Fuerte respaldo de la Iglesia al reclamo docente

Críticas al gobierno durante el Vía Crucis realizado en el oeste. El cierre fue en el CPEM 69, donde Fuentealba daba clases.





NEUQUEN (AN).- La iglesia católica neuquina respaldó ayer abiertamente el reclamo de los docentes, criticó las acciones represoras del gobierno y reinvindicó las acciones de denuncia. Lo hizo durante el tradicional Vía Crucis de los barrios, a pleno sol por las polvorientas calles del oeste neuquino, y en la voz del cura Tony Qualizza, quien guió una procesión que sumó a medio millar de personas. El jueves, el obispo Marcelo Melani fue elocuente al hablar sobre la extensión del conflicto: se debe más a «la incapacidad» del gobierno que a otras cuestiones.

La marcha de fieles se inició en el barrio San Lorenzo, hasta Independencia y desde allí a Gran Neuquén y a Cuenca XV, más precisamente al patio del Centro Provincial de Enseñanza Media 69, donde Carlos Fuentealba enseñaba matemática, química y las artes para hacerse fuerte en la necesidad.

«Carlitos te aparecía con zapatillas si veía que te hacían falta, te rompía para que estudies y nos decía que si nos salía un laburo que agarremos y que sigamos estudiando a la noche, que él nos ayudaba», lloró Ismael Lignay, un chico de 15 años que no pudo dejar de indignarse. Cuando las estaciones del Vía Crucis se hacían muy largas, Ismael alzaba los caños del cartel que identifica al colegio y arrancaba con su bronca. Es más, cuando un hombre en malla y ojotas, pasado de vino tinto, le gritaba a Qualizza, a Dios y a la justicia, Ismael se le plantó para que respete.

«Acá había un cartel grande contra Sobisch, pero anoche vinieron los del MPN, rompieron el cartel y cortaron el teléfono», se quejó el muchacho.

La recorrida por las calles, realizada bajo un sol que rajaba la tierra, fue seguida por cámaras y ojos de prensa de los medios con alcance nacional. El escenario muy lejano a cualquier postal.

La columna de fieles que seguía a Qualizza y a los integrantes de la Pastoral Social se encontró con la de los alumnos de Fuentealba y el colegio 69 en la esquina de Pérez Novella y Potente. Allí, los chicos, casi todos adolescentes, recibieron aplausos y algunos abrazos. También los comentarios descreídos de media docena de pibes que fumaban marihuana bajo una cortina de fresnos.

Hubo muchas mensajes.»Las tizas no se manchan con sangre: hoy todos somos Carlos Fuentealba», se leía en el acceso al CPEM 69.

Además del mensaje de respaldo a las luchas sociales, Qualizza y la Pastoral colgaron sobre una cruz de palos torcidos los nombres de las víctimas de la represión, del olvido y de la negligencia. En el cartelito del centro se leía Carlos Fuentealba, muy cerca estaba el de Silvia Roggetti pero también se vieron los nombres de los cinco hermanitos quemados en una casilla.


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