¿Hacia dónde va?

River se ahoga en la impotencia de su juego. Cayó dos veces en cuatro días y la crisis revivió





En los tristes y fríos días de junio de este año, River clamaba por el final del un Clausura traumático. Eliminado de la Libertadores y sin chances en el torneo doméstico, la cruda realidad de River de entonces sólo admitía proyectar una especie de revancha para el último semestre del año y que los tiempos aciagos terminaran ya de una vez.

¿Contaría el Millonario en épocas de crisis con argumentos futbolísticos (y económicos) necesarios para revertir el mal momento?. ¿O el deseo de resarcimiento al orgullo herido fue sólo un acto reflejo de tirar la pelota para adelante, con tal de esconder la angustia bajo la alfombra al menos por unos meses?

De manera oficial y tras el receso, River hasta ahora tuvo dos chances de demostrar que todo lo pasado fue sólo un mal recuerdo. Pero fracasó. Primero ante Lanús por la Sudamericana en el estreno copero, y el domingo frente a Banfield, con instantáneas que remontan a hechos que nadie en River quiere revivir: horrores defensivos, nula conexión entre las líneas y un final con miradas clavadas en el césped. Y como marco la hinchada millonaria, que ya no sabe qué pedirle a sus jugadores. Si huevo, o juego, o que se vayan todos, o…

El aporte histórico y hasta romántico de viejos héroes de la Banda como Ariel Ortega y Marcelo Gallardo, dispuestos a ponerle el pecho a la crisis, aún no ha sido solución. Se creyó por allí que el remedio a tanto mal fuera la llegada de «referentes», esos que «se ponen la camiseta y juegan», como dijo Gorosito. Pero ante Banfield, River tuvo fallas graves que Pipo deberá resolver porque está claro que los problemas de funcionamiento no se resuelven sólo con la prosapia de los próceres.

«Es difícil para cualquiera la situación que vive River. Te putean y el periodismo te acosa», dijo ayer Ortega. «No hay que entrar en una psicosis…», dijo Gallardo. ¿Si los ídolos también se ven afectados por el mal momento, cómo esperar que el resto salga al salvataje del naufragio si apenas saben nadar?

Dos derrotas en cuatro días, con tan pesado lastre sobre las espaldas, es difícil de asimilar para cualquiera. Aún más para alguien como River, cuyo retrato en la cancha fue gestado por una dirigencia que en diciembre dejará el club dejando una impronta imborrable, forjada no precisamente en gloria y reputación.

 

WALTER RODRíGUEZ


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