“Guerra diaria, clientes y empleados”

Redacción

Por Redacción

El BPN es día por día, y por lejos, el banco que más personas atiende en la capital provincial. La situación ha llegado al desbordamiento que provoca que un trámite sea una odisea de varias horas. La anterior dirigencia es la responsable de este mal. La actual gestión, flamante, no ha demostrado que el tema le importe más que a la anterior. La apatía por la tardanza genera una guerra diaria entre clientes demorados y empleados desbordados. Hace poco, una persona le pegó con una maza de madera a un empleado. Sumado a todo esto, hay en el BPN una metodología perversa de la distribución del trabajo: las mujeres atienden clientes, los hombres se guardan para ellos los trabajos de oficina, por amiguismo o compincherismo, donde miran tevé y se mandan correos. La humillación a las empleadas es doble, por la gerencia y por los clientes enojados que dan rienda suelta a sus más bajas manifestaciones sociales. Por si fuera poco, el desprecio de género llega al mismo sindicato de los empleados bancarios, que hace más de veinte años no mueve un dedo por esta situación. Clientes y empleados o, mejor dicho, empleadas, son víctimas de un sistema (bancos y sindicato) que se enriquece a sus espaldas y bolsillos y, aun así, los humilla y maltrata a diario. Jorge Fernández, DNI 26.350.521 – Neuquén

Jorge Fernández, DNI 26.350.521 – Neuquén


El BPN es día por día, y por lejos, el banco que más personas atiende en la capital provincial. La situación ha llegado al desbordamiento que provoca que un trámite sea una odisea de varias horas. La anterior dirigencia es la responsable de este mal. La actual gestión, flamante, no ha demostrado que el tema le importe más que a la anterior. La apatía por la tardanza genera una guerra diaria entre clientes demorados y empleados desbordados. Hace poco, una persona le pegó con una maza de madera a un empleado. Sumado a todo esto, hay en el BPN una metodología perversa de la distribución del trabajo: las mujeres atienden clientes, los hombres se guardan para ellos los trabajos de oficina, por amiguismo o compincherismo, donde miran tevé y se mandan correos. La humillación a las empleadas es doble, por la gerencia y por los clientes enojados que dan rienda suelta a sus más bajas manifestaciones sociales. Por si fuera poco, el desprecio de género llega al mismo sindicato de los empleados bancarios, que hace más de veinte años no mueve un dedo por esta situación. Clientes y empleados o, mejor dicho, empleadas, son víctimas de un sistema (bancos y sindicato) que se enriquece a sus espaldas y bolsillos y, aun así, los humilla y maltrata a diario. Jorge Fernández, DNI 26.350.521 - Neuquén

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