Guardada, leyendo a Francisco

Desde su convalecencia, Cristina repasa los mensajes del Papa y las críticas al capitalismo.



La Argentina de la irritación fácil donde todo está en discusión –con calores infernales que derivan en cortes eléctricos que, a la vez, generan reacciones sociales fuera de control–, encuentra un contrapeso espiritual en Roma. Personaje del año, el papa Francisco hace saber a los innumerables sectores que lo visitan en la residencia de Santa Marta, que deben trabajar por la unidad, bajar los decibeles a los conflictos y ensayar la búsqueda de consensos a través del diálogo. Distanciado del kirchnerismo cuando estaba el frente de la Iglesia Católica nacional – tanto que en más de una ocasión el matrimonio presidencial le asignó el rango de “jefe de la oposición política” en las sombras -, Jorge Bergoglio, dio trato privilegiado a Cristina Fernández, una vez consagrado Santo Padre. Los problemas de salud de Cristina, su retroceso electoral el 27 de octubre pasado y las incógnitas que encierra la transición antes de la renovación de 2015, demandaron de Francisco la duplicación de esfuerzos para evitar que los avances de una década no se malogren por un desbarranque como el que ocurrió en el fatídico verano del 2001. Hay lazos comunicantes entre el papa y la presidente. Francisco celebró el ascenso de Jorge Capitanich en el equipo de colaboradores de Cristina y espera la llegada a Roma del agregado económico, Guillermo Moreno. El polémico ex secretario de Comercio es un devoto practicante que en una reciente reunión de Unidos y Organizados (UyO) destacó orgulloso el pasado peronista de Bergoglio y lo ubicó como uno de los 5 hombres más influyentes del planeta. En ese encuentro de UyO, que aglutina a jóvenes entusiasmados con el proyecto K, Moreno explicó que de la primera línea de fuego pasará ahora a la retaguardia, donde reside su admirado Francisco. Ratificó además el alineamiento detrás de la conducción de Cristina e insinuó la pretensión de trabajar en la recomposición del justicialismo de la capital federal. Rechazado por sus métodos, algunos empresarios confiesan “extrañar” a Moreno ya que éste les atendía el teléfono y les terminaba habilitando las importaciones de insumos básicos para tener las fábricas en funcionamiento. En cambio, ahora, quizá porque no se han acomodado aún a las nuevas tareas, los funcionarios que responden a Gustavo Costa, no les dan ni la hora en el momento de buscar las soluciones. “Guardada” –tal la expresión acuñada por dirigentes que solían frecuentarla–, Cristina corresponde a los desvelos de Francisco. Durante su convalecencia, empezó leer con fruición los mensajes papales: tomó nota de las críticas al capitalismo y a los esquemas de exclusión e inequidad tan alejados de su predica de crecimiento con inclusión. Admira el papel progresista que está tomando en el mundo, al categorizar como pecado que se deje a la gente morir habiendo tanta comida o resultar indiferente cuando un anciano padece frío y desolación en la calle, mientras los diarios se ocupan de la caída de unos pocos puntos en la Bolsa. Envidia, sanamente según comenta, los elogios prodigados por el primer mandatario de Estados Unidos, Barack Obama. Hay otros gestos del papa que la predisponen a dejar de lado la confrontación, una de las características señeras del kirchnerismo. Evitó Francisco recibir a Sergio Massa, el dirigente del Frente Renovador que en octubre, le propinó una paliza a Martín Insaurralde, el candidato de Cristina en la provincia de Buenos Aires. “No quiere saber nada con internismos”, mencionó a este diario un exponente de la Iglesia local, embarcada en negociaciones sobre el nuevo Código Civil que ya cuenta media sanción del Senado. Hay temas, en tanto, que siguen dividiendo el país. Entre ellos corrupción y la defensa de los derechos humanos. En la causa sobre los sobornos en el Senado, fueron sobreseídos Fernando De la Rúa, varios de ministros y senadores peronistas y radicales. No hubo delito, concluyó el tribunal que pidió investigar al “arrepentido” Mario Pontaquarto y a jueces, fiscales y testigos. La jefatura del ejército, tras el ascenso a teniente general, fue ratificada por Cristina a César Milani, curiosamente defendido por la intransigente Hebe de Bonafini, de Madres de Plaza de Mayo, y cuestionado por el Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y el titular del Cels, Horacio Verbitzky. Un politólogo, Santiago O´Donnell expuso una incongruencia profunda de los argentinos. Es que, por un lado, nadie se priva de exaltar la figura del recientemente fallecido Nelson Mandela, por haber contribuido a la reconciliación de Sudáfrica, después de haber sido encarcelado y torturado a lo largo de 27 años. Y por el otro, como apuntó el intelectual, si alguien se atreve a plantear el mismo camino como forma de encarar una reencuentro positivo, “enseguida te acusan de avalar la teoría de los dos demonios y, por lo tanto, de hacerle el juego a los defensores de los crímenes de la dictadura”.

de domingo a domingo

Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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