Frente a la evasión fiscal

por ALEARDO F. LARIA



Especial para “Río Negro”

Una de las causas de la alta evasión fiscal es la falta de reproche social a los evasores. Cuando en una sociedad, frente a amigos o conocidos, se puede hacer alarde del incumplimiento fiscal, algo no marcha bien. El pago regular de los impuestos es el deber social por excelencia, el mayor ejercicio de solidaridad social concebible en las sociedades modernas. Por tanto, la aceptación o la connivencia con las formas más groseras del fraude fiscal son signos de atraso y decadencia.

En los Estados modernos se hacen constantes esfuerzos por mejorar la eficacia de la administración tributaria. De acuerdo con la práctica internacional, una de las medidas que suelen adoptarse consiste en aplicar sanciones penales a las conductas graves de incumplimiento. Por otra parte, se utilizan las modernas técnicas de informatización para mejorar los procedimientos de identificación y control de la evasión. Estas tecnologías son también eficaces para evitar los amplios márgenes de discrecionalidad de los funcionarios que favorecen los espacios de corrupción.

La implantación de una cultura fiscal es consecuencia de un esfuerzo persistente y prolongado de las autoridades. Las campañas educativas de persuasión, y la información sobre el destino de lo recaudado son importantes. Pero no existe progreso en este terreno hasta que no se consigue introducir el factor riesgo, es decir la percepción íntima de que el incumplimiento tiene altas posibilidades de ser detectado y sancionado.

Para conseguir este efecto, las administraciones tributarias de los países más avanzados, se han dotado de eficaces cuerpos de inspectores altamente especializados y bien remunerados.

Otro elemento de disuasión del incumplimiento, es la aplicación de fuertes sanciones económicas a los evasores. En Europa, las multas que se aplican sobre las cantidades evadidas, además de las tasas de interés, suelen ser del orden del 150 %. De modo que quien evade y es descubierto, debe asumir el pago de una vez y media más de lo evadido.

En Argentina, los procedimientos de recaudación establecidos en el Código Fiscal de la Provincia de Buenos Aires, y las rudas intervenciones del subsecretario de Ingresos Públicos, Santiago Montoya, han provocado las reacciones airadas de algunos medios que consideran desproporcionada esas actuaciones. Efectivamente, “los órganos recaudadores deben obligarse a extremar el respeto por la dignidad y los derechos de los ciudadanos”. Pero en ocasiones el exceso de celo por las formas ampara una resistencia inconsciente a aceptar el rigor en la aplicación de la ley.

El Colegio de Abogados de la provincia de Buenos Aires se ha quejado de las leyes antievasión que otorgan a Rentas la facultad de embargar bienes de morosos sin autorización judicial. “Al establecer un fuero especial u otorgar excesivas facultades a funcionarios del Poder Ejecutivo, se atentan contra los derechos y garantías de los contribuyentes al atribuirle funciones y poderes propios del Poder Judicial”, según el Colegio de Abogados bonaerense. Pero en todos los países desarrollados se regulan mecanismos de recaudación especiales, que permiten que la Administración se incaute y embargue, por procedimientos acelerados, los bienes y recursos de los defraudadores, sin perjuicio de conceder a posteriori, recursos ante los tribunales de justicia especializados. De esta manera se aplica el tradicional principio solve y repete (paga y luego reclama).

Es evidente que la existencia de una evasión generalizada, genera en los contribuyentes un incentivo para evadir. “Si otros no pagan, por qué tengo que pagar yo”; “si yo pago y mi competidor evade, me fundo” son los pretextos usuales para acallar la mala conciencia tributaria. Es por ello que para aplicar una misma presión impositiva real, hace falta aplicar con contundencia los mecanismos de recaudación.

Cuando el propietario de una 4×4 ha dejado de pagar las patentes de su vehículo durante varios años y adeuda un importe superior al 10 % de su valor, el secuestro de la unidad no parece una medida desproporcionada. Si todos los contribuyentes pagaran con regularidad sus impuestos, las tasas impositivas se podrían reducir. De modo que el rigor en el ejercicio de recaudar, debe ser visto como un modo de aproximarse a una mayor justicia fiscal.

La eficacia en la recaudación permite también subsanar otra distorsión características de los sistemas tributarios ineficientes: el peso excesivo de los impuestos indirectos como el IVA, más fáciles de recaudar, pero más inequitativos. El aumento de la desigualdad en la distribución de la renta que registran las estadísticas en Argentina, está directamente relacionada con la ineficacia en la recaudación de los impuestos directos. De modo que recaudar más y mejor no sólo contribuye a repartir proporcionalmente la carga entre los contribuyentes (justicia fiscal) sino también a distribuir mejor el ingreso y alcanzar así una mayor justicia social.


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