Excepciones

La relación del argentino promedio con la ley es asunto que debería ser objeto de estudios interdisciplinarios, por curiosa y contradictoria.

Se exige el cumplimiento de la letra legal, pero por lo común se sospecha y descree -a veces con razón- de aquellos que deben aplicarla, sobre todo cuando la decisión perjudica al interesado…

Del mismo modo, se reclama que «todo el peso de la ley» recaiga sobre aquellos que la violan, pero a la vuelta de la esquina se asumen actitudes que vulneran hasta las más elementales normas, como no estacionar en doble fila, por ejemplo. Y en ocasiones, más de un inspector de tránsito se ha llevado un golpe sólo por hacer su trabajo.

En fin. Tenemos los argentinos cierto principio maniqueísta de conveniencia en nuestra relación con la ley, ya sea en actitudes públicas o en la intimidad.

El caso es que las normas legales no lo resuelven todo y, de hecho, una buena ley tiene cierto margen de interpretación que la pone en contexto. Incluso un crimen puede tener atenuantes aun cuando deba ser penado.

Como se dijo, estas conductas impregnan la vida cotidiana hasta en los tópicos más triviales. Veamos algunos ejemplos sanmartinenses.

Desde el bloque vecinalista en el Concejo se puso el grito en el cielo por la cantidad de excepciones a las ordenanzas que regulan los usos del suelo y fijan las directrices urbanas.

Se dice que el 90% de los temas que trata la comisión de Planeamiento del Deliberante son, en efecto, pedidos de excepción.

Con buen tino, la bancada cree que semejante performance es un aviso de que las normativas deben revisarse. Sin embargo, propone terminar con las excepciones como si eso fuese posible y aconsejable.

Cuando se creó la normativa en cuestión, los concejales ni siquiera se habían planteado la idea de la proliferación de «cibers» o de casas de venta de juegos para PC y plataformas de video, de modo que el «uso» no estaba previsto.

Sin juzgar la utilidad de tales comercios, lo cierto es que si no hubiera habido una primera excepción ninguno de ellos funcionaría hoy en San Martín.

Ahora veamos el problema en un sentido contrario. Muchos de los que solicitan excepciones urbanísticas recurren al Deliberante con el hecho consumado, en ocasiones habiendo realizado ya fuerte inversión.

Al final, los ediles ceden en todo o en parte, y el vecino se sale con la suya cuando en realidad no era otra cosa que un infractor.

Si el vecino o comerciante construyó una pared donde no debía y luego pide el permiso, lo correcto sería decirle que tire la pared -aun cuando haga berrinches-, pues como mínimo es obligación de los profesionales que lo asistieron en la obra conocer los límites del código urbano… y preguntar primero.

Las excepciones no son siempre transgresiones. Son aplicables o no lo son y, en consecuencia, son razonables y/o superadores de la propia norma o no lo son.

Sólo la interpretación en el marco de ciertos límites permite dilucidar la diferencia, aunque siempre se aplique la misma ordenanza.

Y si resulta que la interpretación ha sido errónea, antojadiza o sospechosa, entonces los responsables deberán rendir cuentas.

 

Fernando Bravo

rionegro@smandes.com.ar


La relación del argentino promedio con la ley es asunto que debería ser objeto de estudios interdisciplinarios, por curiosa y contradictoria.

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