“Estamos dispuestos a irnos del pueblo y radicarnos en otro lado”



Tengo 40 años y vivo en San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires. El motivo de esta carta es simplemente un grito de ayuda, como diariamente se dice, un manotazo de ahogado. Siento un poco de impotencia y tristeza a la vez por tener que llegar a esta situación. Mi esposo, Ulises, de 42 años, trabajaba aquí en Monte en una empresa petroquímica. Siempre cumplió debidamente con su puesto, se desempeñaba como operario en los reactores, pero dada su capacidad y los títulos que obtuvo con mucho sacrificio, fue ascendido a jefe de planta, hasta que un día, después de dos años, la empresa decidió reemplazar el personal y, sin motivos, lo despidieron, al igual que a mucha gente. Todo se derrumbó a partir de allí. Tenemos un hijo de 7 años y podrán imaginarse mi desesperación como madre, como la de mi esposo. Con 42 años no es fácil conseguir nuevamente un empleo y menos en esta zona, donde hay 2 ó 3 empresas nada más. Siempre me caractericé por tener una fe increíble, por ser una mujer de hierro, apuntalando a mi marido para que no bajara nunca los brazos y tratando de que Adriel no se diera cuenta de lo grave de la situación. Pero hace unos meses, esa fortaleza comenzó a decaer y todo terminó en un ataque de pánico que jamás imaginé llegar a tenerlo. Es más, no sabía lo que era y no se lo deseo a nadie. Hoy en día estoy en tratamiento, tratando de revertir esta situación y volver a ser la mamá de hierro que fui. Volviendo al tema, con la indemnización que le dieron a mi esposo en la fábrica, después de pensarlo mucho decidimos apostar a seguir quedándonos en este pueblo. Invertimos toda la plata en un negocio de venta de empanadas. Compramos todo lo necesario, alquilamos un local y nos largamos con mucha esperanza, trabajando juntos todo el día, con mucho sacrificio, desde las 10 de la mañana hasta pasada la medianoche. Siempre juntos, apuntalándonos. El primer mes funcionó todo muy bien, pero luego fue decayendo, las ventas comenzaron a mermar, ya no podíamos reponer mercadería y comenzamos a tener deudas. Así aguantamos tres meses con la esperanza de darle una oportunidad al negocio, pero no fue así. Tuvimos que cerrarlo, con mucha indignación e impotencia frente a tanto sacrificio puesto y el haber invertido todo el dinero que teníamos y perderlo todo. Ahora estamos sin nada, mi esposo no consigue empleo y yo con mi tratamiento intentando mejorar, pero el medio externo no es nada favorable para nosotros. Es por eso que con un poco de vergüenza, pero a la vez decidida a hacer todo lo posible para revertir esta situación, me animé a escribir esta carta. No estoy victimizándome ni exagerando, pero la realidad es que hoy en día casi no tenemos para comer, las deudas nos sobrepasaron y no vemos una salida muy cercana a todo esto. Pido perdón por este atrevimiento, pero sé que cuando sé es padre o madre alguien sabrá ponerse en mi lugar y entender de lo que estoy hablando. Estamos dispuestos a irnos de este pueblo donde ya no existen posibilidades y radicarnos en cualquier sitio donde haya empleo. Lo importante es el futuro de nuestro hijo, ya no queremos que pase más necesidades. Por favor, no espero una solución, pero si fuera posible alguna respuesta o una esperanza o por lo menos saber que han leído mi carta. Todos sabemos que hay un Dios y que todo lo que hagamos por alguien nos será recompensado. Desde ya muchas gracias y perdón nuevamente por este atrevimiento. Silvia Santagatti, DNI 21.738.008 02271-405098 (teléfono domicilio) 02226-15459888 San Miguel del Monte

Silvia Santagatti, DNI 21.738.008 02271-405098 (teléfono domicilio) 02226-15459888 San Miguel del Monte


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