Lo que empezó como un sueño está a punto de hacerse realidad en Buterfly Home, el orfanato ubicado en Moshi a los pies del pico más alto de África, el Kilimanjaro. ¿Qué hace allí Pato Vela, en el noreste de Tanzania, la neuquina de 31 años criada a orillas del Limay y formada en el IUPA en Roca? Le da, a toda velocidad, los últimos toques al parque musical que construyó junto al español Jaime y el brasileño Vini tras reciclar residuos y botellas plásticas. Así crearon instrumentos y armaron una huerta orgánica. Llevan tres meses en este desafío, tras conseguir 4953 euros gracias a un mecanismo de financiación colectiva de proyectos en la plataforma Indiegogo.

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Para los tres integrantes de Proyecto Mongó, son días de vértigo, emoción y ajuste de detalles para llegar a tiempo a la inauguración prevista para hoy con una fiesta que promete ser inolvidable. Las fotos y los videos que comparten en las redes sociales los muestran con los chicos al aire libre, lejos de las jerarquías de sillas y escritorios, lejos de los límites de las paredes, con juegos, bailes y un círculo que iguala a maestros y alumnos, es decir su manera de ver la educación.

“No hay palabras para explicar lo que se siente cuando cantan canciones que compusimos aquí o trajimos de nuestra tierra”.
Crónica de un sueño

Pato estudió en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes y luego fue docente allí. Dos años atrás inició un viaje que la llevó a Oceanía, Asia y Europa. Se ganó la vida cantando en las calles y en el camino conoció a Jaime y Vini. Juntos alumbraron la idea de crear parques musicales. El contacto y una charla en un círculo de mujeres abrió la puerta de construir uno en el orfanato de Tanzania que lleva adelante la Ong de Jennifer Valiente. Y ahora están a punto de inaugurarlo.

Lenguaje universal

“En el Iupa, en la cátedra de Iniciación Musical, mi rol era enseñar a niños desde el juego. Esa fue la puerta. Una vez que la abrí, descubrí que era un mundo enorme, lleno de tantas aventuras como niños en el aula. Y que nunca más me permitió acercarme a la música sin placer ni diversión. Descubrí que si podía jugar e imaginar junto a niños de 10 años, podía hacerlo en cualquier espacio de mi vida. Fue una puerta que nunca imaginé (había estudiado para ser guitarrista). Sin embargo, descubrí que en ese mar de alegría, juego y creatividad quería nadar. Y así, de tan fuerte el impulso, fue que llegué a Tanzania, a hablar una lengua que no tiene fronteras y no tiene limites. Y que no importa dónde, siempre conecta con el placer, la alegría, la entrega, si así se desea. Esa lengua es la música.

“Ver a niños de dos años cantar y bailar una canción con tanta pasión aunque no entiendan lo que dicen y al pasar los días escucharlos jugar en el patio y cantar y cantar o invitar a sus familias y escucharlos con sus hermanos y sus padres canturrear canciones que fuimos componiendo aquí o que traemos de nuestras tierras, no hay palabras para expresar lo que se siente. La música nos conecta, nos acerca, nos une!”

Las tres almas de Proyecto Mongó
La neuquina que creó un parque musical en Tanzania
¿Cuál es el perfil de cada uno?, quiso saber “Río Negro”. La respuesta: “Por la pregunta nos surgió un juego: cada uno tenía que pensar dos palabras que expresara como veía a los otros dos. Este es el resultado:
Jaime: revoltoso y creativo, el payaso meticuloso.
Vini: Imparable y sereno. Organización y constancia
Pato: maestra sensible.
Musiquita e imaginación.
El dato
4953
euros sumaron en la red de financiación colectiva de proyectos Indiegogo para invertir en Tanzania.

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Web oficial: www.parquemusical.com

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