Golpe maravilla
De “Nido de ratas” al interminable “Rocky” pasando por “El campeón”, hasta llegar a “Soy tu hombre”, “La pelea de mi vida” y “Campeones”, el boxeo ha peleado duro en el cine y en la tevé. Ahora, con el efecto Maravilla Martínez el ring ingresa incluso a los libros.
El boxeo siempre ha dado letra. Al periodismo, ni qué hablar a través de sus legendarios reporteros y comentaristas; a la literatura, con los trazos de los admiradores de este feroz deporte como Julio Cortázar, Norman Mailer o Jorge Luis Borges; al cine, con su saga de títulos que comienzan en “Nido de ratas” y se perpetúan en “Rocky”, y hasta a la televisión que ha aprovechado el condimento dramático del pugilismo para producir series como la exitosa “Campeones” y su heredera “Sos mi hombre”. Es más, a mediados de mes Guido Guevara, el recio peleador de “Campeones”, interpretado por Osvaldo Laport, aparecerá como personaje invitado en “Sos mi hombre”. Será el entrenador de Ringo (Luciano Castro). La aparición de Guevarita podría ayudar a mejorar el rating que por estos días exhibe la tira.
En todos los casos, el boxeo ha sido la piedra basal de los guiones que no ahorran en sufridos héroes urbanos y damas atrapadas por el costado dulce de los bravos contendientes.
La aparición en la escena pugilística de Servio “Maravilla” Martínez y sobre todo de su última y dramática victoria, ante la mirada congelada de millones de personas en todo el planeta, ha avivado las fantasías acerca del boxeo y sus posibilidades extradeportivas. De pronto, los que no lo vieron bailar en “Bailando por un sueño” ahora quisieran hacerlo. Lástima, ya pasó.
Lo curioso de esta movida cinematográfica y televisiva es que la aparición tardía de “Maravilla” Martínez en los rings de Las Vegas ha significado una oportunidad de promoción mediática para este deporte tan amado como criticado.
El éxito del primer “Rocky” a fines de los 70 tenía mucho que ver con aquello que el personaje Rocky Balboa representaba para una sociedad sedienta de ejemplos épicos. No sólo los americanos fueron tocados por la ternura y la ferocidad de este enorme bruto perdedor. También el resto del mundo derramó lágrimas de cocodrilo en cada una de sus derrotas, empates y victorias.
Si “Rocky” fue un best seller, “El campeón” de Franco Zeffirelli representó la novela de culto. El filme protagonizado por Jon Voight, sí, el padre de Angelina Jolie, está más atado a la cruda realidad. Otra vez un perdedor arriba del cuadrilátero queriendo reivindicar en 45 minutos toda una vida de malas decisiones. Al final, gana con la última gota de energía que le queda. “El luchador”, con Mickey Rourke, aunque se trata de lucha libre y necesariamente falsa incluso lejos del foco de las cámaras, sirvió como una especie de doble homenaje, uno ficcional, dedicado a los luchadores y peleadores que guardan como un tesoro su gastada dignidad, y otro real-real, con el ex-pretty boy como centro. El actor convertido en un “fighter” en serio que sobrevive a sus obsesiones y entra una vez más al Olimpo de los dioses. “Bienvenido a casa”, le dijo Sean Penn, desde el escenario de los Oscar a su amigo.
Probablemente todo esto comenzó con aquel peleador triste y desgarrado de “Nido de ratas”, de Elia Kazan, que interpretó Marlon Brando en 1954. Marlon mismo fue un boxeador de la vida y su personaje Terry Malloy es obligado a enfrentar fuerzas muy superiores a él. Otra coincidencia. Una de las actuaciones más rotundas de Brando nos recuerda lo frágil que es en verdad el alma humana. Siempre esquivando las fronteras de un abismo que no deja de tentarla.
Russell Crowe y Daniel Day-Lewis también encarnaron boxeadores en la búsqueda de papeles que les ofrecieran mayores desafíos. Crowe fue James J. Braddock, pesopesado que las vio negras, como tantos, durante los años de la depresión norteamericana, y Day-Lewis fue Dannny Boy Flynn, un boxeador que regresa a los rings después de pasar 14 años en la cárcel por su participación en el Ejército Republicano Irlandés. Ambos nos conmovieron y nos dejaron algo más que el pulso acelerado. Uno cambia comida por garrotazos en siniestros cuadriláteros y el otro prueba su temple en una resurrección bañada con sangre y dolor.
Superando desde varios aspectos la fábula de Rocky y otras tantas películas “basadas en” quedará un poco perdida en la memoria el filme “El triunfo del espíritu” de Robert M. Young. Wille Dafoe interpreta a Salamo Arouch, un boxeador de origen judío que fue derivado a Auschwitz. Arouch ayudó a sobrevivir a su familia y a sí mismo entreteniendo a los alemanes de cruentas jornadas pugilísticas donde enfrentaba a oponentes de distinto peso. En el campo de concentración un trozo de pan, un plato de sopa, unos cordones, podían hacer la diferencia entre la vida y la muerte.
Ésta, probablemente, sea la película que mejor explica aquello que significa el deporte como expresión deportiva. Se sube al cuadrilátero a desafiar a la muerte con la esperanza de vivir.
Claudio Andrade
candrade@rionegro.com.ar
El boxeo siempre ha dado letra. Al periodismo, ni qué hablar a través de sus legendarios reporteros y comentaristas; a la literatura, con los trazos de los admiradores de este feroz deporte como Julio Cortázar, Norman Mailer o Jorge Luis Borges; al cine, con su saga de títulos que comienzan en “Nido de ratas” y se perpetúan en “Rocky”, y hasta a la televisión que ha aprovechado el condimento dramático del pugilismo para producir series como la exitosa “Campeones” y su heredera “Sos mi hombre”. Es más, a mediados de mes Guido Guevara, el recio peleador de “Campeones”, interpretado por Osvaldo Laport, aparecerá como personaje invitado en “Sos mi hombre”. Será el entrenador de Ringo (Luciano Castro). La aparición de Guevarita podría ayudar a mejorar el rating que por estos días exhibe la tira.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora