GUY SORMAN, SOCIÓLOGOY ENSAYISTA FRANCÉS: «Los argentinos carecen de un imaginario común»

Hace 30 años se enamoró de la Argentina. Luego hizo de ella un objeto de sus desvelos intelectuales. Liberal, agnóstico, culto, amable. Conversó con "Río Negro".





– Hace un año en Mar del Plata, durante el Coloquio de IDEA, usted deslizó algo que ahora, ante la presentación de su nuevo libro, reitera pero más armado desde lo discursivo: no cree que la clase media sea un dato de significación en la construcción de nuestra historia. O sea, una opinión a contramano de un convencimiento generalizado. ¿Cuál es el núcleo argumental duro que sustenta su opinión?

– No se trata de ausencia de significación, sino más bien de qué tipo de significación ha tenido en esa historia. No le resto gravitación en la historia; tampoco que su existencia como sector no sea un perfil muy definido en la sociedad, cuestión que no se necesita mucho para detectar. Lo que sostengo es que esta clase media, muy abarcativa y protagonista, no es capaz de generar un proyecto que implique su reproducción. Yo hablo de una clase media poderosa en tanto y en cuanto tenga capacidad para ampliar su propia geografía, es decir reproducir las condiciones para que esa clase media siga ampliándose pero con paradigmas modernos, innovadores en todas las direcciones.

– Siguiendo ese razonamiento hay que diferenciar dos conceptos a la hora de reflexionar sobre la clase media o las clases medias argentinas: importante y poderosa.

– Exactamente, hay que diferenciarlos.

– ¿En clave a qué?

– A que en su imaginario esta clase media se siente con peso propio y lo tiene; se siente con humor decisivo para intervenir en las cuestiones públicas según las circunstancias; tiene aspiraciones, sentido estético, gustos, tiene autoestima y ha tenido y tiene, aunque es un sistema muy maltratado, la posibilidad de formarse en un sistema cultural-educativo muy singular que le dio cabida y la protegió, y etc., etc. Sin duda, hay razones para que este sector se sienta importante y así se vea ante la historia. Pero su destino no depende de ella y es aquí donde tiene un problema. Porque al no haber incidido definidamente en un proyecto o un modelo que le sirviera a sus intereses, a su reproducción y ampliación, ha vivido? ha vivido?

– ¿Peligrosamente?

– Por así decirlo. Tiene número, pero no tiene poder como para generar una alternativa para el conjunto vía un modelo de desarrollo que la tenga como gestora esencial. Claro, la pregunta es por qué le ha sucedido esto. Y ahí yo estoy convencido de que esto le sucede porque esta clase media es muy dependiente del Estado y de todo lo que el Estado argentino protegió durante décadas y sigue protegiendo: la industria, por ejemplo, un sector amparado de toda competencia, y el trabajo en el Estado como variable para mantener en raya al desempleo? Me parece que este cuadro explica en mucho qué tipo de clase media tiene Argentina, cuál es su debilidad congénita.

– ¿De ahí que ante la dialéctica de la historia vive con «el corazón en la boca», como señala su compatriota Alain Touraine o «con urticarias y esquizofrenias», según Cortazar.

– Seguramente. A partir de la debilidad intrínseca que sobrelleva, se puede inferir, interpretar muchos de los comportamientos sociales, públicos, de esta clase media. Conductas que siempre están en la vidriera, expresadas de esta o aquella forma, pero están… Una clase media poderosa en los términos que le definí no estaría siempre con la sensación de que está a punto de desaparecer. Y esto sucede con esta clase media.

– ¿Desaparecer o deslizarse a rangos de sobrevivencia?

– Cualquiera de esas sensaciones que muchas veces han respondido a realidades muy concretas?

– ¿Finales del 2001, por ejemplo? El tiempo que va entre ese final y los primeros meses del 2002 llevó al diario «El País» a titular, en abril: «La desaparición de la Argentina sigue su curso», a «Liberación», de Francia, a titular, por esos días: «El Estado agonizante vendería la Patagonia» para pagar la deuda externa. En el medio, la clase media alterada en extremo.

– Ese es un buen ejemplo para marcar una sensación que va y viene en esta clase media: la idea de que siempre está perdiendo posiciones. Convicción de incertidumbre, de miedo. Eso no le pasa a una clase media que marca el paso desde su poder, le pasa a una clase media grande pero con su suerte permanentemente dependiente de otros. Yo creo que ese arco que se abre en el 2001 y se prolonga sobre el 2002, puso blanco sobre negro toda la cultura e imaginario en que se ha formado esta clase media, un dictado que vive llevándola de la gloria a la nada y pregonando, como en el 2001, imposibles.

