Fría acogida al gobernador Cordero en Bariloche

El ex guerrero del Paraguay y criticado funcionario al frente de Río Negro llegó junto al lago

uando a fines de enero de 1905 trascendió en los diarios nacionales que los pobladores de la Colonia 16 de Octubre establecidos en el Oeste del Chubut manifestaron su «necesidad de que se termine la mensura del terreno reservado para pueblos antes de que termine el verano», no estaba claro si Esquel surgiría definitivamente. El reclamo era claro (LP del lunes 30 de enero) en una determinación: no querían «vivir más en ranchos rudimentarios y formar un núcleo de población».

Era evidente que desde Chile, la pérdida de valiosos valles a través de lo resuelto por el fallo arbitral de 1902, motivó la formación de varias compañías con asiento limítrofe y aspiraciones de una ocupación por lo menos comercial en el terreno perdido.

La primera fue la Compañía Cochamó que abrió el camino (una brecha apenas en una cordillera llena de abismos y dificultades topográficas) desde el Pacífico a El Manso, para acceder así hasta el Valle Nuevo (El Bolsón) y que más tarde fue el paso preferido de bandidos. Allí libraron balaceras con policías de uno y otro lado de la cordillera.

A fines de enero de 1905, cuando el naturalista Kosvlosky y el ingeniero Lin ya anunciaban en Puerto Santa Cruz que venían de comprobar que los lagos Argentino y Buenos Aires eran aptos para salmones y truchas, llegaron un año antes al lugar donde surgiría Esquel, los señores Hoffmann y Deffar «representantes de la nueva compañía chilena Bodudahue» (sic).

Como había sucedido antes con la Cochamó, tenían necesidad de facilitar el cruce de la cordillera para asegurarse los frutos de los valles perdidos y tener –po lo menos– el manejo de su producción, empezando por el ganado bovino.

La noticia sobre Hoffmann y Deffar se completaba así: «Aquellos abrieron un nuevo camino de la cordillera que facilitará la salida al Pacífico de los productos de esta zona y evitará que hagan un largo viaje al Atlántico».

En realidad el «camino» fue una brecha tan dificultosa como la de Cochamó – El Manso, que nació en el fondo del fiordo Comau, frente a la isla de Chiloé, donde se echa el río Vodudahue (con «V», como figura en casi toda documentación cartográfica). Pero aquella picada o «camino de herradura» apenas flanqueaba unos kilómetros al Vodudahue desde el Comau para luego incursionar en los flancos aguas arriba del río Barceló. Al cruzar la cordillera, la «picada» bajaba a los lagos Los Palos y Cisne para alcanzar el brazo Oeste del lago Menéndez.

En realidad durante años lo que hubo –de uno y otro lado en esa zona– fue explotación de bosques de alerces milenarios.

Que se sepa, el único que pasó ganado –pocos animales, dificultosamente y recién en los años '40– fue el solitario y enigmático francés Eugenio Legroff, aquel que vivió en una cueva a orillas del lago Futalaufquen, y de quien se dijo había defraudado a un banco de París. En la desembocadura del Vodudahue en el chileno fiordo Comau, el 4 de enero de 1962, los expedicionarios que buscaron las míticas cataratas del río –entre ellos quien esto escribe– escucharon de boca del viejo poblador Evaldo Rhevein, que el solitario Legroff fue encontrado muerto a media cordillera por el cruce del Barceló donde había construido un ranchito de apoyo a sus constantes travesías. (Al fondo del entonces desolado fiordo Comau ho está el parque Pumalín, bucólica propiedad del millonario norteamericano Douglas Tompkins).

Pero en 1906, cuando surgía Esquel y el chiquilín Legroff correteaba por las calles de París sin imaginar que llegaría a conocer vírgenes bellezas sureñas y mucho menos sospechar que moriría en ese paraíso, seguía la ofensiva de las compañías chilenas.

Desde principios de marzo de ese año los diarios porteños registran la llegada desde Chile de Jorge Rencoret a la todavía infanta capital neuquina. ¿Quién era Rencoret realmente?

