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George Patakis: «Queremos hacer negocios en Argentina»

Socio especial del estudio de abogados neoyorquinos Chadbourne & Parker, estuvo una semana en la Argentina sondeando la posibilidad de concretar inversiones en el campo de la energía, interesándose particularmente en la provincia del Neuquén.





Su visita a Argentina tiene que ver con energía, con negocios en el campo energético. ¿Por qué la Argentina, que no parece proyectar, al menos hoy aunque es un dato que viene de lo muy profundo de nuestra historia, una imagen de seriedad en el campo internacional? – Venimos y exploramos posibilidades de negocios porque, por encima de cuestiones que son de estricto orden argentino, nosotros vemos que en materia energética tiene inmensas posibilidades de desarrollo… es un país muy asociado a todo lo que es la energía, tiene un abanico amplio de alternativas en esa materia y eso nos interesa en tanto negocios y desarrollo. Siempre he pensado en estos términos cuando veo los potenciales que tiene la Argentina. Nosotros siempre tenemos interés en los países que respetan los contratos, las partes se imponen responsabilidades en común y hay países que no hacen del aumento constante de los impuestos una cultura. Yo no me voy a meter en la percepción que hay de Argentina, nosotros venimos porque queremos hacer negocios aquí… – Momentos antes de este encuentro usted se reunió con el ex gobernador del Neuquén, Pedro Salvatori… – Un hombre interesante, sabe mucho de temas de desarrollo… – ¿Cómo encuadrar lo conversado? – Como un intercambio de información muy interesante. Neuquén es sinónimo de energía. Hemos aproximado lo que sabe Neuquén y puede hacer y está haciendo Neuquén, y lo que sabemos y podemos hacer nosotros. El estudio al cual pertenezco está muy interesado en proyectos de inversión y energías alternativas, también en el campo de los biocombustibles… – ¿De qué lo ha informado Salvatori en relación con lo que hace Neuquén o tiene previsto hacer Neuquén, en esta materia? – Por un lado me explicó con detalle la legislación, tanto nacional como de Neuquén, en todo lo concerniente al campo energético. Me mostró y explicó la ley nacional de fomento a las fuentes de energía alternativa, ley de la cual él fue uno de los promotores mientras fue senador nacional, y la ley neuquina orientada hacia el mismo objetivo. Yo le señalé que durante mis ocho años como gobernador del Estado de Nueva York se dictaron normas del mismo tenor y le recordé que a poco andar la administración del presidente Obama, el gobierno de los Estados Unidos renovó su preocupación por alentar la creación y el uso de fuentes de energía alternativas. El ingeniero Salvatori me detalló, además, el interés de la provincia en distintos proyectos de generación de energía eléctrica que, al menos una de esa plantas prevista para la zona andina (Copahue), usaría vapores que se pueden extraer de minas en explotación… Es decir, hemos conversado sobre lo que está haciendo Neuquén y lo que pensamos nosotros en todo este campo… Nos llevamos a los Estados Unidos estudios, diagnósticos hechos por los neuquinos sobre todos estos temas y los estudiaremos para ver cómo podemos sumarnos a esos proyectos. – ¿El agotamiento de las fuentes de energía tradicionales apura decisiones en materia de sustitución? – Antes quisiera aclararle una cuestión: del espectro de las provincias argentinas no sólo nos interesa Neuquén, hay otras que también poseen un potencial importante. Es cierto, de todas maneras, que Neuquén es un caso muy particular en cuanto a posibilidades. En cuanto a la pregunta, por supuesto y ese el caso de apurar la mirada, las investigaciones y la evaluación de inversiones en fuentes alternativas, apura incluso con  un barril que ahora está a 70 dólares, pero que ya sabemos los valores que puede alcanzar. – Usted fue dos veces gobernador del Estado de Nueva York, ¿cómo recuerda el 11 de setiembre, el día del ataque a las torres gemelas? – Bueno, un día en que asumí una nueva realidad, un día que llegó muy profundo no sólo a quienes teníamos responsabilidades de gestión política, sino al conjunto de los norteamericanos. – ¿Alguna vez, aunque sea a través del cine catástrofe, pensó en que algo así podía pasar sobre territorio de los Estados Unidos? – Quienes hemos vivido la Guerra Fría vivimos bajo la posibilidad de una guerra nuclear. Pasada la Guerra Fría, emergió un tipo de terrorismo de gran escala que… bueno… nos puso en alerta, pero no como para vivir atemorizados. Y bueno, uno piensa y no piensa, hasta que las cosas suceden. – ¿Qué alcance tiene para un ciudadano norteamericano la palabra miedo cuando son miembros de una Nación con mucho poder? – No se trata de no tener