Emprendieron desde la cocina de su casa y crearon la primera cerveza artesanal habilitada de Fernández Oro
No pertenecían al rubro gastronómico, pero el boca en boca transformó su hobby en un símbolo de identidad local. El viaje desde la cocina familiar hasta el estreno de su propio carrito móvil.
En Fernández Oro, la magia no se mide en grandes infraestructuras, sino en la paciencia, el orden y el compromiso de un pequeño espacio familiar. Allí, detrás de su casa, Jorge Nazaret y su compañera de vida Mayra sostienen desde hace seis años Relmu, la primera cerveza artesanal formalmente habilitada de la localidad. Lo que nació como un pasatiempo cotidiano y un espacio de encuentro, hoy es un símbolo de orgullo, identidad y arraigo.
La historia comenzó mucho antes de los primeros fermentadores, guiada por el profundo deseo de Naza, como lo conocen, de producir alimentos de forma consciente. Motivados inicialmente por la necesidad de cuidar la alimentación de su hija, Naza empezó a experimentar en la cocina haciendo jamones caseros. Su curiosidad natural y sus ganas de emprender lo llevaron poco tiempo después hacia el universo cervecero. Con un equipito muy pequeño y rudimentario, arrancó cocinando apenas 20 litros de cerveza. Aprendió los primeros pasos mirando tutoriales, pero el entusiasmo inicial de los amigos y conocidos pronto demandó mayor profesionalismo.

Ni Naza, que trabaja como instrumentista industrial, ni Mayra, que es técnica y operadora en psicología social, pertenecían al rubro gastronómico. Lo que cocinaban era estrictamente un hobby para disfrutar con la familia. Sin embargo, el boca en boca corrió rápido y todo aquel que los visitaba quedaba encantado y quería llevarse un poco de esa producción. El punto de inflexión definitivo llegó cuando recibieron una invitación formal para participar en una feria en Plottier.
Frente a la oportunidad real de vender al público, Mayra sintió la enorme responsabilidad de hacer las cosas bien. Sabía que no podían comercializar un producto que no estuviese formalmente regularizado. Con esa firme inquietud, se acercaron a la Dirección de Comercio y Bromatología de la municipalidad local. Allí se encontraron con un escenario inesperado: no existían precedentes normativos ni protocolos locales para habilitar fábricas de cerveza artesanal a pequeña escala.

El proceso para abrir el camino fue un trabajo largo, meticuloso y conjunto que duró un año entero. Recibieron múltiples indicaciones técnicas y pautas de los inspectores para armar la normativa desde cero. Lejos de desanimarse ante las exigencias, la pareja estudió, investigó y realizó diversas capacitaciones profesionales sobre producción limpia, rotulado eficiente y etiquetado correcto de mercadería. Gracias a su enorme apertura para aprender del error y al constante asesoramiento oficial, Relmu se convirtió con orgullo en la primera cerveza artesanal con habilitación municipal de la ciudad, registrando además su marca de forma oficial ante el INPI.
Mantener la fábrica en un ambiente reducido y controlado dentro de su propio hogar les ha permitido sostener la producción de pocos litros. Al conservar sus empleos principales en paralelo, viven la actividad cervecera con una tranquilidad única, libre de las presiones económicas que sufren quienes deben competir con los grandes volúmenes del mercado. Para ellos, Relmu es el arte de cocinar y servir; una labor diaria que les demanda mucho tiempo físico, pero que funciona como un espacio terapéutico. Aunque la llegada de la temporada baja invernal disminuye el ritmo de venta, la producción en los tanques nunca se detiene.
Fieles a sus valores humanos, el compromiso con el desarrollo de su comunidad es absoluto. Bajo la firme premisa de que si un insumo se puede comprar dentro de Fernández Oro se adquiere allí, compran toda la malta y las materias primas posibles a los proveedores de la zona. Esta reivindicación del productor local se vuelve vital en un contexto económico complejo para las microescala, donde la diferenciación real no se da por el precio bajo, sino por la creatividad constante, la alta calidad del insumo, y el trato personalizado.

Hoy en día, los clientes fieles no solo llegan desde Oro, sino que desde Allen y Cipolletti para buscar sus botellas directamente. A través del Portal de Oro, un espacio municipal que engloba a los emprendedores locales, participan de forma activa en degustaciones guiadas. En estos encuentros, la pareja se toma el tiempo y la paciencia necesarios para explicarle al público, los procesos y la ciencia detrás de cada estilo servido.
El crecimiento de Relmu avanza firme y a su propio ritmo, cuidando no dar el «gran salto» industrial para no perder la mística ni la calidad que los define. Tras comercializar durante años a través de redes sociales y ferias itinerantes, el proyecto dio un paso fundamental a finales de abril con la inauguración de su propio carrito móvil. Aunque el remolque estaba planificado para la temporada de verano, la familia entendió y aceptó que los tiempos propios no siempre coinciden con los del resto. Instalado estratégicamente durante los fines de semana para acompañar las actividades culturales de la ciudad, este nuevo punto de encuentro consolida un sueño que nació en una olla de 20 litros y que hoy demuestra que el trabajo constante y responsable tiene su premio.
En Fernández Oro, la magia no se mide en grandes infraestructuras, sino en la paciencia, el orden y el compromiso de un pequeño espacio familiar. Allí, detrás de su casa, Jorge Nazaret y su compañera de vida Mayra sostienen desde hace seis años Relmu, la primera cerveza artesanal formalmente habilitada de la localidad. Lo que nació como un pasatiempo cotidiano y un espacio de encuentro, hoy es un símbolo de orgullo, identidad y arraigo.
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