Fuertes críticas a las barreras inmigratorias en el cierre

Los presidentes cuestionaron con dureza la política aplicada por la UE. También objetaron los precios de alimentos





TUCUMÁN.- Los gobernantes del Mercosur y de los Estados asociados rechazaron ayer por xenófoba la nueva ley inmigratoria europea y atribuyeron a los subsidios agrícolas la crisis alimentaria mundial.

El pronunciamiento lo firmaron los mandatarios de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Chile, Bolivia, con ministros de Ecuador, Colombia, Perú y México.

«Los presidentes de los Estados parte del Mercosur y Estados asociados rechazan cualquier intento de criminalización de la migración irregular y la adopción de políticas migratorias restrictivas, en particular hacia los sectores más vulnerables, las mujeres y los niños», se afirmó en el documento final de la XXXV Cumbre.

La definición sobre la política inmigratoria europea llegó el mismo día en que el presidente francés Nicolas Sarkozy hizo una brutal afirmación: «Francia y Europa no pueden absorber toda la miseria del mundo».

La declaración de los 10 gobiernos latinoamericanos sostuvo «la necesidad de luchar contra el racismo, la discriminación, la xenofobia y otras formas de intolerancia».

San Miguel de Tucumán pareció estar durante la Cumbre bajo estado de sitio, acordonada por millares de policías que convirtieron en un desierto el casco céntrico, mientras los mandatarios se manifestaban contra la política inmigratoria de la Unión Europea (UE).

La declaración de los 10 países exhortó a los países desarrollados a «evitar los multimillonarios subsidios que distorsionan la competitividad y la falta de apertura de sus mercados a los productos de países emergentes» que «profundizan las causas de las migraciones, esto es la pobreza estructural y la exclusión».

En el sentido contrario a la 'Directiva de Retorno' europea, que castiga con cárcel y deportación a los inmigrantes sin papeles, los sudamericanos aprobaron la eliminación de los pasaportes y fijaron el uso de los documentos de cada nación para circular por la región.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, había declarado que «el viento frío de la xenofobia sopla otra vez con las falsas respuestas a los desafíos de la economía y de la sociedad», en una frase anticipatoria del tono del documento en Tucumán.

«Hay brotes xenofóbicos y discriminaciones hacia Latinoamérica, que nos golpean fuertemente», dijo a su turno el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, al hablar en un salón de conferencias frente al hermoso Parque 9 de Julio, con sus arboledas y estatuas que emulan obras de las antiguas Grecia y Roma.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dijo que los latinoamericanos «no podemos quedarnos callados ni limitarnos a protestar, hay que prever acciones si es que la Europa civilizada ha legalizado la barbarie». Otra voz indignada que sonó en el recinto fue de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien recordó que los países latinoamericanos «han sido muy generosos. No es justo que nuestra gente reciba un trato denigratorio».

El movimiento pendular de la Cumbre osciló hacia el drama de la escasez y altos precios de los alimentos, con el peligro señalado por la ONU de que aumenten de 800 a 860 millones los que pasan hambre en el mundo y en Latinoamérica casi 200 millones de seres sufren los estragos de la pobreza. Lula le anunció a sus pares que pedirá explicaciones al Grupo de los Ocho (G8) países más industrializados sobre su responsabilidad en la inflación en el alza de los combustibles y alimentos. «Voy a la Cumbre del G8 en Japón (el 7 de julio) a decir algunas de las cosas que dije aquí para ver si allí hay alguien que haga las discusiones que deben ser hechas», dijo el mandatario brasileño.

Al inaugurar la Cumbre, la presidenta Cristina Kirchner, advirtió que «hace poco nadie se imaginaba que el problema alimentario se disparara tan rápido, con escenas del medioevo, con gente que muere peleando por un grano de comida, por un pedazo de pan». (AFP)


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