La dieta cerebral: una tarde sin Instagram no nos modifica

El consumo intensivo de contenido breve y rápidamente cambiante se ha asociado con peores indicadores de atención y control inhibitorio, además de mostrar relaciones con ansiedad, estrés y bienestar psicológico. No se trata de demonizar las redes sociales.

Redacción

Por Rossana Martínez

Por Rossana Martínez* – Especial para RÍO NEGRO

Algo distingue a nuestra sociedad de generaciones anteriores: nunca supimos tanto sobre alimentación ni tuvimos tantas teorías acerca de lo que deberíamos o no deberíamos comer. Keto, ayuno intermitente, dieta flexitariana, Whole30… las opciones se multiplican y basta buscar una para que el algoritmo nos sumerja en diez más.

Pero pocas veces nos ocupamos de una dieta que, para mí, es fundamental y que yo llamo la dieta cerebral.

¿Te has preguntado alguna vez qué consume tu cerebro? ¿De qué se alimenta cotidianamente? ¿En qué focaliza su atención?

Desde hace un tiempo hay tres preguntas que me gusta hacerme. ¿Con quién comparto mi mesa mental?

Pasar tiempo junto a alguien que interpreta sistemáticamente las situaciones desde la amenaza, la queja o el pesimismo puede influir en nuestro propio estado emocional.

La psicología estudia desde hace décadas este fenómeno bajo el nombre de contagio emocional: en nuestras interacciones somos sensibles al clima emocional de quienes nos rodean. Y no recibimos solamente palabras. Un gesto, un tono de voz, una postura o un silencio también comunican. Esa influencia, además, puede producirse en entornos digitales.

¿Qué picotea permanentemente mi cerebro? Un reel. Otro. Una noticia. Una tragedia. Una receta. Una guerra. Una influencer perfecta. Un perro bailando. Otra noticia. Todo en tres minutos. ¿No te suena?

Nada de pensamiento positivo forzado


El consumo intensivo de contenido breve y rápidamente cambiante se ha asociado en investigaciones recientes con peores indicadores de atención y control inhibitorio, además de mostrar relaciones con ansiedad, estrés y bienestar psicológico.

No se trata de demonizar las redes sociales. Se trata de observar qué estamos consumiendo y cómo estamos utilizando nuestra atención.

¿Qué platos me sirvo a mí misma? “No voy a poder.” “No soy buena para esto.”

La manera repetida en que interpretamos determinadas situaciones puede contribuir a consolidar patrones de pensamiento y de respuesta emocional.

Todos sabemos hacer dieta durante unos días. Lo difícil es convertir una elección saludable en un hábito. Con nuestro cerebro sucede algo parecido.

Y aquí aparece la reevaluación cognitiva.

No consiste en cambiar “No voy a poder” por “Soy maravillosa y puedo con todo”. Eso sería un pensamiento positivo forzado. La reevaluación puede ser mucho más realista: “Esto me cuesta y todavía no sé hacerlo. ¿Qué necesitaría aprender para intentarlo?”.

No negamos aquello que sucede; cambiamos la manera de interpretarlo.

Porque, al igual que ocurre con la alimentación, una dieta imposible de sostener termina abandonándose. La dieta cerebral tampoco propone vivir sin redes, sin personas difíciles o sin pensamientos negativos. Eso sería imposible.

Podemos empezar por elegir qué cuentas seguimos, qué noticias consumimos y qué conversaciones decidimos prolongar. También podemos dosificar, generando momentos sin scroll.

Y, finalmente, repetir porque una ensalada no modifica nuestra alimentación y una tarde sin Instagram tampoco transforma nuestros hábitos atencionales.

Quizás nuestra dieta cerebral pueda comenzar con algo tan pequeño como ponerle una hora de cierre a las pantallas. Prepararnos un buen té y regalarnos unos minutos de silencio.

Y cuando aparezcan pensamientos como “no pude”, “no me salió” o “mañana tampoco voy a poder”, detenernos y preguntarnos: ¿qué parte es un hecho?, ¿qué parte es mi interpretación?, ¿qué aprendí?, ¿qué podría hacer diferente mañana?

Mi abuela repetía una frase cuando alguno de nosotros expresaba una preocupación o un miedo. Con esa sabiduría sencilla de las abuelas, nos decía a mis hermanos y a mí: “Mañana será otro día y lo vas a ver de otra manera.”

Hoy, cuando pienso en reevaluación cognitiva, aquella frase vuelve a mí. Porque siento que, a veces, necesitamos tomar distancia, descansar y volver a mirar.

Quizás mañana, en una reunión, alguien nos cuente que empezó una nueva dieta. Podemos escuchar, preguntar cómo le está funcionando y seguir conversando. Pero, mientras hablamos, tal vez valga la pena detenernos un instante y hacernos otra pregunta:

¿Qué está consumiendo hoy mi cerebro?

(*) Licenciada en Relaciones Públicas, especialista en Comunicación No Verbal, Neurociencia Aplicada y Programación Neurolingüística (PNL). Consultora empresarial, conferencista y docente universitaria, dirige R&M Management Consultants. Autora de varios libros, entre ellos TELARIUM.

@rym.management


Por Rossana Martínez* - Especial para RÍO NEGRO

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios