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Escuelas sin ratones

Por Gerardo Bilardo



Auquinco es un pequeño pueblo del norte perdido en el mapa de la provincia. Está ubicado a pocos kilómetros de Chos Malal y allí hay un edificio nuevo.

Los lugareños dicen que ésa es la construcción más hermosa del paraje y cuentan que entre esas cuatro paredes funciona una escuela que abre sus puertas en setiembre y las cierra en mayo.

Pero en Auquinco se torna realmente difícil educar a los alumnos. Los padres se han quejado porque en la flamante construcción abren una canilla y el agua no sale, las lámparas de iluminación no se encienden y hay problemas con el gas.

¡Qué lejos está Auquinco de conectarse a Internet! ¡Y qué cerca están de la red los funcionarios que ocupan oficinas de la administración pública donde abundan los internautas!

Para un ministro o un secretario de Estado es tan sencillo acceder a una computadora con un módem, como lo es para un paisano montar a caballo en aquel lejano paraje del norte neuquino.

El uso diferenciado que hizo el Estado en materia de informática en los últimos años es injustificable y hasta resulta ofensivo para los alumnos que están perdiendo la oportunidad de romper con esta nueva barrera de alfabetización que se impone sobre el fin del milenio.

Neuquén se lanzó a buscar el apoyo de Internet durante la actual gestión de gobierno. El servicio que recibe el Estado lo presta una empresa privada que cerró un polémico contrato con el Banco de la Provincia del Neuquén.

De este modo, la institución bancaria se transformó en el proveedor de todos los organismos públicos, apoyado tecnológicamente por su contratista. Y uno de los argumentos utilizados para defender este negocio fue precisamente el destino que iba a tener Internet en el sistema educativo.

Pero Internet no sólo no pasó por Auquinco -donde está claro que antes de pensar en el chip de una computadora se deben resolver problemas más domésticos- sino que tampoco llegó a la mayoría de los colegios de esta provincia. Y algo más grave: desde enero último, Educación dispone de 200 cuentas para poner el mundo en manos de los alumnos a través del ratón de una computadora, pero lo cierto es que muy pocos colegios están conectados a la red.

Aun si Internet llegara a las escuelas de esta provincia, los directores deberían optar entre usar el teléfono para que los alumnos aprendan a usarla o reservar el cupo de gasto que les asigna el gobierno para hacer llamadas de emergencia.

Resulta claro que el gobierno ha privilegiado el uso de esta tecnología para alimentar su propia burocracia y no la educación. De lo contrario, las escuelas de la provincia no sólo no estarían luchando para no perder el servicio de gas por falta de pago, como ocurrió en Zapala la semana última, sino que ya estarían conectadas a la red para apostar por un mejor servicio educativo.

El viernes pasado, un cronista de este diario le preguntó al titular del Consejo Provincial de Educación, Guillermo Viola, cuántas escuelas estaban conectadas a Internet. Viola se quedó en silencio y lo único que recordaba era que el área a su cargo disponía de 200 cuentas desde enero.

Cualquier padre que envía a su hijo a un colegio público tiene la respuesta que Viola no conoce: en la mayoría de las aulas Internet brilla por su ausencia.

Si muchas escuelas no cuentan con este instrumento de comunicación y el Estado paga por conexiones reservadas para el área educativa, sería interesante saber a dónde fue a parar el dinero. O en el mejor de los casos, quién se quedó con el servicio que tendría que estar a disposición de los estudiantes.

Pero no es justo afirmar que el gobierno se ha desentendido por completo de Internet. En verdad demostró un gran interés, especialmente en las últimas semanas, al publicar páginas especiales para dar a conocer informes sobre la gestión de gobierno.

Este apuro por divulgar información tiene que ver con la inocultable intención de los funcionarios por amortiguar el impacto de la segura batalla que se va a librar a partir del 10 de diciembre, cuando asuman las nuevas autoridades.

La que se aproxima será una discusión similar a la que ya se planteó en diciembre de 1995, cuando Felipe Sapag se quejó de su antecesor Jorge Sobisch porque le dejó la casa desordenada. La diferencia es que ahora el gobierno dispone de otro medio -Internet- para anticiparse a la lluvia de críticas que está por llegar.

Lo paradójico de todo esto es que una de esas páginas virtuales que se acaban de colocar en Internet pertenece a Educación. Sin embargo, hubiera sido mucho más productivo que los funcionarios que están a cargo del área se preocuparan por llevar Internet primero a las aulas, antes que armar su sitio virtual en la red.

Este contraste es indicativo de cuáles son las prioridades en política educativa. Parece ser que es más importante difundir lo que hizo una gestión que se está despidiendo, antes que inaugurar una escuela como corresponde. Y esto último es lo que precisamente ocurrió allá en Auquinco, donde los chicos, además, se quedaron con ganas de jugar con el ratón.


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