Lo sabían muy bien los británicos hermanos Preston (Francisco y Douglas) gerentes de las estancias inglesas de Chubut y Río Negro de la Compañía de Tierras Sud Argentina, de capitales ingleses pero sede en Cangallo 564 de Buenos Aires (pero directorio que sesionaba en el 8 Finch Lane de Londres). Ellos trataban con Rencoret jugosas ventas de ganado a Chile.

Ante la notoria suba del precio que experimentó la hacienda, un corresponsal en Neuquén entrevistó Rencoret –seguramente hospedado en el hotelito del «tano» Mangiarotti–, que dio una semblanza del potencial de la empresa.

«Se halla en ésta (por Neuquén) y estará varios días, el señor Jorge Rencoret, inspector general de una compañía chilena agrícola ganadera. Como se atribuye a esta compañía la suba que han sufrido los precios de la hacienda, conversé con el señor Rencoret…», explicó el corresponsal.

La compañía se habí constituido con 5.000.000 de capital para comprar hacienda de toda clase, contaba con establecimientos frigoríficos y pensaban duplicar el capital invertido. Sus operaciones las concretaban en Chubut, Río Negro y Neuquén a través de otras siete casas de comercio con 50.000 pesos de capital y extensos campos. Rencoret y sus empleados cruzarían inmediatamente a Río Negro para comprar 120.000 ovejas.

Poco después, el martes 3 de abril a las cuatro de la tarde de abril «llegó el gobernador señor Cordero a San Carlos de Bariloche en compañía de sus dos sobrinos señores Juan Anchezar, jefe de policía y Lorenzo Ramasco, secretario privado». La noticia aclaraba que «existe un juicio de contrabando de mercaderías y explotación clandestina de bosques contra la firma Hube y Achelís de Bariloche que asciende a más de cuatrocientos mil pesos, cuyo expediente se halla en el Ministerio de Hacienda. Se asegura que este asunto será arreglado administrativamente, por lo cual se pondrán en juego influencias. El sobrino del gobernador tiene el poder de la casa Hube y Achelís, para arreglar el asunto. Con este motivo es muy comentada en dicho punto la presencia del apoderado y de su tío, el gobernador de territorio».

Este último, teniente coronel retirado del Ejército a quien se le reconocía como guerrero al Paraguay, fue uno de los más criticados gobernadores rionegrinos. Acusado de ejercer un insistente nepotismo, no logró, sin embargo, que su hijo abogado fuera nombrado secretario letrado en la jurisdicción de su gobierno.

Una noticia generada en Bariloche respecto a la llegada de Cordero, menciona a Ramasco, pero no a al jefe de policía Juan Anchézar. Puntualiza que el «vecindario hizo un frío recibimiento al gobernante debido a la desvinculación en que vive la autoridad policial con el elemento ilustrado local».

Cordero permaneció varios días en Bariloche y después viajó a Puerto Montt, donde estaba la sede central de la empresa de Hube y Achelís. Había mucho dinero en juego por el juicio a su empresa, ese pleito que hacía tiempo había motivado la llegada al lago del juez letrado del territorio, el probo Dr. José Luis Ruiz Guiñazú.

¿Cuál era la situación en Bariloche al arribo del gobernador Cordero? Las opiniones sobre los temas de gobierno y de la administración nacional estaban divididos. El comisario José Alanís gozaba de tantas simpatías como de adversarios. Estos últimos, aprovechando la presencia del gobernador presentaron 22 cargos contra su gestión y mantuvieron una persistente campaña atacándolo. También había rencillas entre el demarcador de la colonia y del pueblo Eliseo Schieroni y el representante del ministerio de agricultura respecto de los bosques y la administración de la colonia Nahuel Huapi Umberto Giovanelli.

El viaje del gobernador a Chile pasaría a caldear las peores sospechas respecto del arreglo con Hube y Achelís, los poderosos de la región. Se preparaba un bote para que el viejo guerrero al Paraguay –sólo tenía 55 años– cumpliera la proeza de bajar los rápidos del río Limay y llegar a Neuquén. ¿Lo haría?

(Continuará)

FRANCISCO N. JUAREZ

fnjuarez@sion.com

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