Fútbol e intelectuales



“El juego es más viejo que la cultura; pues por mucho que estrechemos el concepto de ésta, presupone siempre una sociedad humana y los animales no han esperado a que el hombre les enseñara a jugar. Con toda seguridad podemos decir que la sociedad humana no ha añadido ninguna característica esencial al concepto de juego”. Así comienza un libro pionero que intenta reflexionar, no ya sobre el fútbol, sino sobre el juego en general: “Homo ludens” de J. Huizinga, escrito a finales de la década del 30. Hoy no sé si Huizinga podría sostener su afirmación en forma tan tajante sobre el hombre y el juego. Es que en nuestra época el juego es más un espectáculo armado por la industria cultural que un espacio lúdico. El fútbol es, al menos por estos lares, el deporte estrella de la televisión. Si se recorre la grilla de la programación por cable, inevitablemente en algún canal, en cualquier horario, viejo o nuevo, se emite un partido de fútbol. Seguramente en ese mismo recorrido habrá algún programa sobre fútbol lleno de opinólogos y de notas a jugadores que hablan siempre de lo mismo. Asistimos a una “fetichización” del fútbol impuesta por los medios masivos. Diversos sectores de la sociedad marchan en caravana festiva cuando el equipo de sus amores logra un éxito deportivo; pero pocas veces (y soy generoso) esos mismos sectores marchan para pedir una salud o una educación mejor, pocas veces hacen oír sus bocinas para protestar por la impunidad de un funcionario, el malgasto de los fondos públicos, la inseguridad o la inoperancia de la justicia. Así en los círculos intelectuales hay quienes denostan la pasión por este juego y hay quienes la celebran. Muy conocido es el texto de Albert Camus, el autor de “El extranjero” en el que concluye: “…Porque después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol, lo que aprendí con el RUA (su equipo) no puede morir”. El gran poeta y cineasta italiano Pier Paolo Pasolini, en uno de sus escritos sobre fútbol lo asemeja al lenguaje y sostiene: “Puede haber un fútbol como lenguaje fundamentalmente prosístico y uno como lenguaje fundamentalmente poético. (…) En el fútbol hay momentos que son exclusivamente poéticos: uno de ellos es el momento del gol. Cada gol es siempre una inversión, una subversión del código. Cada gol es ineluctabilidad, atropello, estupor, irreversibilidad. Tal como la palabra poética”. “El terror y la gloria” escrito por Abel Gilbert y el novelista Miguel Vitagliano, estudia de qué manera la junta militar argentina manipuló el Mundial 78 y lo convirtió en verdadera cortina de humo sobre las continuas desapariciones de presos políticos. Parafraseando la célebre frase de Marx, muchos intelectuales de izquierda sostuvieron: “el fútbol es el opio de los pueblos”. La serie sobre fútbol termina aquí, no sin antes mencionar dos fuentes muy importantes para estas columnas: una edición extra de la revista “La Maga” y el sitio www.idiomaydeporte.com.

Néstor Tkaczek ntkaczek@hotmail.com


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