miedo, se trata de enfrentar los miedos, de manejarlos. Los Estados Unidos son una Nación con muchas responsabilidades, un país y una sociedad que a lo largo de toda su historia ha apostado y sigue apostando el futuro… nosotros no somos de bajar los hombros, mucho menos bajarlos cuando está la libertad en juego. – ¿Qué sintió a escala nacional, a escala de esa sociedad, en las horas inmediatas al ataque? – La unidad del pueblo de los Estados Unidos. Fue algo bello en medio de tanto dolor. – ¿Le vino a la memoria aquel 7 de diciembre del '41 cuando Japón atacó Pearl Harbor y Franklin Delano Roosevelt, al declarar la guerra desde el Congreso, habló del «Día de la Infamia»? Recuerdo un discurso de George W. Bush, en uno de los primeros aniversarios del ataque a las torres, cuando dijo que en el espacio de 120 minutos los Estados Unidos habían perdido más ciudadanos de los que se perdieron en Pearl Harbor… – Sí, es cierto. Medido en esos términos hubo más muertos en las torres. También es cierto que aquel día de diciembre del '41 estuvo muy presente el 11 de setiembre del 2001… Y ahí tiene un ejemplo: en diciembre del '41, los americanos nos unimos y fuimos a la guerra. Se trataba de estar cohesionados  y estuvimos cohesionados… Hoy en día, en relación con la unidad lograda tras el ataque a Nueva York, esa unidad está muy subordinada a la política. – ¿Qué quiere decir? – Que la unidad está muy subordinada a la política… más a lo que hace la política, lo que interesa a la política en términos de inmediatez. Desde esa perspectiva la unidad que se había logrado, forjada desde abajo, ante el hecho de haber sido atacados, ante nuestros muertos, bueno, esa unidad ya no es tan firme como en aquellos días de setiembre o en los meses siguientes. Hoy está muy dependiente de las decisiones que toma la política… Pero que aquella unidad no sea tan pétrea como aquel 11 de setiembre no significa que no estemos unidos en cuanto a defender nuestro destino, ni que estemos más inseguros que antes, que no estemos decididos a enfrentar los peligros, los desafíos que tenemos como nación libre. – ¿Están más seguros que hasta aquel 11 de setiembre? – Por supuesto. Una seguridad que, reitero, nos nace de nuestra convicción de defender nuestra libertad. Se equivocan quienes creen que nos pueden arrodillar. – Desde el campo intelectual, académico, crece la impresión que el poder de los Estados Unidos está en decadencia… – Esa impresión puede remitirse a esos campos. También es cierto que tenemos nuevos desafíos, pero no está en decadencia un país que permanentemente está renovando sus voluntad científica, técnica, de trabajo y de inversión, y digo esto a cuenta de que hoy nuestra economía también está bajo crisis, pero crisis que superará. – ¿Los nuevos desafíos mudan el tipo de liderazgo nacional y estadual del Estado norteamericano? – Cada liderazgo tiene su tiempo, su momento, los desafíos a enfrentar. Pero hay algo de uno a otro líder: defender los intereses de los Estados Unidos. Luego podemos opinar cómo lo hizo éste o aquel líder o gobierno, pero se llega al poder con esa consigna. – Aquí sabemos que hay liderazgos que están bajo fuego: el caso del republicano Arnold Schwarzenegger, gobernador de California. Aunque quizá lo de bajo fuego suene algo extremo… – Problemas… sí, sí, problemas. El Estado de California enfrenta una dura crisis financiera y está revisando sus cuentas, sus procedimientos. Es un Estado fuerte, muy rico, saldrá adelante. – ¿Qué opina de la presidencia hasta hoy desplegada por Obama? – Está focalizando su política económica muy en dirección del gasto público, la deuda pública, pero necesitamos política que promueva más al sector privado.

De pura madera republicana. Ése es el perfil más notorio que desde lo político denuncia George Patakis, durante ocho años gobernador del todopoderoso Estado de Nueva York, cargo al que llegó en nombre del Partido Republicano.

Sus reflexiones en materia de destino de los Estados Unidos y en la necesidad de liderazgos fuertes para conducir al país no difieren en todo caso con el pensamiento y acción del Partido Demócrata. Sí difiere en el campo discursivo, en la fuerza que los republicanos le ponen a su verbo, signado por no dejar el más mínimo atisbo de duda sobre lo que hay que hacer.

Cuando dejó la gobernación del Estado de Nueva York, Patakis se integró como socio especial al estudio Chadbourne & Parker, dedicado a canalizar inversiones en el campo de la energía. A través de contactos con el estudio argentino Muñoz de Toro Abogados, que lidera Fernando Muñoz de Toro, entre cuyos clientes figuran Arcor, Coto, Clarín, entre otras, Patakis formó la agenda que lo trajo ahora a Buenos Aires.


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