“Expulsados” de las zonas bajas



El azote furtivo en las zonas más bajas de Auca Mahuida empujó a los guanacos a trepar el enorme volcán dormido, en cuya cima se erizan antenas grandes y pequeñas de diferentes empresas que, descontroladamente, se han instalado allí.

Bien adaptados a la altura -pueden vivir a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar- estos animales consumen todo tipo de pasturas esteparias pero tienen especial predilección por el coirón.

En las aguadas que brotan de la mole de piedra (el Auca Mahuida mide 2.228 metros), los guanacos suelen toparse con las majadas de chivas de los lugareños y por ende también con los perros pastores que, obvio, no dudan en atacar a los camélidos.

La bióloga Natalia Radovani explica que las tropillas más consolidadas de guanacos de Auca Mahuida viven a unos 1.250 metros sobre el nivel del mar, un nivel de estepa mixta que, más arriba, da lugar a la flora herbácea que constituye uno de los platillos favoritos de los guanacos.

Novaro, por su parte, consideró que “el aprovechamiento económico incipiente que se esta haciendo de la lana y, en menor medida, de la carne de guanaco en Patagonia, puede ayudar a conservarlo”.

Sin embargo, consideró que “es muy poco probable que hoy sea un mecanismo suficiente para salvar a la mayor parte de las poblaciones que aún quedan de guanacos silvestres”.

Al respecto agregó que para “la reducción del furtivismo y de la competencia con el ganado, y la creación de áreas protegidas son esenciales”. (AN) 

“Están acelerando la desaparición”

El trabajo elaborado por los biólogos Natalia Radovani, Andrés Novaro y Susan Walker -del Conicet y de la fundación norteamericana Wlidlife Conservation Society- establece que las densidades de guanacos declinaron de manera alarmante en los últimos 20 años y en toda la provincia. Pero en los sitios del sur declinaron en promedio un 70%, mientras que en los sitios del norte declinaron un 92%.

Los científicos indicaron que la merma del 92% “se ha dado incluso dentro de la única área protegida con guanacos que tiene la provincia del Neuquén, la reserva de Auca Mahuida, donde se ha permitido la extracción petrolera”.

En ese contexto, concluyeron que la declinación histórica del guanaco no se ha detenido “ha continuado en los últimos 20 años en los dos principales núcleos poblacionales de la provincia de Neuquén”. Para los investigadores, dos argentinos y una estadounidense, “los caminos de exploración petrolera facilitarían el acceso de cazadores y estarían acelerando la desaparición de los guanacos en una amplia zona del norte de Neuquén”.

Para Novaro, Radovani y Walker debería controlarse la caza furtiva y reducir la carga ganadera que, ademas de competir con el guanaco, está degradando irreversiblemente las pasturas en extensas zonas. Para reducir la caza furtiva -agregaron- es “indispensable fortalecer los cuerpos de guardafaunas provinciales”.

En el caso particular del norte de Neuquén, destacaron, “deberían cerrarse de forma inmediata las picadas petroleras, sobre todo las de los costados a las rutas de acceso. En esto deben contribuir las empresas petroleras, que están obteniendo enormes beneficios con la extracción del petróleo encontrado gracias a la apertura de esas picadas”.

Por otro lado, consideraron que deben crearse e implementarse áreas protegidas en la estepa patagónica en áreas que contengan poblaciones de guanacos. Actualmente un alto porcentaje de la superficie del bosque andino-patagónico de Argentina está en áreas protegidas, pero solo el 0.7% de la estepa patagónica está en áreas protegidas que cuenten con cuerpos de guardaparques provinciales o nacionales. (AN)

Nota asociada: Guanacos, en grave riesgo por cazadores furtivos sin control  

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