Exxon, la mayor petrolera del mundo, va tras inversores para Vaca Muerta



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<span style="text-transform:uppercase">Empresas de primer nivel a escala mundial tienen en la mira a Vaca Muerta como un negocio atractivo para las inversiones. </span>

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Energía

roberto aguirre

robertoaguirre@rionegro.com.ar

Exxon Mobil, la petrolera integrada más grande del mundo, salió a la búsqueda de un socio para dos bloques neuquinos, La Invernada y Bajo del Choique, con la intención de lanzar un proyecto de no convencional en Vaca Muerta.

Según confirmó a “Río Negro Energía” el gerente de Asuntos Públicos, Tomas Hess, la firma apunta a sumar un inversor “para el desarrollo de ambos bloques”, aunque aclaró que los proyectos de exploración de la compañía siguen firmes. También detalló que los horizontes a explorar son no convencionales, confirmando el interés de Exxon en ganar posiciones en el shale argentino.

La petrolera estadounidense abrió un data room para intercambiar información sensible de ambos bloques, de los cuales retiene el 85%. El restante 15% es en ambos casos de la estatal GyP, la dueña de la concesión y la que participa del negocio a través de un esquema de carry.

Con esta apertura de terreno, Exxon busca posicionarse en el mercado del shale local, del cual participa de forma incipiente. Por estas horas es la quinta operadora en cantidad de pozos perforados, aunque su presencia es mayor si se consideran sus múltiples sociedades en distintas áreas, casi todas volcadas al negocio del shale.

Según datos de la Secretaría de Energía, la empresa estadounidense perforó cinco pozos en La Invernada y Bajo del Choique. Sin embargo, sólo uno está bajo producción en esta última locación, denominado X-2. Parece poco, pero esa perforación es por estas horas la que mejores resultados ha obtenido sobre la formación shale neuquina. Devolvió en agosto unos 80 metros cúbicos de crudo liviano por día.

Más allá de la cifra absoluta, lo interesante es cómo sostuvo un nivel de producción que duplicó el promedio de sus competidores en los primeros meses de vida. Fuentes del sector aseguran que el éxito está en el diseño de la perforación. Se trata de un pozo de 4.570 metros, de los cuales 3.570 se hicieron de forma vertical y el resto horizontal. Tuvo unas 15 etapas de fractura y costó casi 20 millones de dólares, coinciden en el mercado. Es una cifra aún alta, pero que puede mejorarse con la escala.

Sólo YPF consiguió pozos similares, aunque con menor producción y menos etapas de fractura, en la zona occidental de Loma Campana. Sin embargo, la compañía nacional no orienta por estas horas todos sus esfuerzos a las perforaciones horizontales.

Con su pozo estrella como avanzada, Exxon busca ahora fondos para entrar en una etapa de desarrollo de los bloques. Aun con su enorme espalda financiera –que le permitió inclusive sumar activos como lo hizo en Parva Negra Este, donde compró un porcentaje a Petrobras–, la compañía más grande del mundo apelará a un mecanismo de sociedades “farm in” para financiarse, acaso para no repetir el error que cometieron muchas grandes operadoras en Estados Unidos que finalmente tuvieron que vender posiciones a firmas más chicas.

La experiencia del norte

La literatura económica del siglo XX reserva un lugar especial para Exxon. Nació de la mano de la vieja Estándar Oil de John Rockefeller, que replicó en el mundo de los negocios el agresivo modelo de política exterior de Estados Unidos en el que América Latina se veía como un patio trasero.

Ya bajo su nombre actual, la petrolera se convirtió en el emblema de empresa globalizada. En su libro Imperio Privado, el periodista Steve Coll la calificó como un “un Estado empresarial dentro del Estado americano”. La compra de Mobil en 1999 por 88.000 millones de dólares la dejó compitiendo mano a mano con Wal-Mart en el ranking de 500 empresas con mayor facturación en el mundo que elabora la empresa Forbes.

Cuando Rex Tillerson reemplazó a Lee Raymond como CEO de la compañía, algo en la firma cambió. El discurso y las prácticas se modernizaron y la empresa transitó un camino de aggiornamento que impactó en lo técnico.

Tillerson estudió en el comienzo del siglo XXI el creciente mercado del shale en Estados Unidos a través de pequeñas compañías. Como todas las empresas “majors” del sector Exxon llegó tarde. Pero dio un golpe de efecto en el 2009, cuando compró XTO, una operadora mediana pero con una cartera de proyectos no convencionales de gran nivel. La operación rondó los 40.000 millones de dólares y la convirtió en la principal productora de shale gas de Estados Unidos.

Pero la compra trajo sus problemas. Las cuentas de la compañía ya no dejan las ganancias de antaño, por los altos costos de la producción no convencional. Los especialistas creen que se trata más bien de un cambio de concepción y que hay que acostumbrarse a los retornos de más largo plazo.

Lo cierto es que con todo este bagaje Exxon aspira a hacerse un lugar en Vaca Muerta, la formación en producción más importante del mundo fuera de Estados Unidos.

El segundo desembarco

La empresa estadounidense opera en la Argentina casi desde el descubrimiento del petróleo. Lo hizo a través de diversas firmas y con fuerte incidencia en el downstream a través de Esso, línea que vendió en el 2012 a los hermanos Bulgheroni.

El segundo desembarco en el país lo concretó en el 2009, en una de las rondas de áreas que hizo la petrolera provincial GyP. Quedó a cargo de la operación de dos áreas por entonces marginales, pero que ahora se revaluaron al calor de Vaca Muerta.


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