¿Hacia dónde va el dólar?

Muchos son los que evalúan la posibilidad cierta de un dólar oficial arriba de $ 10 para fin de año.



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Con algo más de una década en el poder, el gobierno parece haber descubierto que el gran problema que tenemos es que los argentinos viven pensando en el dólar.

Algo de razón tiene: parte de la población está hoy desesperada por salir a comprar dólares.

Pero más aún lo está el propio gobierno, mientras observa como día tras día las reservas del Banco Central se desploman y no existen señales claras en la economía como para estabilizar esta fuga de divisas.

La desconcertación es máxima.

La mayor parte de las empresas realizaron a fin del año pasado las estimaciones para sus presupuestos del 2014 con un dólar promedio en torno a los 7,50 pesos.

Los gobiernos provinciales y el nacional consideraron en sus proyecciones presupuestarias una paridad cambiaria de 6,33 pesos.

Nada de eso ya existe.

Una ola de realidad les pasó por encima a los números del relato que intentaba instalar el gobierno nacional.

Todos evalúan la posibilidad cierta de un dólar oficial arriba de los 10 pesos para fin de año.

El razonamiento es sencillo: se espera una mayor demanda de divisas con reservas en picada. No hay que ser un gran economista como para saber en qué termina esto. Tenemos historia en la materia.

Sin perspectivas de estabilidad para el mediano y corto plazo, es difícil que las tendencias macroeconómicas muestren un cambio de tendencia. Y en el actual contexto, es más fuerte el impacto de la incertidumbre que el impacto de la devaluación.

Esta semana la moneda local se devaluó a una tasa del 18%, el valor semanal más alto desde la salida de la convertibilidad. Desde que asumió el flamante equipo económico liderado por el ministro Kicillof la paridad se disparó 28%.

Durante los últimos meses, distintas voces oficiales pretendieron persuadir a la sociedad de que quienes estaban preocupados por atesorar dólares eran personas avaras, obsesivas y hasta en algunos casos muy poco patriotas que no terminaban de entender el fin del bimonetarismo en la Argentina.

La secuela de explicaciones incluyó al exjefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, quien al hablar ante el Congreso sugirió la necesidad de “llevar a cabo un proceso de desdolarización de la economía y de la sociedad en su conjunto”.

Días después de estos comentarios, el titular de la Unidad de Información Financiera (UIF), José Sbatella, consideró que “por las buenas o por las malas” hay que “recuperar soberanía monetaria”, y opinó que la política del país en este orden “debería inducir a una desdolarización del pensamiento y estar acompañada con algún esquema alternativo de moneda latinoamericana o una unidad de cuenta superior”. Algo bien representativo del estalinismo de la década del 40.

Poco antes, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner había alentado a la población a no apostar al dólar porque podría pasarle lo que le ocurrió a un amigo de su hijo Máximo que –según dijo– había adquirido dólares a 4,80 pesos en el año 2002 y perdido mucha plata.

Sobran los ejemplos (ver recuadro). Sin embargo, el tiempo demostró que la consigna “el que apueste al dólar pierde”, ya no resulta creíble para nadie. Ni siquiera para los mismos miembros del gobierno

Flexibilización del cepo

La fiebre por el dólar es apenas un síntoma de la enfermedad del peso argentino.

El problema del modelo está, sin dudas, en la inflación.

Para enero se espera que la variación de precios se ubique por encima del 3% y para febrero, con el arrastre del ajuste posdevaluación, más cerca del techo del 5 que del piso del 4% en el mes.

La medida que anunció el viernes consistente en la flexibilización del cepo cambiario, con la posibilidad de que persona físicas compren moneda extranjera, previa autorización de la AFIP y con un recargo del 20% sobre a cotización de la paridad oficial al momento de realizar la operación, no tendrá ningún efecto real sobre la tendencia que muestra la economía.

El viernes el Banco Central perdió otros 170 millones de dólares, en lo que va del año más de 1.500 millones. ¿Cuántos más entregará para quienes quieran ahorrar en moneda extranjera?

Hay mucho escepticismo en este sentido, ya que las reservas de la entidad están cayendo en forma peligrosa y es difícil que la entidad siga rifando dólares en este escenario con pérdida de activos.

Si a esto se le suma que por la inflación a la gente “le queman” los pesos en las mano y que no tiene alternativas de ahorro para contrarrestar este flagelo, el dólar es la única salida para ellos. Pagarlo con el 20% de recargo –cerca de 10 pesos– es un valor caro para hoy, pero muchos opinan que será barato para mañana.

Desde hace ya un tiempo que el Ministerio de Economía, a través de distintos funcionarios, da a conocer medidas aisladas que no terminan de ser comprendidas por la ciudadanía y terminan siendo fagocitadas a los pocos días por la realidad que arrastran los mercados.

En este contexto el gobierno siempre termina yendo por detrás de los acontecimientos con un nivel de improvisación preocupante. El jueves, por dar un ejemplo de tantos, cientos de policías salieron a controlar en la City la venta de dólares aduciendo que estaba prohibida. Sólo 24 horas después el jefe de ministros anunciaba lo contrario.

Marchas y contramarchas que se han generalizado en estos últimos tiempos.

La medida de flexibilizar el cepo anunciada este viernes no debería ser la única para poder calmar al mercado y generar algo de previsibilidad para un horizonte de mediano plazo.

Lo que se le está solicitando al gobierno nacional es la comunicación de un plan de contingencia con el fin de poder sortear esta crisis para que la inacción –o peor aun, la mala praxis ejercida hasta hoy– no termine por agravar esta complicada situación.

La brutal devaluación disparó un serio interrogante: ¿es necesario que el gobierno aumente las tasas de interés para evitar una corrida bancaria?

La duda es válida: la depreciación que sufrió el peso podría ahuyentar aún más a inversores y ahorristas de los plazos fijos bancarios, conscientes de que pasar al dólar blue sería una opción mucho más rendidora si se mantiene la tendencia devaluatoria y los niveles de inflación.

Si se sacaran los pesos masivamente del sistema bancario para volcarlos al circuito financiero paralelo, podría producirse una crisis de liquidez que pondría en problema a los bancos.

Esta podría ser una de las consecuencias de no actuar a tiempo con medidas coordinadas después de la forzosa corrección que tuvo la paridad cambiaria.

El ministro Kicillof tiene todo el fin de semana para mostrar un plan integral que permita llevar algo de tranquilidad a la maltrecha economía del país.

Falta saber si tiene voluntad para poder encarar estas reformas o sencillamente carece de capacidad para poder resolver los problemas que hoy están golpeando a toda una sociedad.

(Redacción Central)

Mercado cambiario desmadrado


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