospechados, como fue en su momento “La sociedad de los poetas muertos”. Es decir, historias apasionantes pero que, vistas desde determinada altura intelectual, pueden pasar por superficiales. “La sociedad de los poetas muertos” es cualquier cosa menos una película superficial. La vocación que tenía inscripta en sus diálogos aspiraba a conseguir algo más duradero que un simple gesto de camino a la sonrisa. La escena en que cada uno de los pibes es invitado a caminar según su particular estilo y ritmo es definitivamente especial. “Escuela de rock” es, además, una de las películas más entretenidas que haya generado la industria americana en los últimos años, al mismo tiempo que una de las más incorrectas en el género de la comedia, no porque establezca como fin el desquicio de las reglas de una escuela sino porque detrás de su fachada naif existe un propósito, un deseo de búsqueda y de libertad. Hay una escena realmente extraña que resulta mejor apreciada en sus dos versiones. La primera ocurre en el salón de clases. Dewey y el tímido guitarrista interpretado por Joey Gaydos Jr. tratan de sacar juntos los tonos de un clásico de Deep Purple. En rigor, es Dewey quien guía al chico que supuestamente nunca en su vida ha tocado la guitarra eléctrica. El punto es que en pocos minutos la banda arma una respetable versión del tema. Si uno tiene la oportunidad de ver el DVD descubrirá que fuera de cámara ocurre lo contrario: es el chico, Joey, quien en un ensayo le muestra los tonos correctos a Black. En algunos pasajes que contiene el material extra del DVD se puede apreciar a un Joey desatado, improvisando, comprometido con su arte. Y otro tanto ocurre con el resto de los jóvenes. “Escuela de rock” es una historia ficticia que sólo fue posible para el actual universo del cine gracias a que efectivamente hay chicos con talento y padres dispuestos a apoyarlos en su vocación. Al final de la partida, la película entrega su moraleja: la banda de los chicos pierde -el trofeo se lo lleva la más formal “No vacancy”- pero repite. Dewey Finn y Jack Black son un disparador. Dewey les recuerda a los chicos que hay más que un simple abrir y cerrar de ojos frente a cada instante de la vida, que la rebeldía plantea una discusión acerca de las ideas institucionalizadas, que la revolución interior empieza por preguntas tales como ¿qué me gusta hacer? y ¿Cuánto soy capaz de dar?, interrogantes que hoy en día vienen con los manuales de negocios. Ya ven, el marketing también ha sacado rédito de las lecciones de filosofía.

Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar


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