Longevidad positiva: cómo podemos planificar hoy el bonus track de la vida
Cómo empezar a dialogar con el futuro de cada uno. La importancia de autoobservarse para reinventarse. Cómo nos vamos a financiar en la vejez prolongada. Entrevista a Milagros Abud y Alicia Rozenblum, expertas en edadismo y diversidad etaria.
Quien tenga +40, +50 y ni que decir +60 es deseable que en algún momento empiece a entablar una amistad con su “yo del futuro”.
Si bien es cierto que el mundo se ha vuelto ansiógeno y no es cuestión de hacer futurología, no está nada mal pensar, diseñar y planificar en lo posible lo que los psicólogos llaman la autocontinuidad, que es decisiva a la hora de determinar nuestro bienestar a largo plazo, según sugieren. Desde la alimentación a ahorrar para la jubilación es amplísimo el abanico para empezar a contemplar no solo para vivir más, que esa no sería la prioridad, sino de vivir bien y mejor el resto de nuestras vidas.
Para relacionarnos con ese yo futuro recomiendan revisar el yo del pasado para no concluir como esa frase que el escritor Milan Kundera dijo alguna vez: “este imbécil que fui no me gustaría verlo nunca más”.
Esta fue la inquietud que les planteé a Milagros Abud y Alicia Rozenblum, las autoras del libro “La nueva longevidad. El bonus track de la vida”, recién editado por Vergara.

“La nueva longevidad nos propone un nuevo paradigma, que es el cambio de la vida en tres etapas como veníamos seteados, asociadas al ciclo vital: cuando somos jóvenes estudiamos, cuando somos adultos trabajamos y cuando somos viejos nos jubilamos. Estamos hablando en este nuevo paradigma de la vida en multietapas. ¿Qué quiere decir esto? Que vivimos muchas vidas en esta vida tan longeva, en esta vida de 100 años. Vamos a estudiar, trabajar, reinventarnos; vamos a tener otras carreras, cambiar de trabajo… Entonces estamos hablando que envejecer en esta vida que se vive en múltiples etapas es una oportunidad para poder parar la pelota, autoobservarnos y tomar decisiones en función de nuestro tiempo más allá de las exigencias que hay considerar sí o sí, como la de cuidados físicos, mentales y/o psicológicos, los ingresos que tendremos y el entorno afectivo”, afirman.
Insisten en un punto, que es básico: la planificación económica y financiera. “Si vamos a vivir muchos años más, cuanto antes empecemos a planificar nuestra vida y nuestros ingresos, mejor va a ser ese futuro nuestro”.
Y refuerzan: el cuidado de los vínculos. Escaneemos este punto en ese diálogo con nuestro futuro. “Si hay algo que la vejez trae es la soledad no deseada”. Acá, las entrevistadas sugieren que no solo hay que prever relaciones con contemporáneos sino también con gente de distintas edades. “Nos gusta poner el acento en el concepto de intergeneracionalidad; hoy estamos conviviendo en la vida hasta con cinco generaciones distintas, incluso en los trabajos. Cómo empatizar y estar juntos con gente de otras edades es fundamental agendar”.
La reinvención personal
¿Qué rol le dan a la reinvención personal? “La reinvención no solo implica asumir los cambios y atravesarlos sino que es un proceso complejo de transformación a través del cual aprendemos básicamente a autoobservarnos, a hacernos cargo de nuestras capacidades, intereses, debilidades, desafíos y ponerlas al servicio de lo que necesitamos. Esto nos ayuda a tomar decisiones con mayor conciencia y libertad. La reinvención implica asumir un papel de protagonistas de nuestra vida versus el sentirnos víctimas de nuestro destino. En virtud de esta vida que se alarga, ¡qué importante es poder decidir desde cuál de estas posiciones, víctima o protagonista, queremos habitarla! La reinvención tiene que ver con romper la inercia, con cambiar la cabeza y en general surge de una incomodidad, implica una evolución, un cambio que viene a la vez de afuera y de adentro, como de un motorcito interno. Es entonces cuando decimos: la pasión vence al miedo que todos tenemos’.
¿Cómo puede darse esas reinvenciones?
“Pueden darse en todas las dimensiones de nuestra vida: en lo personal, cuando impactan en nuestra identidad, autoconcepto, autoestima; en lo vincular, cuando afectan nuestras relaciones familiares, amistades, pareja; a nivel vocacional, laboral u ocupacional; en lo corporal y en muchas más. Vale aclarar que si bien la reinvención puede originarse en una sola dimensión, inevitablemente impacta en todas las demás porque somos seres integrales. Resulta interesante poder darle cierto orden y protagonismo a las distintas variables que se ponen en juego en este proceso de creciente complejidad que es la reinvención”.
¿Qué cuestiones debiéramos tener en el radar para movilizar estas reinvenciones?
“Por ejemplo, el cuerpo que es un gran mensajero. Si nos damos el permiso de escucharlo, puede guiarnos hacia cambios y transformaciones significativas en nuestra vida. La relación que construimos con él implica un proceso de adaptación consciente, tanto de lo que sí amamos como de aquello que nos cuesta integrar. El cuerpo es un fiel portavoz de lo verdadero, es un vehículo de manifestación de algo que se está dando, a veces somos conscientes o no. Cuando algo no es coherente y no está alineado con vos, el cuerpo manda mensajes, ¿no? Después está en uno cuánto quiere escuchar y cuánto no. Por ahí uno tiene un dolor y va a un masajista, pero a las dos semanas vuelve el dolor porque si no tomamos con conciencia qué se está jugando en esa sintomatología corporal, el dolor va a repetirse”.
Reiteran: “Nuestro cuerpo es portador de mucha información que desconocemos y lo interesante entonces es pensar qué lugar le damos a las señales que nos da el cuerpo. ¿Cuántas veces naturalizamos dolores crónicos, desoímos malestares y forzamos a nuestro cuerpo a adaptarse a situaciones, o bien a un ritmo y a un estilo de vida que nos afecta seriamente?”.
En síntesis, “tengamos la edad que tengamos es necesario empezar a tener conversaciones mirando primero cómo está nuestro yo de ahora, qué cosas quiero potenciar y qué estrategias necesito generar para acompañarme en un futuro”.
Vivimos un cambio sin precedentes. Somos la primera generación que llega a los 70 años con más tiempo, energía y posibilidades que nunca. Entonces, surge inevitablemente una pregunta: ¿qué vamos a hacer con todos los años que ganamos?.
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