Guillermo, un DT con espalda ancha, pero acorralado



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Barros Schelotto, muy golpeado.

En dos minutos, Boca no sólo quedó eliminado de la Libertadores. También pasó de tener un plantel largo y competitivo a engrosar sin parar una lista de jugadores prescindibles. Cuando Cabezas puso el 2-1 ante una defensa quieta y Julio Angulo aprovechó el horror de Orion para el 3-1, los fantasmas coparon la Bombonera. Y Guillermo Barros Schelotto zafó por dos cuestiones: una idolatría incondicional y un grupo heredado de la era Arruabarrena.

A partir de semejante golpe ante el ignoto Independiente del Valle, el Melli está ante una situación límite y la realidad es que ya perdió 50 días para armar un plantel a su gusto. Por lo pronto, Daniel Angelici cumplió a medias con los pedidos, porque contrató a Santiago Vergini cuando el plan A era Gustavo Gómez o no fue a fondo con Junior Benítez y llegaron Darío Benedetto y Walter Bou para la delantera.

Esto no quiere decir que los nuevos sean malos jugadores. Tiene que ver con la química que debe aparecer entre cualquier CD y cuerpo técnico. Por ahora, no se ven grietas en ese sentido, pero impactos como los del jueves tambalean cualquier estructura. Y el Xeneize no es la excepción.

Por las cabezas de los Mellis deben pasar mil incógnitas. ¿Fabra es el que picó el penal ante Nacional o el “catrasca” de la serie semifinal?, ¿Jara es volante o lateral?, ¿Orion y el Cata Díaz están para seguir?, ¿Qué le pasa a Tevez?.....

La lista es interminable, pero ya se perdió mucho tiempo y no hay margen para más errores. Dicen que la lista de transferibles supera la decena de nombres y que el cuerpo técnico pediría un jugador por línea. Incluso un arquero. Parece demasiado y los antecedentes más recientes no colaboran.

El desfile de refuerzos en la era Angelici fue incesante, pero los que rindieron se cuentan con los dedos de una mano. Y en el medio, los cuestionamientos a los referentes son cada vez mayores.

Lo único positivo por estas horas es la presencia de un DT con espalda ancha. Habrá que ver si se anima a borrar a un par de pesados, pero también si da en la tecla con los nuevos.


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Guillermo, un DT con espalda ancha, pero acorralado