Cuando vio que su compadre Tomás arrancaba por la izquierda en la media cancha, intuyó que algo bueno podía pasar: el Loco del Ciotto (que en paz descanse) era de esos jugadores todavía más rápidos con la pelota que sin ella, así que el Nene empezó a picar por la derecha para ganarle la posición al Lobo Carrascosa, el capitán de la Selección. Hasta ese momento, Travesino no había cambiado una palabra con su marcador, gloria del Huracán de toque y toque que supo crear el Flaco Menotti. Con su 1,67 sólo estaba un centímetro abajo del tres argentino, pero le impresionaba ese físico trabajado sin un gramo de grasa, como los de sus compañeros, para colmo más altos, en especial ese grandote que esperaba en el banco, la cara tallada en piedra y apellido inquietante: Killer. Promediaba el primer tiempo y el Nene estaba algo molesto: notaba una actitud displicente en los jugadores del equipo nacional.

–Al principio tocábamos sin que nos marcaran, como si dijeran los vamos a dejar jugar un poco. Eran muy superiores y la nafta no nos daba para mucho, pero en cada dividida metíamos y metíamos, así que después cambiaron la actitud –recuerda.

“Sabía que Tomaso iba a desbordar: era pura potencia y velocidad. Pasó a tres y tiró el centro. La paré y me salió Gatti: me tapaba todo. Cerré los ojos y le pegué. Pasó de caño...”
El Nene Travesino y su relato de la jugada
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Su compadre primero dejó atrás al Japonés Pérez, después al primer central Olguín (campeón del mundo un año más tarde) y enseguida al segundo zaguero, el áspero Roberto Mouzo, emblema de Boca. Lo mejor estaba por venir: un centro rasante hacia atrás para que Travesino llegara lanzado para amortiguarla justita y dejarla ahí. Sentía el aliento de Carrascosa en la nuca y del arco salía a toda velocidad otra leyenda bostera, el Loco Gatti, que se arqueaba y abría los brazos para taparle todos los caminos. En esa décima de segundo en la que los goleadores deciden, el Nene optó por pegarle: le pareció que si se jugaba a gambetearlo, Gatti lo iba anticipar y que además le daba chance a Carrascosa de cuerpearlo. Cerró los ojos y le entró.

“A mi lo que me molestaba es que los de la Selección se quejaban de la humareda de los choris. ‘Mucho humo, mucho humo’, decían. ¿Estos se piensan que a nosotros no nos molesta?’, pensaba yo”.

–Justo el Loco estiró la pierna izquierda y quedó el hueco. Le pasó de caño. ¿Si le apunté ahí? No, hay que decir la verdad, viejo, hay que decir la verdad: entró de ojete –dice y larga la carcajada.

Después alzó los brazos y caminó lento al encuentro de sus compañeros: no siempre se le va ganando un partido a Argentina y mucho menos un equipo del interior creado tras una fusión en 1974, que jugaría su primer Nacional en 1978. Pero aún faltaba para eso. Y esa noche el Nene se había cansado de las quejas de los jugadores de la Selección por la humareda de los choris. Con unos 8.000 hinchas y un estadio repleto aquel inolvidable miércoles 2 de marzo de 1977, los carbones ardían.

–Mucho humo, mucho humo, decían. ¿Estos no se dan cuenta de que a nosotros también nos molesta? –pensaba yo.

“Otra cosa que no me gustó: al principio nos dejaban tocar sin marcarnos mucho, como si dijeran los vamos a dejar jugar. Cuando se dieron cuenta de que metíamos en cada dividida, cambiaron la actitud”.
“Eran muy superiores. La nafta no nos daba para mucho, pero igual la peleamos. Te dabas cuenta de la clase que tenían en los detalles. Villa, por ejemplo, la rompió: un crack”.

A cara de perro

El amable amistoso como parte de un plan para llenar de calor popular en el interior a los jugadores que buscarían la gloria en 1978 terminó ahí: lo que siguió fue palo y palo y en el segundo tiempo la Selección lo dio vuelta en 10 minutos. Se fueron al humo y ya no les importó ni el de los choris. “Nos apretaron y el juez les pitó todas a favor. Igual ganaron bien”, dice el Nene. Aún recuerda la clase de Villa, autor de uno de los goles y futuro campeón mundial: “Qué jugador”.

Muchos de los integrantes de los dos planteles volvieron a encontrarse esa noche en el boliche Facundo, pero no se mezclaron, cada grupo por su lado. Para sorpresa del Nene, cuando entró supo que esa noche la estrella era él y no los ilustres visitantes. Eso sí, cuando se cruzó con Killer lo dejó pasar sin mosquear: “Ese te daba miedo”.

