Hambre y soberanía alimentaria

Por Eva Giberti



Que el hambre en nuestro país además de una vergüenza constituye un escándalo ya ha sido confirmado. Tal vez no se pudo imaginar que la capacidad productora de nuestros climas y de nuestras tierras quedase sumergida por la corrupción de funcionarios y de políticos ávidos de dinero y de poder, responsables actualmente por los hechos conocidos. Sin duda aliados con los segmentos de la comunidad cuya frivolidad les alivió preocuparse por el tema.

Familias organizadas por hombres y mujeres que vienen sobrellevando desnutrición física, social y psicológica hace décadas y que a su vez engendran las criaturas que ilustran el horror cotidiano. De este modo ingresamos -ya sin tapujos- en el mundo de los hambrientos fundando el nuevo territorio de quienes, imprevistamente, visibilizaron la miseria que el granero del mundo se negaba a reconocer.

Ahora formamos parte de aquellas culturas del hambre de las que históricamente hablaron los organismos internacionales cuando se referían al continente africano y a la India, por ejemplo. Entonces nos corresponde escuchar, leer y reflexionar en la reciente Declaración del II Congreso Mundial de Bioética, realizado en Gijón, España, durante octubre:

“Nosotros, los participantes en el II Congreso Mundial de Bioética:

Conmocionados por el inmenso número de personas que mueren de hambre y malnutrición cada año, lo cual constituye una emergencia global creciente de enorme escala;

Alarmados por la amenaza a la prosperidad global, a la seguridad y a la estabilidad que se ven representadas en la gran barrera que divide la sociedad entre pobres y ricos, y la distancia cada vez más creciente entre los mundos desarrollados y los subdesarrollados.

Decepcionados por la actual tasa de reducción de solamente seis millones al año en el número de personas malnutridas, lo cual significa que no será llevado a cabo el propósito y el ánimo de la Cumbre de la Alimentación en el Mundo, como se reafirmó en la Declaración Millenium, de reducir a la mitad el número de personas malnutridas para antes del 2015.

Preocupados por el cada vez más decreciente énfasis concerniente a la alimentación, agricultura y desarrollo rural en los presupuestos y programas de la Ayuda al Desarrollo Oficial (Oficial Development Assistance) e Instituciones Financieras Internacionales.(…)

Recordando los esfuerzos multilaterales bajo los auspicios de las Naciones Unidas, tales como la negociación y adopción del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad y el Tratado Internacional sobre Recursos Genéticos de Plantas para la Alimentación y la Agricultura y el desarrollo actual de pautas para la realización del derecho a la alimentación y un código internacional de conducta sobre biotecnología; y,

Reconociendo la importancia de la bioética en todos los aspectos del desarrollo sostenible y en particular aspectos concernientes a la alimentación y agricultura.

Hacemos un llamamiento a los gobiernos y a la sociedad civil para la justicia, equidad y el derecho a la alimentación para todos.

Hacer efectivo el derecho humano fundamental al derecho a la comida, tanto a nivel nacional como internacional, a través del desarrollo de un conjunto de pautas voluntarias que apoyen los esfuerzos de las naciones para hacer real el derecho a la comida adecuada (…)

Reconocer que la igualdad de los derechos para todos, sin distinción de sexo, raza, lengua, religión o situación económica, es fundamental para abordar los problemas económicos, sociales, políticos y humanitarios que debilitan la seguridad alimenticia.

Llevar a cabo los derechos de los agricultores como un factor fundamental que asegure los medios de vida sostenibles para los agricultores minifundistas de todo el mundo, y como una medida esencial para la conservación y el desarrollo sostenible de la diversidad biológica de la agricultura que constituye la base de todos los sistemas de agricultura”.

Párrafos más adelante: “Reconocer los graves efectos adversos del actual sistema de comercio mundial en los países más desfavorecidos, lo que ha limitado el acceso al mercado de sus productos agrícolas, a la vez que han sido inundados con productos subvencionados de los países más ricos;

Hacer todos los esfuerzos para asegurar que los más pobres y marginados del mundo, y en particular los de países en vías de desarrollo, reciben el apoyo suficiente para ponerse en condiciones de afrontar los desafíos del proceso de globalización económica y que no sean excluidos o perjudicados”.

Ultima declaración de la FAO

Si a este llamado le añadimos la última declaración de la FAO : “Estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2002”, en el que incorpora cifras alarmantes, desembocaremos en la relación que existe entre la producción capitalista y la imposibilidad, por parte de los pobres, de acceder a dicha producción. El mundo puede producir alimentos, pero no se logra disminuir la pobreza. Esta imposibilidad no es un fracaso técnico, sino una evidencia de la aplicación de las leyes de mercado, es decir, es un problema económico asociado con la capacidad de producción por parte de las poblaciones pobres. Corresponde a la nueva posición denominada soberanía alimentaria. “Es el derecho de cada nación y de sus gentes a mantener y desarrollar su propia capacidad de producir los alimentos básicos, con la correspondiente diversidad productiva y cultural”. La soberanía alimentaria es la condición previa de una auténtica seguridad alimentaria. Hasta aquí las definiciones técnicas que implican una clara denuncia referida al dumping de productos básicos agrícolas a costos inferiores a los de producción, que provocó la quiebra de millones de agricultores de los países en desarrollo, tal como lo señala John Madeley. Simplificando la complejidad del tema, podríamos decir que es el efecto del libre comercio sobre 39 países, es decir, el resultado de la política estadounidense (que lidera a otros países centrales) al subsidiar a sus propias producciones.

El conocimiento de esta perspectiva, propia de los técnicos pero que la ciudadanía debe conocer por lo menos rudimentariamente, no alcanza para explicar, menos aún justificar, lo que sucede en la Argentina. Este fenómeno económico /político precisó, entre nosotros, de la complicidad regional de funcionarios y gobernantes. Es menos complicado comenzar por denunciarlos, sancionarlos y sustituirlos que recorrer los tramos técnicos imprescindibles que la soberanía alimentaria demandaría en tiempo, en esfuerzo y en recursos.

Sin embargo, no se anuncian sanciones ni sustituciones.En lugar de ello, las noticias suman una o dos criaturas muertas por semana. Por desnutrición.


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