Francia, Mercosur y UE
El próximo 11 de mayo finalmente se realizará la esperada reunión entre el Mercosur y la Unión Europea con la que, en la ciudad de Bruselas, se espera poder reanudar –de una vez– la muy dilatada negociación en procura de sellar un acuerdo de libre comercio entre ambas organizaciones comerciales.
Hasta ahora, la negativa actitud proteccionista y obstruccionista que fuera asumida por la Argentina durante la larga –e ineficaz– gestión de Cristina Fernández de Kirchner conspiró intensamente contra la posibilidad de avanzar en dirección a cerrar ese acuerdo.
Para Francia, esa razón fue probablemente la excusa ideal que le permitió permanecer casi en silencio y no revelar demasiado su intención y actitud real, contraria a celebrar ese trato.
No obstante, el cambio de gobierno argentino parecería haber renovado la posibilidad de alcanzar ahora el demorado acuerdo. Por eso Francia ha salido de pronto a la palestra y ahora pide insistentemente una prórroga de la fecha antes señalada, porque teme (como siempre) que el tratado de libre comercio lastime a sus malcriados y fuertemente subsidiados productores rurales, que tienen cautivo al mercado del Viejo Continente y no quieren que esa situación se altere.
Para ello Francia pretende que, antes de cualquier reunión con el Mercosur, se conozca el resultado de un estudio sobre el “impacto” que ese acuerdo de libre comercio podría eventualmente tener sobre el sector agropecuario europeo. Patear la pelota a la tribuna, entonces. Haciendo humo.
Francia estaría siendo apoyada en su pretensión por Polonia, Austria, Grecia, Irlanda, Hungría, Rumania, Lituania, Estonia, Letonia, Chipre, Eslovenia y Luxemburgo. No es poco. Pero tampoco es sorpresivo. Sus “compañeros de ruta” eran en esto previsibles.
Pero lo cierto es que hay también otros países, como España, Alemania, Italia, Gran Bretaña, Portugal y Suecia, que son partidarios abiertos de avanzar lealmente con las negociaciones y cerrarlas lo antes posible. La Comisión Europea tendrá que tomar una decisión, saldando las posiciones de sus miembros.
Francia pretende, como cabía esperar, que se excluyan del acuerdo una serie de partidas arancelarias que tienen que ver con el sector agropecuario, donde sus productores nacionales se han beneficiado –y se siguen beneficiando– con la situación actual, en la que reciben importantes subsidios y protección, y por ello no serían competitivos respecto de sus pares del Mercosur.
Si esa fuera la forma de negociar de todos, lo cierto es que no habría jamás acuerdo sobre nada, desde que cada uno protegería a sus propios productores en todos y cada uno de los sectores de la economía.
Francia muestra la hilacha nuevamente evidenciando cuánto más le importa proteger a sus productores agropecuarios que aceptar el resultado del libre comercio, esto es que aquel que es más competitivo pueda acceder a los mercados abiertos, también en materia de alimentos.
Históricamente, no hay que olvidar (ni silenciar el hecho) que Francia ha sido una de las grandes responsables de los enormes daños que las conocidas actitudes proteccionistas y exclusionistas de Europa han causado al agro sudamericano durante muchos años.