Fin del viejo paradigma (II)



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río suelto

juan mocciaro jmocciaro@rionegro.com.ar

El extraordinario ascenso de All Boys y el impactante descenso de Rosario Central iluminan, como ya lo hizo la consagración de Argentinos, el estado crítico del fútbol argentino y acentúan el fin del viejo paradigma de equipos chicos y poderosos equipos grandes. Cualquiera puede salir campeón porque, como los mismos protagonistas lo sostienen, cualquiera le puede ganar a cualquiera. Pero esto ya no ocurre entre los equipos de la misma categoría. También ocurre, como se vio en la serie entre “albos” y “canayas”, entre equipos de distinta divisional. No se trata de cuestionar a Argentinos porque en la paridad, el mejor fue Argentinos, sin dudas. Sí se trata, en cambio, de pensar que todo ocurre entre equipo debilitados futbolísticamente y quebrados financieramente. Es cierto que se mal administró el dinero, pero también lo es que el recurso escasea cada vez más. Es indudable que a las viejas asociaciones civiles (tan queribles como necesarias) le cuesta cada vez más sostenerse en un fútbol que administra dineros excesivos. Deportivamente, Argentina es potencia futbolística y por eso está directamente involucrada, pero económicamente no lo es y los que lo padecen son las asociaciones civiles. Se hacen cargo de sostener diversas actividades deportivas y sociales y complejos deportivos. El fútbol profesional es cada vez más costoso para una estructura institucional que no fue pensada para tanto costo. Por la calidad de sus jugadores, Argentina es de primer mundo. Sus instituciones, en cambio, pierden fuerza en la disputa económica. Los modelos de Banfield y Lanús, elogiables por cierto, son de cabotaje. Es necesario redefinir los modos en que los clubes generan recursos genuinos para ser competitivos y no depender de la mano interesada del empresario “amigo”. El fútbol argentino ya no lo resiste más.


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