Graciela: cuando el techo propio es posible por autogestión
Hace más de diez años, recién separada y con una hija a cargo, a Graciela Ortiz no le quedaban muchas opciones. Tuvo que salir a alquilar e invertir en eso la mayor parte del sueldo que ganaba como empleada doméstica. Al tiempo se puso en contacto con la ong «Un techo para mi hermano», que desde hace unos 20 años trabaja en la construcción de viviendas para generar y completar infraestructura comunitaria en la Patagonia. «Cuando me avisaron que estaban inscribiendo para unas casas, me presenté, lo único que tenia que hacer era trabajar yo en mi propia vivienda y pese a que no sabía nada de construcción, me anoté igual, para probar. Empecé junto a otras 14 familias a construir en un terreno lejos del centro, donde no había nada alrededor. Aprendí a pegar ladrillos, a revocar, a instalar luz, gas, trabajamos en conjunto, levantábamos todas las bases, trabajábamos en las casas por igual, no sabíamos cuál nos iba a tocar… tardamos un año y medio, fue duro, pero al final cada uno tuvo su casa… de otra manera hubiera sido imposible, porque créditos no me daban y para una casa de Plan, siempre priorizan a otras familias», dice.
Desde hace unos 8 años Graciela y su nena viven allí, pero ese no fue el único vínculo que la mujer estableció con la ong. Recientemente fue una de las «mujeres coordinadoras de obra», un proyecto que se concretó el año pasado y que capacitó a una decena de mujeres todas las cuestiones relacionadas a la construcción en forma gratuita. La idea es que ellas enseñen a otras familias a levantar sus casas a través del esfuerzo propio. Ese proyecto fue seleccionado como una de las mejores prácticas de Iberoamérica para participar del «Primer Encuentro Iberoamericano de Buenas Prácticas Urbanas -denominado «Un futuro para nuestras ciudades»- a realizarse en Madrid del 25 al 27 junio. Fue cofinanciado por el Estado a través del Consejo de la Mujer.
«Cuando en 'Techo…' hablamos de la autoconstrucción y de ayuda mutua no es un castigo hacia la gente o hacerlas responsables de que no tengan vivienda. Es que más allá de construir su casa la construyen en compañía de otros, y eso permite construir un barrio, construir redes sociales, genera una modificación en la autoestima, vos te construís, construís tu familia», asegura Adriana Hipperdinger, presidenta de esa ong que en este tiempo ayudó a la construcción de 500 Viviendas y capacitó a 850 personas en el rubro constructivo y recibió premios y reconocimientos en todo el país por su labor solidaria.