¿Genocidio o asesinato masivo?

Una palabra de Ratko Mladic bastaría para que su proceso terminara rápido. El ex general tendrá la posibilidad de hacerlo en breve, probablemente ante el juez alemán Christoph Flügge. En cuanto la acusación exponga los cargos de genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad, Mladic será preguntado si se considera culpable o no. De reconocerse culpable, la sentencia se fallaría poco después. Y es difícil que sea otra distinta de cadena perpetua. Pero a sus 69 años, el ex jefe militar de los serbobosnios no tiene intención de hacer ese favor ni al Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY) ni a los familiares de las decenas de miles de muertos en la Guerra de Bosnia (1992-1995). Inmediatamente después de su detención, el pasado jueves, Mladic comunicó a través de su abogado, en Belgrado, Milan Dilparic que no reconoce la jurisdicción de la corte de La Haya. Si se aferra a esa postura, Mladic seguirá el ejemplo de su principal compañero en la guerra: Radovan Karadzic, el ex líder político de los serbios en Bosnia-Herzegovina, ofendió al juez en el 2008 durante su primera comparecencia ante el TPIY negándose a responder una palabra a la acusación. “Entonces, según los reglamentos, se entenderá como alegato en favor de su inocencia”, ordenó el magistrado responsable en aquel entonces, Iain Bonomy. Desde entonces, la acusación y el fiscal jefe, Serge Brammertz, se esfuerzan por demostrar cada cargo en fatigosas sesiones que se prolongarán al menos hasta mediados del 2012. Y sobre todo en probar la acusación de genocidio por la masacre de unos 8.000 hombres y jóvenes musulmanes en julio de 1995. Ahora, también Mladic deberá enfrentarse a este cargo. Está acusado de haber dado la orden de ejecución del mandato político presuntamente emitido por Karadzic. De momento, sólo se sabe que la fiscalía volverá a enfrentarse a una labor titánica con el proceso de Mladic. Pero Flügge y el resto de jueces del TPIY se enfrentan a una responsabilidad aún mayor: al final, deberán decidir si la culpa del acusado está suficientemente probada. Y esto es sobre todo muy difícil en el cargo de genocidio. Para atribuir a alguien el más grave de todos los crímenes no basta con demostrar las masacres. En virtud de la Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Genocidio (1948), el tribunal tiene que llegar a la conclusión de que los sangrientos actos tenían como objetivo o estaban ordenados para “acabar total o parcialmente con un grupo nacional, étnico, racial o religioso”. Aunque en el 2007 la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya sentenció que la masacre de bosniomusulmanes fue realmente un genocidio, es necesario demostrar la intención personal del acusado al respecto. Ya en el 2009, Flügge habló de estos problemas en una entrevista con la revista alemana “Spiegel”. El magistrado se preguntaba “si en verdad es necesario el concepto de genocidio para caracterizar este tipo de crímenes”. Flügge, de 63 años, abogaba por trabajar con el concepto, más sencillo, de asesinato masivo, ya que con ello “algunas dificultades jurídicas serían superficiales”. “Estrictamente, el concepto de genocidio sólo se adecua al Holocausto”, sostiene. Esta cuestión podría ser clave en el proceso contra Mladic. Su defensa, como ocurrió con Karadzic, podría argumentar que los asesinatos de Srebrenica fueron el resultado de actos de guerra que los serbios se vieron obligados a cometer por culpa de los bosniomusulmanes, pero que en ningún caso se trató de genocidio. Con todo, aunque finalmente el cargo de genocidio no pudiera demostrarse, casi nadie duda en La Haya de que sí podrán probarse los crímenes de guerra que se atribuyen a Mladic. En cualquier caso, la sentencia tardará años.

THOMAS BURMEISTER DPA

El juicio contra Mladic


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