Hacer mucho ruido contra Obama



Antje Passenheim DPA

Son conocidos por hacer ruido y ahora quieren que ese ruido llegue al oído del presidente de Estados Unidos, Barack Obama: el movimiento conservador opositor “Tea Party” crece como fuerza política en Estados Unidos y con la reunión que el sábado concluyó en la ciudad de Nashville (estado de Tennessee) se están plantando las raíces para ello. La convención cerró con una oradora más que conocida: Sarah Palin, la que fue candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano. Palin acusó a Obama de ejercer un política inmoral y amenazó a Washington con una dura resistencia. –“El movimiento Tea Party es el futuro de la política”, dijo Palin ante mil invitados. La política de Obama hace peligrar la seguridad de Estados Unidos. Su política exterior fracasó, agregó. –“Necesitamos a un comandante en jefe y no a un profesor de Derecho que nos da lecciones”, señaló. –“Washington quebró la confianza de la gente... La lista de las promesas quebradas es larga”, exclamó la populista Palin, a la que se le atribuyen ambiciones de presentarse como candidata a la presidencia en el 2012. El lugar para celebrar la “party”-convención no podría haber sido mejor escogido. Precisamente en el Grand Ole Opry, el germen de la música country, se reúnen los enemigos declarados del gobierno para hacer llegar a todo el país su mensaje: más poder para el pueblo, menos injerencia del Estado. Este tono revolucionario tiene un trasfondo conservador. Este movimiento transversal lucha de manera ruidosa contra un Estado demasiado poderoso, que en su opinión está creando Obama. Se proclaman en contra de la montaña de deudas y el aumento de impuestos. Pero uno de los enemigos más preciados es la reforma de salud de Obama. “Kill the Bill” (Maten la ley) es una de las frases de campaña del “Tea Party”. El movimiento está integrado por diversas organizaciones. Se autodenominan “Tea Party Express” o “Patriotas Tea Party”. El nombre se remonta al “Tea Party” en Boston de 1773, cuando los colonos en aquel entonces se opusieron a las reformas tributarias del poderío británico. En protesta, los revolucionarios arrojaron el cargamento de té a las dársenas. Hoy la lucha es por impuestos en vez de por el té. Los amos coloniales no están en Londres sino en el Capitolio, en Washington. Y el enemigo no son los casacas rojas británicos, sino los demócratas. Ahora están representados por portavoces conservadores, como el ex portavoz de la Cámara de Representantes Newt Gingrich o por el líder de la minoría republicana, John Boehner. Además tiene la ayuda de la emisora de televisión Fox News con su nueva reportera Sarah Palin, que se está convirtiendo en la nueva embajadora de un movimiento aún sin cabeza. “Hablaré allí, porque mucha gente viajó muchas millas para ver qué es el Tea Party”, dijo previamente a su discurso la ex candidata. Desde hace un tiempo, los observadores vienen constatando que el movimiento no es sólo una humorada populista. Ningún partido estadounidense tiene tanta aceptación con el “Tea Party”, escribió el “New York Times”. Según encuestas del “NBC News” y el “Wall Street Journal”, el 41% de los entrevistados tiene una imagen positiva del movimiento, mientras que los demócratas sólo sumaban un 35% de aceptación. La peor imagen se la llevan los republicanos con el 28% de imagen positiva. También los demócratas, que sufrieron un duro traspié en los últimos comicios celebrados en Massachusetts, le dan una gran importancia a este movimiento rival, que apoya al vencedor, el republicano Scott Brown. Ese fracaso hizo perder a los demócratas la mayoría absoluta en el Senado.


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