La historia del inolvidable gol del Nene Travesino a la Selección en Roca

Después, cada uno siguió su camino: Carrascosa se retiró del plantel, asqueado por la utilización política de la Selección que hacía la dictadura militar. Menotti, el DT, fue campeón del mundo en 1978, como tantos otros que estuvieron esa noche en la cancha del Depo. En septiembre de 1977, Gatti atajó un penal para ganar la Libertadores y después la Intercontinental con Boca. El entrañable Loco Del Ciotto estuvo en las calles de Roca festejando esos títulos, como siempre. Había jugado en las inferiores xeneizes hasta que se rompió los ligamentos. Después brilló en los años gloriosos del Depo hasta que un maldito virus le arruinó la vida. Partió de este mundo en febrero del 2014 y su compadre Travesino (padrino de uno de sus hijos) lo lamenta cada día.

“La cancha estaba de bote a bote, repleta. Imaginate lo que era que un club creado en 1974 tras una fusión le fuera ganando a la Selección en 1977...”
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¿Cómo terminó aquel 1977 para el Nene? En Puerto Madryn hizo el gol que clasificó al Depo a su primer Nacional. Recuerda los detalles: el pase largo, puntearla, el arco entre ceja y ceja, los centrales que lo manotean, zafar, zafar como sea, el arquero que sale.

–Ahí también cerré los ojos y le pegué. Hay veces que no te queda otra, como aquella vez con Gatti. Por suerte, esta también entró...

Después continuó con su rutina: goleador y campeón en los clubes de la región. Y entre cientos de historias, ahora rescata tres. La primera, aquella vez que el Nene Sanfilippo, por entonces DT del Depo, juntó al plantel en el centro de la cancha. “Vamos a aclarar algo. A partir de ahora acá hay un solo Nene: yo. A él le dicen Travesino”, ordenó. La segunda, cuando el Mumo Orsi (campeón del mundo con Italia en 1934, tras nacionalizarse) lo llevó a jugar a Mendoza, al Gutiérrez Sport Club: “Cada vez que el equipo la perdía, gritaba ‘¡Nene!, ¡Nene!’, un poco porque ya no veía bien y otro poco porque, como me había llevado, se sentía responsable y me echaba la culpa a mí”.

La última: los centros perfectos que tiraba otro Loco genial, Orestes Corbatta, en Tiro Federal, a donde había llegado para gastar sus últimos cartuchos después de brillar en Racing, Boca y la Selección. “Nada más tenía que poner la cabeza, la pelota doblaba y te buscaba a vos”.

¿Pudo haber llegado más lejos? Eso le dicen muchos. “Cuando hubo chances, Tiro pidió demasiado. No se dio, no importa. Estoy feliz con lo que hice, con lo que soy”. Ya es hora de terminar la charla: tiene que ir a buscar a su nieta al cole. Después será el momento de encontrarse con los chicos de su escuela, seguir contándoles todo lo que aprendió en las canchas. Y decirles, como siempre, que al fútbol se juega como se es en la vida.

Minibiografía de un goleador serial
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Fue así. Travesino y su dibujo del gol: “¡Qué jugada de Del Ciotto!”.

Ángel Travesino le hizo el gol a la Argentina a los 28 años. Hoy, con 69, tiene cinco hijos, seis nietos y otro en camino. Nació en Arizona (San Luis) y llegó a Roca a los ocho. Formado en Tiro Federal, jugó además en el Depo, Sol de Mayo, Unión de Allen e Independiente de Neuquén, entre otros. En todos gritó campeón y fue goleador con su pique corto, gran cabezazo pese a su estatura y su capacidad de definir, con más colocación que potencia. El apodo lo acompaña desde siempre y hasta sus nietos le dicen Nene.

“Esa copa nos trajo suerte”
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Carrascosa recibió la copa Asociación Israelita en Roca.

El Lobo Carrascosa recibió el trofeo que aportó la Asociación Israelita de General Roca de manos de su entonces titular, Marcos Zilvestein, ex presidente de Uníón de Allen e hijo de uno de los pioneros de Colonia Rusa. Hace más de 100 años, al oeste de Roca, inmigrantes de ese origen contribuyeron con el desarrollo de la ciudad. Cuando habían pasado 31 años del partido, a los 91, Zilvestein caminaba por la avenida Corrientes en Buenos Aires, acompañado por su mujer. Un hombre se detuvo a saludarlo. “Usted nos dio la copa en Roca”, le dijo. Y agregó: “¡Nos trajo suerte: al año siguiente ganamos la del mundo!” Después le dio un abrazo y se fue sin decir su nombre, solo comentó que había sido parte de la delegación en 1977.

“Jugaron bien, lealmente”, el elogio del DT Menotti al Depo
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La formación local: Poliserpi; Sánchez, Saldico, Centeno y Pagohuapé; Dolce, Guaita, Tapattá y Batalla; Travesino y Del Ciotto. Entraron en el segundo tiempo: Sierra, Beovide y Graneros. La de la Selección: Gatti; O. Pérez, Olguín, Mouzo y Carrascosa: Benítez, Oviedo y Villa; Houseman, Bravo y Bertoni. Entraron en el segundo tiempo: Ardiles, Felman y Luque.

La crónica de “Río Negro” rescató a Villa como la figura del partido: “Lejos, el hombre de la cancha”. Seguido por Bertoni: “Hizo muchas y todas fáciles”. En el Depo, Del Ciotto: “Imparable”.

Roca