– ¿Por ejemplo?

– El «que se vayan todos».

– La clase media, en su relación con el aparato de Estado, terminó colonizándolo favorecida por todo lo que cierta política puede favorecer: prebendas, redes clientelares, manejo de licitaciones, trabajo permanente, con remuneraciones bajo cuestión, pero trabajo seguro. ¿Usted cree que a fuerza de crisis este andamiaje desaparecerá algún día en Argentina?

– Voy a hacer un cerco a la pregunta. Creo que a la larga los argentinos enfrentarán cuestiones que hoy no parecen inquietar; un tema que hace a preguntarse qué los une, y ante esa pregunta emerge una cuestión de futuro, hace al futuro?

– Por estos días usted habló de carencia de una imaginario común.

– Efectivamente. A mí me parece que, desde esa perspectiva, hay muy poco que ver entre distintos planos sociales que conforman este país. Yo -como lo he dicho- no sé cuanto tiene que ver un hombre del norte argentino, dedicado a la tierra, tierra que no es propia en muchos casos y que vive de una unidad productiva que sólo le permite sobrevivir, con un ganadero o profesional de la provincia de Buenos Aires o de Buenos Aires mismo.

– ¿Hay varias Argentinas?

– Lo que no hay es mucho en común entre diferentes planos de la Argentina? Algo que les hable de estar compartiendo un mismo destino nacional.

– Ernesto Sábato definió de «gran madre cloaca» al conglomerado Capital Federal-Gran Buenos Aires. Martínez Estrada habló de la «cabeza de Goliat» para reflexionar sobre esa región e incluso le pidió al presidente Aramburu que la dinamitara. En ese espacio hay 13 millones de personas cruzadas por intereses de la más variada gama y electoralmente definen el destino del país. Es un espacio donde mandan la violencia, las mafias, la degradación de la política, el contraste terrible entre riqueza y pobreza. ¿Qué hacer?

– ¡Ah! Conozco cuanto inquieta a muchos argentinos este tema?

– Un tema que la política elude. No hay un partido, un dirigente político, que manifieste preocupación. A lo sumo Ricardo López Murphy, que lo referencia con ingobernabilidad, y Macri, que reacciona por la presión que sobre la Capital genera el Gran Buenos Aires.

– En todo el mundo, con mayor o menos grado de elocuencia, la política elude el tratamiento de los inmensos desafíos que acarrea la expansión descontrolada del urbanismo, que en los hechos, concretamente para América Latina, trae acarreado el surgimiento de nuevas culturas. Yo no le puedo decir qué hacer. Mucho menos cuando la inmigración interna tiene aquí una característica muy interesante para reflexionar. Primero: si la economía crece y el sector industrial, protegido y lo que se quiera, crece, alienta junto con la expansión de los servicios la inmigración en este caso hacia el Gran Buenos Aires y Capital. Segundo: por qué aún en etapa de crecimiento de la economía, es muy difícil afincar a los jóvenes a la tierra por la simple razón de que tiene expectativas en diversos órdenes que el campo no les da. Pero además tenemos que si la economía no crece o lo hace lentamente, si bien disminuyen los ritmos migratorios, igual subsisten en razón de pensar que en otra parte uno se puede salvar, estar mejor. Concuerdo con usted en que este tema tendría que estar en un nivel de preocupación y dedicación prioritario para la política. Es más, creo que toda la política tendría que afinar las ideas y el lápiz, y ponerse a trabajar sobre estas cuestiones, poniéndolas en debate, conjugando puntos de vista entre lo que se presenta en principio como distinto.

– ¿El mundo se enfrenta a un problema de número? Número en sentido de cantidad…

– El mundo se enfrenta a temas cada vez más desafiantes, ya sea por lo nuevo como por la proyección que han tomado.

– Compartimos el agnosticismo. ¿Qué herramienta implica de cara a todos estos desafíos?

– Nos posibilita, nos dice que hay que trabajar sobre la realidad tal cual es y buscar sin temor, desde la racionalidad, las soluciones. Trabajar desde la racionalidad sabiendo que estamos en una labor apasionante. Siempre digo que la naturaleza no es perfecta. La tarea es hacerla más soportable. No resignarse ante los desafíos. No rendirnos, no cansarnos.

CARLOSTORRENGO

carlostorrengo@rionegro.com.ar

CARLOSTORRENGO


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