Golpe de calor, el gran riesgo del verano

La deshidratación es el signo característico del golpe de calor y el cuerpo requiere de agua y de sales para volver a hidratarse.



Por RITA A. BARATTO

Con el verano, el cuerpo transpira más de lo habitual, se pierden las energías y se avecina el cansancio. Por esta misma razón es que todos los años se alerta, en esta época, sobre los riesgos del golpe de calor. Todos hablan de él, pero pocos saben qué hacer ante esta situación y, sobre todo, cómo prevenirlo.

El doctor Carlos Regazzoni, médico clínico del departamento de medicina interna de la Quinta Cátedra de Medicina del hospital San Martín de la UBA, recomienda una serie de medidas para disfrutar de las vacaciones sin complicaciones.

Las altas temperaturas, sumadas a la exposición al sol, el ejercicio físico y el no beber la suficiente cantidad de líquidos son, en algunas personas, los factores de riesgo. “El golpe de calor, propio de los veranos –define el doctor Regazzoni–, es un cuadro de deshidratación importante, provocado por las altas tem

peraturas de la temporada estival”. Entre los mecanismos que lo producen cita a la excesiva temperatura ambiental, que será la responsable del calor corporal y a la sudoración –compuesta por agua y sales–, que va eliminando el propio organismo.

“Si la ingesta de líquidos no es abundante, el cuerpo se deshidrata; baja la presión arterial, lo cual dificulta no sólo las funciones del corazón, sino también las del riñón y del cerebro”.

Por lo tanto, “la sed es el principal mecanismo para reincorporar el agua y las sales perdidas con la sudoración”, apunta. “Si hay suficiente agua y sales, el cuerp tolera bastante bien las altas temperaturas, dentro del rango climático”. Un signo de sospecha es el agotamiento físico. Si una persona no bebe suficiente líquido, más aún en verano o después de una actividad intensa, por lo general “sobreviene la deshidratación, conocida vulgarmente como golpe de calor”, aclara el médico consultado. Los niños y los mayores de 65 años suelen ser los más expuestos. Esto se debe, principalmente, a que no pueden valerse de sus propios medios para acceder a un vaso de agua. Algunos adultos, porque viven solos o presentan dificultad para movilizarse; los bebés, porque aún no saben expresarse y dependen de sus padres. Y en el caso particular de los ancianos, debido a que “poseen una menor sensibilidad de los mecanismos de la sed”, indica el doctor Regazzoni.

En menor medida, los jóvenes con cierta predisposición genética, con una actividad física intensa o por un cuadro febril, también pueden padecer los efectos del golpe de calor.

“Y no necesariamente durante el verano”, remarca el médico del hospital porteño. Este cuadro aislado puede darse, entonces, en cualquier época del año y “consiste en la producción excesiva de calor por el cuerpo, debida a alteraciones en el funcionamiento de los músculos”, explica.

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