Hacer campaña bajo amenazas de muerte se volvió algo cotidiano



BILBAO (DPA) – “La última vez que vi a mis hijos tenían cinco y siete años”, bromea María San Gil con un toque de ironía. No es para menos, pues la candidata del conservador Partido Popular (PP) a la jefatura del gobierno vasco -la primera mujer en aspirar al cargo- lleva ocho meses sin parar desde su nominación.

A sus 40 años, luce bastante más delgada que en su etapa como concejal en el ayuntamiento de su ciudad natal, San Sebastián, porque, como ella misma reconoce en una entrevista , su vida de cara a las elecciones regionales del próximo domingo es “mucho más complicada y muy intensa”, aunque también “muy apasionante”.

Ahora, la también presidenta del PP vasco ocupa el despacho de su antecesor Carlos Iturgáiz -enviado como eurodiputado a Bruselas- en la sede del partido en la Gran Vía de Bilbao.

Basta ver las oficinas del PP para darse cuenta de que hacer política en el País Vasco es una labor arriesgada, sobre todo para los no nacionalistas.

Para acceder a la sede del partido hay que sortear una gruesísima puerta, un escáner y el control de un vigilante protegido por un vidrio blindado.

Como todos los cargos públicos del PP, del Partido Socialista del País Vasco (PSE) -incluido su candidato, Patxi López- o de la pequeña formación Unidad Alavesa (UA), María San Gil está amenazada de muerte por el grupo armado ETA, que en los últimos años se cebó particularmente con los políticos no nacionalistas.

La candidata del PP comparte con ellos una realidad difícil de imaginar en un país de la Unión Europea: no puede dar un paso sin escolta, ni siquiera para comprar el pan y mucho menos para ir con sus hijos al parque a jugar. Pese a que ETA sigue perpetrando atentados, no ha matado desde el año 2003.

Y eso hace que el riesgo que corren algunos colectivos en el País Vasco deje de ser noticia. Pero lo cierto es que alrededor de 1.000 personas, entre ellas también empresarios, docentes o periodistas, necesitan estar constantemente vigilados.

“Sigue existiendo mucho miedo. Hay gentes de pueblo que nos piden que les enviemos las papeletas para votar por correo, pero sin que se note qué es lo que realmente hay en el sobre”, cuenta San Gil.

También a la hora de hacer campaña en la calle, los guardaespaldas la rodean. “Con lo cual, a la gente no les parecemos personas de carne y hueso, ¡si es que no nos conocen!”, se lamenta. “Aquí en el País Vasco lo anormal se ha convertido en normalidad, toda la oposición tiene que andar escoltada”, añade. San Gil conoce muy de cerca la amenaza del terrorismo.

El 23 de enero de 1995 un pistolero de ETA entró en el bar “La Cepa” en el casco viejo de San Sebastián a la hora del almuerzo y le descerrajó un tiro en la cabeza al dirigente del PP y entonces alcalde adjunto de la ciudad, Gregorio Ordóñez.

Todo ocurrió ante los ojos de San Gil, que en aquella época llevaba trabajando cuatro años con el político asesinado. “Nunca más he llegado a sentir ese grado de dolor”, dice años después.

Pero la candidata del PP, una licenciada en filología bíblica que abandonó por la política su sueño de ser profesora de latín, ha aprendido a vivir con la constante amenaza, gracias también a su marido. “Lleva mi profesió con una resignación estupenda y apoyándome mucho”, dice.

Entrañable y cercana en el trato con las personas de su entorno, María San Gil es igualmente implacable y directa a la hora de enfrentarse a sus rivales políticos. Pelos en la lengua desde luego no tiene. Eso lo demostró en el único debate televisado de los cuatro candidatos a la jefatura del gobierno vasco, cuando llevó al borde de la exasperación al actual “lehendakari”, el nacionalista Juan José Ibarretxe, con frases como ésta: “Es usted el único gobernante de Europa que ha pactado con terroristas y que tiene a toda la oposición escoltada”.

Como para la gran mayoría de los vascos, la máxima aspiración de María San Gil es la paz. “Hay que construir una sociedad que mire al futuro en clave de convivencia interna y externa, no en continua clave de confrontación, de pelea y de bronca con todo lo que no es como uno”, indica.


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