Frigerio marcó una época



El autor de “Economía Política y Política Económica Nacional”, que se publicó en varias ediciones a partir de 1981, es más conocido por su candidatura a presidente de la Nación, con el regreso de la democracia en 1983 o, en todo caso, por haber sido el más entrañable colaborador de Arturo Frondizi en su extraordinaria gestión de gobierno, que por sus notables aportes al pensamiento económico argentino.

Sin embargo, los historiadores e investigadores imparciales de la economía argentina van a toparse, una y otra vez, con las obras de este hombre fuera de serie, dueño de una energía intelectual singular que, aun conociendo en detalle las diversas escuelas económicas y valorando en ellas sus particularidades más salientes, se animó a pensar una economía específica para sacar a la Argentina del atraso en que fue quedando relegada con el paso del tiempo, por razones que se detuvo en explicar y con propuestas que sólo muy parcialmente han sido llevadas a la práctica.

Frigerio, para decirlo en una sola frase, es un patrimonio intelectual de la Argentina. Revisó cuidadosamente el proceso histórico y buscó en él un “hilo conductor”, que explicase tanto las fases expansivas de nuestra economía, como los frenos y retrocesos. Escribió, entre libros y opúsculos, una treintena de obras, muchas de las cuales son materia de coleccionistas, como lo es la Revista Qué, la cual dirigió entre 1956 y 1958, cuando cedió la plaza a Raúl Scalabrini Ortiz, con quien mantenía una sólida amistad intelectual y mutua admiración.

Entre esos libros se destaca la “Síntesis de la Historia Crítica de la Economía Argentina”, que también publicó Hachette en 1979. Allí sostiene una tesis que ya había expuesto en 1958, cuando contribuyó a formular la propuesta para el sector agrario, dentro de un plan global de desarrollo. Frigerio, quien provenía en su juventud de la izquierda, respondió a esta corriente en el fundamento mismo de su tesis sobre la economía argentina, al sostener que no se requería una reforma agraria, bandera que había impregnado hasta el radicalismo en su famoso Programa de Avellaneda, sino un proceso capitalista de inversión y tecnología en el campo argentino, particularmente en la pampa húmeda.

Frigerio será recordado como un industrialista, y en eso se estará en lo cierto, pero él fundamentó que había que dotar al campo de tractores, agroquímicos y capital de trabajo, es decir, potenciar su capacidad productiva e insertar a la Argentina en el mundo como productora no ya de meros 'commodities', sino de productos con cada vez mayor valor agregado. Muchos años después escribió una columna en Ambito Financiero, diario que no comulgaba editorialmente con sus ideas pero que siempre las registró y las respetó, publicándolas con frecuencia, que tituló: “El campo es hoy una industria”.

Igualmente célebres fueron otros títulos de esa serie, como “El salario es mercado”, por ejemplo, donde sostuvo la tesis de que sueldos en alza aseguraban una prosperidad sostenida de nuestra economía, en confrontación con las escuelas liberales que fundaban la suerte de nuestra economía en su “competitividad” basada en las bajas remuneraciones.

A Frigerio se lo considera el fundador del desarrollismo argentino, así como a Frondizi se lo ha consagrado ya como el presidente que gobernó con esas ideas con altura de estadista. Sin embargo, ninguno de ellos se reconocía al principio en esa denominación, que fue más bien un mote que le endilgaron sus adversarios. Frondizi se consideraba un radical aggiornado y Frigerio denominó a su grupo “integracionista”, donde llegaron socialistas, peronistas, nacionalistas y hasta expulsados del comunismo. Sin embargo, les quedó el nombre que les pusieron quienes no los apreciaban y ellos se conformaron con él.

Filosóficamente hablando, Frigerio tenía formación dialéctica, hegeliana y marxista, aun cuando disputó con los marxistas locales con gran firmeza teórica y política. Es que sus años de 'Insurrexit', en la década del treinta, lo foguearon para advertir sus debilidades y la no aplicabilidad de las tesis que sostenía la izquierda tradicional, devenida profundamente conservadora en las ideas. Frigerio propuso, al final de esa experiencia estudiantil, la “disolución” del Partido Comunista argentino, algo que la burocracia no estaba dispuesta a tolerar en modo alguno, y a la que no respondió con argumentos sino con el mote de “burgués capitalista” y cosas peores aún, dando muestras de su escasa imaginación y su nula percepción de los problemas reales de la sociedad y la economía argentinas.

La mayoría de las obras de Frigerio es de carácter político, pero unas cuantas son más específicamente económicas y en todas está su propuesta de desarrollo: en ese sentido insistió una y otra vez en completar la estructura económica argentina de modo de crear condiciones nacionales de acumulación de capital. Ese gran objetivo permitiría, dada la gran potencialidad de nuestro país para producir diversas mercancías con alta demanda mundial, lanzar un proceso expansivo e integrador de la sociedad y las regiones geográficas, que se sustentara en el tiempo.

 

 

 

GUILLERMO ARIZA (Periodista).

Especial para “Río Negro”


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